ÍNDICE
  1. El poder de la palabra y el tercer ciclo de la Brujería.
  2. La Verdad, el significado de la muerte.
  3. La luz empañada, el origen de la Tiranía.
  4. La sociedad sin dinero, la ausencia de justicia.
  5. El tercer elemento: La Locura.
  6. La Teoría del Punto de Encaje.
  7. Los caminos del conocimiento.
  8. Conocer al espíritu.
  9. El viaje del punto de encaje.
  10. Jesús de Nazaret y el amor.
  11. Los dos finales del Samsara.
  12. Otro globo es posible. No ser, no hacer.
  13. La transición.
  14. Del tercer al cuarto ciclo de la Brujería.
  15. Yo soy… en este acto.
  16. The answer, my friend, already isn´t blowing in the wind. (La respuesta, amigo, ya no está flotando en el viento).

CARTA DE DESCONSTITUCIÓN UNIVERSAL DE LOS SERES ATENTOS

 
INICIO

Capítulo cuarto:


La sociedad sin dinero,
la ausencia de justicia.

 

gráfico   
Donde:

......ES: Energía que requiere mantener en pie el Samsara.
......E máx. d: Energía máxima disponible.
......E mín. d: Energía mínima disponible.
......E 2ºPT: Energía necesaria para satisfacer el desafío al Segundo Principio de la Termodinámica

 

Preste atención ahora porque, con un razonamiento sencillo y claro, voy a revocar la Condición del Samsara. Y lo voy a hacer para el presente, con la tecnología que tenemos en la actualidad, a principios del siglo XXI, y no voy a entrar a discutir si podía haberse hecho antes o no.
Podemos representar el asunto en un gráfico, poniendo en el eje vertical la energía media, es decir, la energía total dividida por el número total de seres humanos; y en el eje horizontal la tecnología desarrollada.
En la parte de arriba del gráfico está representada la situación en el Samsara. Por un lado está la energía que requiere o requeriría mantener en pie el Samsara. Ésta es una energía tremenda, más alta que la energía máxima disponible. El Samsara nos obliga a desplegar toda la energía en la satisfacción de nuestras necesidades básicas y, aún así, no llega a ser suficiente. De ahí que 1/5 de la población mundial pase, y se muera de hambre.
La energía disponible procede de los alimentos que consumimos, y podemos desplegarla al máximo, como exige la Condición del Samsara, o podemos desplegarla al mínimo. Quiero decir con esto que tenemos una energía mínima que gastar debido a nuestro metabolismo. No podemos estar sin hacer nada, tenemos que ocuparnos en algo. Le desafío a que lo compruebe. Estar sin hacer nada es tremendamente desquiciante.
Esta energía mínima disponible es la que desarrollamos cuando hacemos lo que nos gusta hacer, cuando nos apetece hacerlo, y cuando dejamos de hacerlo en el momento que nos parece oportuno. En otras palabras, cuando nuestros actos son decididos por la voluntad.
Naturalmente, esta energía mínima disponible es inferior en gran medida a la energía máxima disponible, por lo que, a todas luces, no es posible mantener en pie el Samsara con nuestra voluntad. Pero hay una cuarta línea en el gráfico. Esta línea es la energía necesaria para satisfacer nuestro desafío al Segundo Principio de la Termodinámica, es decir, la energía necesaria para mantener e incrementar nuestro bienestar. Y la palabra bienestar tiene un sentido muy amplio. No se refiere sólo al agua, comida, abrigo y cobijo, sino que incluye la posibilidad del desarrollo de la creatividad y todo lo que usted imagine que puede hacer a gusto, con satisfacción. En fin, todo lo que es poder.
La energía necesaria para satisfacer nuestro desafío al Segundo Principio de la Termodinámica es mucho menor que la que requiere el mantenimiento de la Condición del Samsara. Esto se hace evidente con sólo imaginar qué ocurrirá si suprimimos el dinero en un solo acto. Desaparecerán, por carecer de sentido, todos los bancos e instituciones financieras, todas las compañías de seguros y reaseguros, todas las gestorías económicas, casi todas las empresas publicitarias y casi todas las de seguridad. Pero la cosa no termina ahí, sino que la actividad de todas las empresas quedará simplificada al suprimir todos los sistemas de pago y cobro, todas las explicaciones sobre tarifas, y gran parte de la atención al público, que generalmente podrá servirse a sí mismo. Y no sólo se verá simplificada la actividad laboral, sino toda la vida. No tendremos que esperar cola para pagar o devolver artículos adquiridos erróneamente, se acabará la preocupación y cuidados por no ser estafad@s, el estudio de complicadas tarifas y la búsqueda del mejor precio, etc., etc. Piense por usted mism@ las enormes ventajas de la sociedad sin dinero.
Mientras que la energía que requiere mantener la Condición del Samsara aumenta con el incremento tecnológico, ya vemos que cada vez pasa hambre más gente, y cada vez l@s trabajador@s están más estresad@s, de modo que su curva nunca cruza con la curva de la energía máxima disponible, la energía necesaria para satisfacer nuestro desafío al Segundo Principio de la Termodinámica disminuye claramente con el tiempo, con el desarrollo tecnológico, de modo que se cruza con la curva de la energía mínima disponible.
El cruce de ambas curvas es el punto de no esfuerzo porque, a partir de él, la energía mínima disponible es mayor que la energía necesaria para satisfacer nuestro desafío al Segundo Principio de la Termodinámica, lo que significa que, trabajando tod@s según nuestra voluntad, tendremos la sociedad de la abundancia.
Ya digo que no voy a discutir dónde está este punto en el tiempo. Lo que afirmo, lo que es evidente es que en la actualidad este punto está con creces sobrepasado. Prueba de ello es que la tecnología se está convirtiendo en un verdadero problema para la sociedad con dinero, pues nos obliga a crecer económicamente a un ritmo cada vez mayor, que no alcanzamos, para compensar la pérdida de empleos que provoca.
Y ahora le pregunto:
Si usted trabaja en lo que le gusta y satisface; si lo hace cuando quiere, como quiere y por el tiempo que quiere; y tiene sus necesidades cubiertas con creces; ¿qué carajo le importa a usted si l@s demás trabajan o no trabajan, trabajan mucho o poco, o si lo hacen en una actividad u otra?
Ésta es la revocación definitiva de la Condición del Samsara, y significa que, a partir de cierto desarrollo tecnológico, ya sobrepasado, ningún ser atento puede exigir nada a otro ser atento. El hecho de que estemos en el Samsara o en el Paraíso es sólo una cuestión de organización.
En el Universo, siendo un sistema caótico, y en todos sus fractales o sistemas semejantes, tales como universos, planetas, ecosistemas, sociedades, individuos y células, la organización surge según la ley natural:

