ÍNDICE
  1. El poder de la palabra y el tercer ciclo de la Brujería.
  2. La Verdad, el significado de la muerte.
  3. La luz empañada, el origen de la Tiranía.
  4. La sociedad sin dinero, la ausencia de justicia.
  5. El tercer elemento: La Locura.
  6. La Teoría del Punto de Encaje.
  7. Los caminos del conocimiento.
  8. Conocer al espíritu.
  9. El viaje del punto de encaje.
  10. Jesús de Nazaret y el amor.
  11. Los dos finales del Samsara.
  12. Otro globo es posible. No ser, no hacer.
  13. La transición.
  14. Del tercer al cuarto ciclo de la Brujería.
  15. Yo soy… en este acto.
  16. The answer, my friend, already isn´t blowing in the wind. (La respuesta, amigo, ya no está flotando en el viento).

CARTA DE DESCONSTITUCIÓN UNIVERSAL DE LOS SERES ATENTOS

 
INICIO

Capítulo séptimo:


 Los caminos del
conocimiento.

 

Se pueden distinguir tres caminos del conocimiento. El Camino del Conocimiento, escrito con mayúsculas, que no tiene propósito, y cuya incógnita es, sencillamente, cuánto de consciente de sí mism@ puede llegar a hacerse el Universo. El camino del conocimiento primitivo, cuyo propósito es averiguar la Verdad. Y el camino del conocimiento antiguo, que tiene por propósito revocar la Condición del Samsara.
Estos tres caminos del conocimiento están intrincadamente relacionados, pues realmente sólo hay uno, el general y sin propósito, los otros dos no son más que singularidades en el primero.
El camino del conocimiento primitivo es una parte singularmente interesante del Camino del Conocimiento. Es el desafío que se le presenta a la atención, desde su surgimiento hace 4 ó 5 millones de años, de constituir una idea del mundo lo suficientemente cierta como para que el Universo pueda darse cuenta de que no hay razón para su existencia.
El camino del conocimiento antiguo consiste en regresar del abandono que se produjo respecto del camino del conocimiento primitivo por parte del ser humano cuando quiso ser inmortal. Este abandono supuso un desentendimiento del desafío anterior, una ignorancia descarada del destino de la atención en el Universo, y sólo se puede revocar, o llegar a su final, cuando se conoce la Verdad. De nada sirve decirle a un participante en el Samsara cómo sentirse bien si va a sacrificar este bienestar. Únicamente explicando que no hay razón para sacrificarse puede alguien comenzar a sentirse bien.
En fin, el camino del conocimiento antiguo termina cuando termina el camino del conocimiento primitivo, y viceversa y, cuando terminan los dos, continúa el Camino del Conocimiento, que nunca se interrumpió.
El Camino del Conocimiento involucra a todos los elementos del Universo, a todos los seres conscientes, desde el neutrón hasta los seres atentos, por igual. Lo que cuenta es la suma de toda la organización.
El camino del conocimiento primitivo es un asunto de los seres atentos de todos los universos. En el nuestro fue asunto de todos los seres humanos por 4 ó 5 millones de años. Hace 150.000, un grupo se desentendió de él. Desde entonces ha sido asunto casi exclusivo de l@s bruj@s, si bien realmente nadie lo abandona del todo. Todos los seres humanos somos un poco bruj@s aunque no lo queramos ni admitamos, pues el nagual no puede anularse completamente. Así, especialmente desde el Renacimiento, el conocimiento acerca del Universo se ha desarrollado con la guía de las matemáticas y con la fuerte oposición de la razón invertida, hasta descubrir la Verdad. No obstante, al momento de escribir estas líneas, nadie excepto yo se ha dado cuenta todavía de lo que supone el colosal descubrimiento.
El camino del conocimiento antiguo es asunto exclusivo de los seres humanos y de tod@s ell@s. Nacemos en el Samsara y éste presenta exigencias ineludibles para tod@s, como levantarse temprano, que vamos a llamar los requisitos del Samsara, y que se derivan o son consecuencia de la Condición del Samsara.
Podemos hacer una clasificación de los seres humanos atendiendo al modo en que se enfrentan a la Condición del Samsara y sus requisitos, es decir, el modo en que responden al camino del conocimiento antiguo.