Organiz.+Orden=>Desordenación+Intento=>Organiz.

 

El orden y la organización ya existente, siendo orden, se desordenan y, por la presión o intromisión del intento, surge nueva organización. Y no hay otro modo de que pueda surgir organización, que es la conciencia. Siempre tiene que intervenir el intento.
Voy a llamar a ésta la Ley de Generación de la Conciencia (LGC).
El Paraíso es un sistema social en el que no se pone ninguna condición previa a la nueva organización. Así, la organización en el Paraíso es abundante.
Consideremos ahora el individuo en el Paraíso. Es un sistema caótico con una gran organización acumulada, es un organismo. La voluntad es la respuesta de los organismos a la presión del intento. Entonces, es la voluntad la que decide y elige la organización que se produce de modo natural.
La voluntad es el sentir. El bienestar es el gran atractor natural del Universo y de todos sus fractales para la nueva organización, es decir, que la organización tiende a sentirse bien, y la razón es una herramienta fabulosa para sacar el mayor partido a las circunstancias. Siempre en pro del bienestar.
Además, el individuo en el Paraíso conoce y comprende la Ley de Generación de la Conciencia y, en consecuencia, no lucha contra la desordenación, sino que espera la nueva organización. El Paraíso está en una continua reorganización. Así, el individuo en el Paraíso ni se queda atrás ni se apresura, sino que va al paso justo. Un paso justo que, al contrario de lo que creen l@s bruj@s antigu@s, que piensan que es más rápido y hablan de mundo fugaz, es bastante más lento que el paso que llevamos en el Samsara.
Con estas circunstancias, unas circunstancias que no podemos elegir, sino sólo manejar, pues son los comandos de la Teoría General, el espíritu se manifiesta en gran medida y, dada la alta tecnología, el Paraíso es un sistema caótico con abundante organización. Una organización que se acumula e incrementa. El Paraíso es un sistema saturado de bienes de consumo y servicios.
El Samsara también es un sistema caótico, aunque sus participantes intenten evitarlo. En él también decide la voluntad, pues no puede ser de otro modo. Y tiene por gran atractor el bienestar, sin embargo, está eclipsado.
En el Samsara, la razón no espera lo suficiente para que surja la nueva organización, sino que se adelanta. La razón se adelanta para mantener la idea de su inmortalidad, pues la Ley de Generación de la Conciencia es en sí la prueba de nuestra mortalidad, y toda la organización apunta claramente a esta realidad. De tal modo, la razón se adelanta poniendo condiciones a la organización. Condiciones que aseguren que la nueva organización no echará abajo la idea de la inmortalidad y, con ella, toda la absurda idea del mundo desarrollada hasta el momento.
Como ejemplo de condición puesta a la organización podemos considerar el matrimonio: Para la nueva organización que supone el nacimiento de un@ niñ@, la razón invertida pone la condición de que sus progenitor@s estén casad@s.
Todas las condiciones puestas a la organización se resumen en una: La Condición del Samsara, “ganarás el pan con el sudor de tu frente.”
Esta afirmación tiene dos partes claramente diferenciadas. La primera, “ganarás el pan…”, es la expresión del desafío al Segundo Principio de la Termodinámica: Tenemos que abastecernos de orden que desordenar para mantener e incrementar nuestra organización. Esto es la vida. La segunda, “…con el sudor de tu frente”, es el esfuerzo, el sacrificio, es la vida. Por lo que la expresión completa, “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, pone a la organización la condición de que se produzca con esfuerzo. Pone al ser humano la condición de estar viv@ para poder vivir, la obligación de tener cuerpo, la obligación de pagar el sacrificio al Samsara para poder satisfacer el desafío al Segundo Principio de la Termodinámica.