En primer lugar tenemos la sumisión, que es la postura de la inmensa mayoría de los seres humanos. Una vez más no estoy hablando de algo simbólico, intelectual o metafórico, sino de un fenómeno descrito por expresiones populares, la mayoría machistas, como “poner el culo”, “bajarse los pantalones”, o la no machista “pasar por el aro”, que sí son metáforas de la sumisión.
La sumisión no es garantía de supervivencia. Un quinto de la población sumisa muere de hambre o de las enfermedades derivadas de ella. Ela sumis@ se ve sometid@ a una competición a muerte que le hace tremendamente infeliz, así sea triunfador@ o perdedor@. De tal modo, la sumisión no es estable, sino que el sujeto oscila entre sumisión y rebelión.
En segundo lugar están l@s artistas, personas que consiguen vivir de las expresiones de su nagual. Ést@s son l@s verdader@s triunfador@s. Realmente, vivir de la propia creatividad es superar la Condición del Samsara, aunque no evitarla. El sujeto sigue inmerso en el Samsara con casi todas sus consecuencias.
L@s artistas son tomad@s por l@s sumis@s como ejemplos de que se puede conseguir, que se puede ser triunfador@ en el Samsara. Y les hacen olvidar que l@s triunfador@s son una minoría muy reducida, mientras la inmensa mayoría son fracasad@s. Así, el Samsara es una comunidad de fracasad@s que se fantasean como exitos@s, y se presentan ante l@s demás como si lo fuesen realmente.
En tercer lugar están l@s que viven, no de ayudar a cumplir con los requisitos del Samsara, pues para esto la ayuda es muy escasa, sino de ayudar a soportar esta pesada carga sin que el pensamiento se rebele contra ella, sin que se mueva el punto de encaje. En fin, l@s que alimentan la fe de la humanidad.
Ést@s se dividen a su vez en dos grandes grupos: L@s teístas, que no contemplan para nada el movimiento del punto de encaje, cultivador@s y adorador@s del tonal, y negador@s del nagual, y cuya única aportación es la posibilidad de ser recompensad@s después de la muerte por haberse sacrificado en esta vida. Y l@s reencarnistas que, en principio, contemplan la posibilidad de mover el punto de encaje, pero sólo para volver a fijarlo en la nueva posición, es decir, que intentan manejar, con mayor o menor acierto, el fenómeno de muerte-renacimiento.
Caso especial entre l@s reencarnistas el de l@s budistas, que proponen aprender tanto del fenómeno de muerte-renacimiento, practicarlo tanto, que el sujeto salga de él, es decir, que se libere del proceso, pasando al nagual definitivamente, al libre movimiento del punto de encaje.
L@s budistas están en lo cierto, éste es el modo de realizar el camino del conocimiento antiguo, muriendo y renaciendo. No hay otra posibilidad si se ha nacido en el Samsara, pues se parte del tonal. Sin embargo, hasta ahora nadie lo había realizado, ni siquiera Siddharta Gautama, el Buda, que llegó a su última reencarnación pero no pasó de ahí, no hizo el corte final. Y sé que esto es así porque, si lo hubiese conseguido, sería él quien habría escrito este libro.
La máxima expresión del budismo es el Libro Tibetano de l@s Muert@s. Esta obra de poder sería la definitiva de no ser porque su autor o autora quiso seguir creyéndose inmortal.
La actitud del autor o autora del Libro Tibetano de l@s Muert@s ante la Condición del Samsara es ignorarla por completo. Para él o ella, debido a la metáfora en la que está envuelt@, ela muert@ no tendría necesidades, es decir, no estaría sometid@ al Segundo Principio de la Termodinámica, a la desordenación. Así, la única referencia que hay en esta obra de poder al alimento dela muert@ es el que le ha sido consagrado, es decir, los psicodélicos. El resto de alimentos se los comen l@s oficiantes, que se ponen cieg@s entre lectura y lectura.
L@s budistas, en general, ya que están viv@s y tienen necesidades, lo que hacen es reducirlas al mínimo y satisfacerlas mendigando. Así, se sumergen en la miseria. Por otro lado, esto es posible sólo en lugares donde hay costumbre de dar limosna a quien realiza una búsqueda espiritual. En occidente no existe tal costumbre. Quien mendiga, si tiene todas sus facultades físicas intactas, está en los huesos, pues nadie le exime de la Condición del Samsara.
El apaño moderno del budismo en occidente es que ela practicante no deja de someterse, sino que trabaja todo el día, cumple con su sacrificio y, después, medita un rato, y su maestr@ le sonríe de vez en cuando para hacerle sentir que avanza en el camino.
Un caso aparte lo constituyen l@s bruj@s del segundo ciclo, cuya actitud ante la Condición del Samsara no está en ningún modo clara. L@s del primero sí, estaban inmers@s en el Samsara de aquel tiempo al modo en que l@s científic@s, profesionales y artistas lo están en el nuestro, pero l@s del segundo parecen resolver el problema en lo particular de cada caso.
Hay dos aspectos que parecen comunes: Primero, que l@s bruj@s del segundo ciclo son personas que ya han pasado por el aro y que son rescatadas del Samsara por sus naguales y, segundo, que sus naguales les guían a desprenderse de todos los elementos que les sirven precisamente para cumplir con la Condición del Samsara, como el trabajo, los negocios, incluso los ahorros que puedan tener en el banco. Al menos es así para los aprendices de nagual.
Don Juan muestra a Carlos que puede vivir de la naturaleza allí donde se encuentre, pero no lo hace así, sino que es accionista. Es de suponer que su nagual, el nagual Julián, que poseía una hacienda, le dejase en herencia lo suficiente para poder vivir invirtiendo en bolsa. El nagual Sebastián, el que conoció por primera vez al inquilino, era sacristán en una pequeña iglesia. Otros, como el nagual Elías y el mismo Julián, ejercían como curanderos. Sin embargo, esto es secundario y accesorio en el segundo ciclo de la brujería, donde opera un desquiciante silencio sobre este asunto. Carlos Castaneda es guiado por don Juan a desprenderse de todo sin aclarar de qué va a vivir entonces, o si esto es anterior o posterior al inicio de sus ingresos por la publicación de su reportaje, de lo que se supone que vivió a partir de ese momento.
En fin, la Condición del Samsara es un tema oculto en la brujería del segundo ciclo porque ell@s eluden el camino del conocimiento antiguo, no entran a considerarlo. Están decidid@s a volver al camino del conocimiento primitivo, y así lo hacen al considerarse mortales, y no se plantean revocar la susodicha condición. Cuando Carlos lee a don Juan el Libro Tibetano de l@s Muert@s, que se refiere al camino del conocimiento antiguo visto desde el Samsara, sencillamente, no lo entiende, se hace el listo y lo desprecia. Tal como hace un@ sumis@ con el reportaje de Carlos Castaneda, y con todo lo que no se ajusta a su absurda idea del mundo. Si bien don Juan deja una puerta abierta a que el libro tenga un significado oculto y profundo.
Alejandro Jodorowsky es un caso especial entre l@s que viven de ayudar a l@s demás a sentirse bien cumpliendo con la Condición del Samsara. Tan especial es que no vive de ello, sino que lo hace gratis.
Jodorowsky es alguien que ha superado la Condición del Samsara gracias a su creatividad. En palabras suyas: “La creatividad me ha salvado la vida”. Dibuja y escribe comics, lo que le proporciona lo suficiente para vivir, dejándole tiempo libre para otras actividades.
Jodorowsky es una persona extraordinaria. Es cineasta, director y actor, es escritor, es creador de su propia disciplina curativa, la psicomagia y, sobre todo, es poeta, expresándose la poesía en todos sus actos. El secreto de Jodorowsky es haber sabido engancharse a la cadena del buen karma: Su intención es curar a las personas sin hacer distinciones ni excepciones, y ha llegado a tan alto grado de sabiduría que sus curaciones son efectivas y reales.
Jodorowsky proporciona a sus enferm@s una muerte-renacimiento, dándoles la oportunidad de renacer por su función de anfitrión del Samsara, es decir, acierta al suponer que la enfermedad consiste en quedar excluid@ del Samsara. Generalmente identifica un trauma original. A continuación, revisa el hecho traumático sin juzgar a nadie y sin pretender arreglar el pasado, lo que proporciona una ruptura con este pasado, una muerte, que simboliza con un acto poético, psicomágico, que ela enferm@ deberá realizar antes o después. Entonces es cuando jodorowsky funciona como anfitrión: Acepta al sujeto en el Samsara como representante del mismo, como alguien que está metido con pleno derecho en el Samsara. Todo ello envuelto en la sinceridad y veracidad que sólo dan los actos gratuitos, los que no son interesados en ningún modo, los que no son sacrificio.
De tal modo, en el caso de Laura, tratado en el capítulo cuarto, una mujer que sufrió abusos sexuales violentos a sus 3 años de edad, Jodorowsky, ante las cámaras, le hace expresar el trauma, la abraza sin deseo sexual, y simboliza para ella, en un acto de psicomagia, la muerte-renacimiento, que consiste en romper y enterrar un puntero que representa al objeto de la violación, y hacer crecer sobre él una planta. En fin, le da una aceptación incondicional y sincera en el Samsara, tal como sus padres y maestr@s eludieron en el momento crítico. Laura puede romper así con su vida anterior y empezar una nueva, sintiéndose dentro del Samsara. Está curada.
Hasta aquí, todos los grupos analizados, todos los individuos se han sometido a la Condición del Samsara, o bien la han superado, pero ningun@ se ha enfrentado a ella o la ha puesto en duda. Ningun@ ha pretendido cambiar el mundo y, con la única excepción de l@s bruj@s, tod@s han contribuido al Samsara dando sosiego a sus participantes, lo que constituye aquello que modernamente se llama autoayuda: Fórmulas para satisfacer el sacrificio al Samsara de un modo más eficaz. Desde un masaje en las cervicales a quien trabaja 8 horas ante el ordenador, pasando por un medicamento que proporciona energía, hasta una curación de Jodorowsky, no pretenden otra cosa sino poner al sujeto en condiciones de seguir sacrificándose. Además, generalmente, estos remedios no hacen más que incrementar el karma, pues ela masajead@ pierde el tiempo del masaje. Un tiempo precioso después de restar las 8 horas de trabajo, que no se reducen. Ha sumado una necesidad más a su larga lista de necesidades absurdas, que sobran en cuanto el trabajo deja de ser sacrificio.
Es maravilloso que existan personas como Jodorowsky, que ayudan sin cobrar, pero de nada le sirven los consejos psicomágicos de Jodorowsky a quien rebusca en la basura unas migajas que le permitan mal alimentarse hasta su muerte por la miseria a la que está sometid@.
El fallo de Jodorowsky es el mismo de todos los participantes en el Samsara, y ya ha sido dicho: Confundir la Condición del Samsara con el desafío al Segundo Principio de la Termodinámica. Así, Jodorowsky, en su libro Psicomagia, muestra, orgulloso y admirado, la curación por parte de Pachita, una curandera experimentada que le permitió presenciar muchas de sus curaciones, de un individuo que sentía repugnancia hacia el dinero, lo que le impedía ganarse la vida.
Pachita recetó a su enfermo dormir largo tiempo sobre su propia orina putrefacta, dándole así una demostración del Segundo Principio de la Termodinámica: Todo se desordena, se degrada, se descompone. La orina amarilla representa el oro o dinero. La lección es que el dinero tiene que moverse, pasar de mano a mano para mantenerse fresco, justificando de este modo la Condición del Samsara.
No. El dinero ni se come ni se bebe ni se mea ni se caga; ni tiene nada que ver con el Segundo Principio de la Termodinámica. Es sólo un intermediario que nos hemos inventado, entre los bienes y las necesidades, con la intención de hacer justicia, y cuyo resultado es la miseria y el sufrimiento. Sentir repugnancia hacia el dinero es lo más lógico y natural del mundo. Lo extraño, lo forzado, lo falso es no sentirla. Y Pachita y Jodorowsky deberían revisar sus absurdas ideas del mundo ante el fenómeno en vez de pretender curarlo.
Pero tod@s, sumis@s y rebeldes, teístas y reencarnistas, maestr@s y aprendices, anhelan, en lo más profundo de su ser, un mundo mejor, porque éste es sencillamente horrible.
Este anhelo parte del espíritu mismo, y es la fuente del auténtico arte, es anhelo por el nagual o del nagual. Consiste en una investigación que da origen al poder, al poco poder que hay en el Samsara. La obra que surge de este anhelo es lo único que reconforta en alguna medida la tristeza que supone estar en un mundo extraordinariamente desagradable porque, cuando menos, supone una corroboración ordinaria de que este mundo es extraordinariamente desagradable.
Así, es poder la queja artística de una adolescente como mi sobrina Isabel cuando le canta al niño del tercer mundo. Ya escribí la canción en el capítulo quinto, pero la repito para que no tenga usted que buscarla:
 

Hoy he visto el reflejo de un buitre
en el húmedo brillo de sus ojos.
Indefenso, ajeno al silencio
de su próximo encuentro.

Ha llegado a este mundo
en lugar equivocado.
No es culpable de nada
y pagará seguro.

Cualquier rincón de sus ojos
conoce a la muerte.
Tumbada la ha visto en hoyos
y en hombros de otras gentes.

Éste es el mundo que él conoce.
Éste es todo su horizonte:
Saber si el Sol
saldrá mañana para él.

Hoy he visto el reflejo de un rifle
en el húmedo brillo de sus ojos.
Hoy he visto en su mirada
un laberinto.

Ha llegado a este mundo
en lugar equivocado.
Y pregunta, desnudo,
cuál es su pecado.

¿Cómo es posible
que entre nosotros
sólo unos pocos
hagan del mundo
una locura
donde el dinero
manchado en sangre
no es basura?

Éste es el mundo que yo conozco.
Y no me gusta, lo reconozco.
Y sé que el Sol
no saldrá mañana para él.

 

Esta canción expresa muy bien, y con gran belleza, la tristeza que supone el hecho de que una gran parte de la población mundial no tenga apenas la oportunidad de desarrollar en la mínima medida su conciencia. Y es muy grato, para alguien que siente esta tristeza, saber que alguien más la siente y es capaz de expresarla porque, después de todo, la Condición del Samsara incluye la ignorancia de esta tristeza. El mecanismo es simple, consiste en la proyección del éxito. La inmensa mayoría de los seres humanos proyecta el éxito de un@s poc@s sobre sí mism@.
Así, don Juan, brujo experto del segundo ciclo, consuela a Carlos de su tristeza cuando ve a un grupo de niños ganando unas monedas limpiando zapatos y rebañando las sobras de las mesas de una terraza con el argumento de que ellos también tienen la oportunidad de llegar a ser seres humanos de conocimiento.
No. Primero, la oportunidad de éxito no tiene la capacidad de cancelar la tristeza por la inmensa mayoría que fracasa, pues el fenómeno del sufrimiento no ha sido eliminado ni reducido y, segundo, ni siquiera quien llega a ser humano de conocimiento ha alcanzado el éxito, pues l@s bruj@s antigu@s se encuentran al llegar a ello con una realidad muy incómoda que sólo es compensada por el magnífico conocimiento alcanzado. Siendo así que esto no les sirve para cambiar el mundo.
El razonamiento correcto es precisamente al revés, es decir, en lo que se equivocan tod@s l@s que expresan este anhelo es en ponerse a salvo y poner a salvo una parte del Samsara donde poder continuar con la vida, cuando realmente no hay nada ni nadie que poner a salvo. Así, la principal queja de mi sobrina es que el niño del tercer mundo no sabe si el Sol saldrá mañana para él. Pero ésta es la condición, no sólo humana, sino de todos los elementos del Universo. La diferencia entre un niño del tercer mundo y uno del primero es sólo una cuestión de probabilidad, pero Isabel tampoco sabe si el Sol saldrá mañana para ella. Por otro lado, no sólo unos pocos hacen del mundo una locura donde el dinero manchado en sangre no es basura, sino que lo hacemos todos y el dinero es basura siempre, pues siempre está manchado en sangre, en sacrificio.
Pero no sólo se equivocan l@s adolescentes, se equivocan tod@s, incluso el máximo representante de l@s que sienten y expresan este anhelo de un mundo mejor, que sin duda es John Lennon, principal componente de los Beatles, que están en el origen del movimiento hyppie.
Quizá John Lennon es quien más cerca ha estado de imaginar el Paraíso habiéndolo expresado en una obra de poder. En su canción Imagine, John Lennon nos pide que imaginemos un mundo sin países, sin cielo ni infierno, y sin religión, pero nos pide también que imaginemos a toda la gente viviendo para hoy.
Este error lo comete también Jesús de Nazaret, quien pertenece al siguiente grupo a tratar, el de l@s loc@s, y a quien dedicaré un capítulo entero dado el significado de su vida. Y es que este error es fácil de cometer. La atención consiste en planificar. Si hacemos un inventario de los comandos de la Teoría General es para anticiparnos a los acontecimientos y planificar nuestros actos. Entonces, pretender que tod@s vivamos para hoy es pretender la desaparición de la atención y volver al nivel de organización de los animales y, sin embargo, la propuesta, como indica su belleza, no es para descartarla, sino para matizarla.
Si queremos ser seres atentos y continuar con el Camino del Conocimiento, estamos obligad@s a planificar. Ahora bien, nada nos obliga a llevar a cabo nuestros planes, siempre podemos volver a planificar dadas las nuevas circunstancias, y tampoco estaremos obligad@s a realizar estos nuevos planes, sino que podremos volver a planificar en el nuevo momento. En fin, no tenemos ningún compromiso con el pasado, sino que cada momento es nuevo. Si nos sirven los planes trazados anteriormente, mejor que mejor, pero si no es así, podemos cambiarlos, porque a cada momento podemos “ver” y deducir.
Y es que no basta tener la mejor intención. Ya lo dice Rafael Alberti en su poema, la paloma:

Se equivocó la paloma,
se equivocaba;
por ir al norte fue al sur
creyó que el trigo era agua, se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo
que la noche la mañana;
se equivocaba,
se equivocaba…

 

Y esto ocurre porque tod@s, sumis@s y rebeldes, teístas y reencarnistas, maestr@s y aprendices, cumplen o piensan cumplir con los requisitos del Samsara que se les presenten, es decir, han pasado por el aro o piensan pasar en el futuro. De tal modo, todas las investigaciones, todas las pesquisas acerca de cómo pueda ser el Paraíso, cómo pueda ser el Universo realmente, no son más que excursiones que tienen un final: La vuelta al rebaño. El rebaño que cumple con la Condición del Samsara.
Un ejemplo clarísimo de esto es Stephen Hawking en cuanto a la excursión que supone su libro ya citado Historia del tiempo, en el que, después de describir someramente la evolución de la organización desde casi el principio del tiempo hasta la actualidad, después de enfrentarse al Papa en la determinación del último a no consentir la investigación del principio del Universo, después de haberse puesto al mismo borde de enunciar la Verdad, es decir, que el Universo podría haber comenzado de la nada y sin razón, acaba su libro con el siguiente párrafo:
No obstante, si descubrimos una teoría completa, con el tiempo habrá de ser, en sus líneas maestras, comprensible para todos y no únicamente para unos pocos científicos. Entonces todos, filósofos, científicos y la gente corriente, seremos capaces de tomar parte en la discusión de por qué existe el universo y por qué existimos nosotros. Si encontrásemos una respuesta a esto, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios.
Esta afirmación es cursi cuando no macabra. Supondría que la razón tendría razón en someter a la voluntad, es decir, en adelantarse a ella, en asumir la jefatura, en fin, en invertirse. Y estaría justificando todos los crímenes cometidos por la razón con el fin de mantener el orden que supone la inversión. No. Si descubrimos una teoría completa, obtendremos la Verdad, que pondrá en su sitio a la razón como herramienta de la voluntad, y ningún acto será justificado ni justificable, pues no hay justicia en el Universo, ni nada semejante a un Dios que piense.
Y es que tod@s l@s que están de acuerdo con la Condición del Samsara llevan billete de ida y vuelta, pues han comprado o están comprando, con su sacrificio, con su acuerdo, un lugar donde fijar su punto de encaje.
Ela únic@ que lleva billete sólo de ida es ela loc@. Ela loc@ no ha pasado por el aro y no piensa pasar nunca.
Pasar por el aro es una circunstancia para la que el participante en el Samsara es entrenad@ desde la más tierna infancia por sus padres y demás adultos que le rodean, incluso por l@s mism@s compañer@s de juegos de su edad. Por ejemplo, fui testigo de cómo, en una sala de espera a la que llegó una pareja joven con su hija de aproximadamente año y medio de edad, la madre quitó a la niña las llaves con las que jugaba, entregándolas al padre, quien las guardó sin darles uso. La niña protestó levemente, y la madre la consoló con mimos y besos. No había ninguna razón para quitarle las llaves más que el aprendizaje de la condición de sumisión respecto a la autoridad.
Más adelante, ela niñ@ es obligad@ a asumir un cuerpo provisional, el de estudiante, y durante la infancia y adolescencia será recabada, por medio de la coacción, su sumisión a la Condición del Samsara. En esto consiste la educación. Cuando llega el momento de adquirir un cuerpo definitivo, ela joven se da cuenta de que ha mostrado su acuerdo con ello durante toda su vida, y pasa por el aro, se somete.
Ela loc@, como expliqué en el capítulo quinto, no realiza este proceso, no se ha recabado su acuerdo. En consecuencia, cuando llega el momento de adquirir un cuerpo definitivo, no puede hacerlo y se pone enferm@. Se pone enferm@ en cuanto a los dos significados que tiene esta palabra. Primero, se siente mal, indispuest@ y, segundo, se hace evidente que ha quedado fuera del Samsara.
Ni que decir tiene que ha descendido el espíritu sobre éla, se ha movido su punto de encaje sin posibilidad de retorno, pero lo que quiero explicar ahora es que para entender esta enfermedad es necesario comprender la miseria, la ignorancia, la estupidez, la cobardía y la vergüenza que supone pasar por el aro. Pasar por el aro es convertirse en prostitut@, y si alguien hace esto es porque no hay otra posibilidad, y se ampara en que tod@s lo hacen. Es tanta la repugnancia del hecho de pasar por el aro que quien lo hace no puede experimentarla, sino que la guarda al punto y la proyecta después sobre quien no pasa por el aro, sobre ela loc@.
Así se aprecia claramente que las acusaciones que vierte el participante en el Samsara sobre ela loc@ no son más que proyecciones de su propia condición.
Se llama a la Locura esquizofrenia, que significa literalmente escisión de la mente. La escisión de la mente es lo que se produce cuando el ser humano invierte razón y voluntad, apareciendo la mente moderna en oposición a la mente primitiva. Lo que ocurre es que en el participante en el Samsara, la mente primitiva está sojuzgada, sometida, y apenas se manifiesta, mientras sí lo hace en ela loc@.
O le acusa de paranoic@, es decir, que se siente irrealmente perseguid@, cuando está perseguid@ muy realmente. Tod@s estamos perseguid@s en el Samsara, porque el Samsara es perseguidor, despreciador, sólo que el participante en el Samsara lo ignora a propósito.
Pero la más sucia, cruel, humillante y marginante acusación que hace el participante en el Samsara sobre ela loc@ es que tiene ideas fijas, cuando es éla quien cree fijamente en Dios o en la reencarnación, o en la necesidad de invadir Irak. Es el participante en el Samsara quien cree que goza de la continuidad de la hipótesis, es decir, de la fijeza de las ideas.
Ela loc@ es ela únic@ que tiene la posibilidad de llegar al final de los caminos del conocimiento, pero tendrá que sortear toda la sucia oposición de sus semejantes, que no pueden soportar que nadie se libre de pasar por el aro y, en consecuencia, tienen toda una estructura montada para evitar que quien lo practica tenga éxito, es decir, que pueda sentirse bien. Así, tod@s sabemos que siempre se ha torturado a l@s loc@s: ¿A quién se le ocurre que un calambrazo en el cerebro le pueda resultar beneficioso a alguien?
La razón de que ela torturador@ sea un@ médic@ es evidente. Ela médic@, en el Samsara, además de la función de curar, tiene la de juzgar quién puede trabajar y quién no. Es ela guardia de la Condición del Samsara. Siendo el Paraíso el mundo en el que cada cual trabaja según su voluntad, sin pasar nunca por el aro, ela psiquiatra es ela guardián del otro mundo, del Paraíso. Ela psiquiatra es el agente social en el que los participantes en el Samsara delegan, en última instancia, la función de no dejar escapar a nadie sin pasar por el aro.
El procedimiento psiquiátrico moderno es simple. Primero reduce al individuo en su insumisión, atándole a la cama, suministrándole dosis masivas de neurolépticos, incluso aplicándole electroshock. Una vez comunicado el mensaje de que se va a aplicar la autoridad hasta las últimas consecuencias, incluso la muerte, se proporciona al paciente un cuerpo alternativo. El cuerpo es el modo en que un individuo cumple su sacrificio al Samsara, es el modo en que el individuo se siente mal. El Samsara es el mundo donde, por definición, nadie se siente bien, tod@s tienen que asumir un cuerpo. El cuerpo alternativo es el modo de decirle ala loc@: Bien, no puedes trabajar, pero sí puedes sentirte mal artificialmente tomando dosis moderadas de neurolépticos. Así podrás sentirte viv@ como l@s demás, y podrás formar parte del Samsara, si bien en las capas más bajas de la jerarquía, quedando reducid@ a un@ imbécil, a un@ tont@, a un@ inútil, a una basura, sufriendo más que nadie, pero dentro del Samsara, por lo que ya no es peligros@. Entonces, se le da una pequeña pensión, y puede vivir en la miseria.
Los neurolépticos provocan una disminución en los niveles de los neurotransmisores que producen la sensación de bienestar, como la dopamina y serotonina, es decir, el único efecto de los neurolépticos es producir malestar. Lo macabro del asunto es que ela psiquiatra hace pensar ala loc@, primero, que el malestar son efectos secundarios y, segundo, que la medicación es lo que le evita las crisis y, para demostrarlo, si el paciente deja la medicación, ela psiquiatra le acosará y manipulará su situación, sin escrúpulos, mintiendo cuando lo cree oportuno, al punto de provocar una crisis. Entonces, le asegurará que ha sido la falta de medicación, y seguirá acosándole hasta que la tome.
Es muy triste y muy desagradable que alguien vaya buscando autonomía e independencia y encuentre dependencia, esclavitud, servidumbre y sumisión. Es muy triste y muy desagradable que alguien vaya buscando la satisfacción de su desafío al Segundo Principio de la Termodinámica y sólo encuentre la Condición del Samsara. Es muy triste y muy desagradable que alguien necesite ayuda y reciba tortura.
Pero éstas son las circunstancias en el Samsara. Y no sólo para l@s loc@s individualmente, sino para todos los seres humanos en lo general. Por ejemplo, el bloqueo económico al que somete EEUU a Cuba responde claramente a este esquema. EEUU, como potencia mundial responsable, no puede permitir que un país que no se somete al sacrificio que supone mantener el capitalismo tenga éxito en su rebeldía y sus habitantes se sientan mejor. Así, bloqueando su economía, consigue que se sientan peor, haciendo valer su propio sacrificio. Y todos estos fenómenos en los que se causa perjuicio a l@s demás de manera deliberada y descarada tienen su base en la competición por ser l@s más list@s del mundo. Si un@ loc@ llegase a sentirse bien, tod@s l@s que pasan por el aro quedarían como estúpid@s. Si un solo país consigue, haciendo la revolución de algún tipo, que sus habitantes se sientan mejor, todos los demás países quedarían como estúpidos por haber mantenido su sistema.
En fin, ingresar en el Samsara comporta la firma simbólica de un contrato, ni escrito, ni verbal, sino encubierto, secreto e ignorado, pero descarado y evidente, que dice más o menos lo siguiente:
— Por el presente, el sujeto queda reconocido por tod@s como miembro de pleno derecho del Samsara. A cambio el sujeto participará del esfuerzo que supone mantenerlo en pie, así como de todas las luchas, querellas y guerras que en él se desarrollan. Por otro lado, el sujeto se compromete a no poner en evidencia la miseria, la ignorancia, la estupidez, la cobardía y la vergüenza que supone tomar este contrato, pues éla sería ela primer@ implicad@, y bajo pena de fuerte tortura—.
Sin embargo, este acuerdo, dado su carácter absurdo, es incumplido por ambas partes. Ni tod@s reconocen al sujeto como miembro de pleno derecho del Samsara, ni el sujeto deja de quejarse de las contradicciones del mismo, sino que la logia está en una continua disputa de discriminaciones por cualquier causa, como ser negr@ o ser mujer, y de luchas por evitarlas, que no denuncian el contrato, sino todo lo contrario, exigen su cumplimiento, reclaman el ingreso en el Samsara.
Este contrato es absurdo porque el sujeto aporta muchísimo: La renuncia a su vida, su libertad, su poder, su bienestar; mientras el Samsara aporta muy poco: No estar sol@, sino compartir el error con toda la humanidad. Mal de much@s, consuelo de tont@s. Sin embargo, este no aportar nada está complementado por el chantaje que supone la Condición del Samsara: No se puede vivir sin dinero y, para conseguirlo, hay que pasar por el aro.
Éste es el punto donde el participante en el Samsara no puede comprender ala loc@. Como éla ha pasado por el aro, su razonamiento es sencillo: Pasa tú también y todos los problemas quedarán resueltos. Aquí acaba el camino del conocimiento antiguo para el participante en el Samsara. No hay más que investigar para éla.
Es precisamente la Condición del Samsara y su chantaje lo que, no ya guía ala loc@, pues ela loc@ no tiene más guía que su bienestar, sino que le mantiene en el camino sin permitirle retiradas ni abandonos por supuestos fracasos hasta su derrota definitiva o éxito, o muerte.
Sólo ela loc@, sólo quien no pasa por el aro, tiene la posibilidad de descubrir la Verdad y, con ella, ya que es la Piedra Filosofal, pensar sin apenas errores y llegar al Paraíso.
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Llegando al Paraíso