Con la Condición del Samsara surge un nuevo y falso gran atractor para la organización, que eclipsa al auténtico: El esfuerzo, que eclipsa al bienestar.
El esfuerzo es un gran atractor falso porque, para que se manifieste el espíritu, para que el intento intervenga en la desordenación produciendo organización, todo tiene que estar en su postura más cómoda, y el esfuerzo saca automáticamente a todo de esta postura, y el espíritu no se manifiesta.
Y eclipsa al bienestar aunque realmente no lo anula. Todos los seres humanos están convencid@s de que buscan su bienestar con sus actos, pero éste queda en segundo plano. Antes está el deber, la obligación, el sacrificio, la condición. El bienestar se convierte en un objetivo o propósito en vez de la ausencia de ellos y, además, indirecto, pues se pretende conseguir con esfuerzo, con lucha; y el resultado es el desatino.
El ser humano, desde hace 150.000 años, se identifica con ela que pone condiciones a la organización. Éste es el yo que tanto se reafirma y contra el que tanto se lucha. El ser humano se considera ser humano por el hecho de poner condiciones a la organización. Y esto le distingue del resto de los animales.
El ser humano, independientemente de sus creencias, si hay Dios o no, si nos reencarnamos o vivimos para siempre, o si somos mortales o inmortales, funciona como si existiese razón para poner condiciones a la organización, es decir, funciona como si hubiese razón para nuestra existencia como seres que ponemos condiciones a la organización.
De tal manera, el Samsara está polarizado entre sus dos grandes atractores. En primer término está el sacrificio que supone el esfuerzo de cumplir con las condiciones puestas a la organización, como puede ser quedar unid@ de por vida a otra persona por tener hij@s con ella, que supone el matrimonio. Y en segundo término, el bienestar.
Sacrificio/bienestar; la mente moderna tiende a sacrificarse, la mente primitiva tiende a sentirse bien. La mente moderna es el reino de la razón invertida, que tiende a sacrificarse al poner y mantener condiciones a la organización. La mente primitiva es el terreno de la voluntad, que tiende a sentirse bien poniéndose de acuerdo con el Universo. Así es de sencillo y evidente, y todos los seres humanos lo sabemos en lo más profundo de nuestro ser, es conocimiento silencioso, pero la mente moderna nos embauca y nos dice que no puede ser tan sencillo, que hay mucho más involucrado.
Para que se produzca organización, según la Ley de Generación de la Conciencia, son imprescindibles dos elementos: El caos y el tiempo. El caos es el caldo de cultivo de la organización, y se necesita tiempo para que se manifieste el espíritu, para que se produzcan casuales acumulaciones de casualidades que den origen a la organización. Ahora bien, si la razón invertida se adelanta poniendo condiciones a la organización, está limitando su producción, primero, porque desecha mucha de la organización producida, si no la ha censurado antes, al no ajustarse a las condiciones y, segundo, porque no da tiempo a que se produzca nueva organización, aunque cumpliese las condiciones.
Entonces, la consecuencia de poner condiciones a la organización es la miseria, la escasez de organización. Ante esta miseria, la razón invertida hace dos cosas: Primero, se esfuerza por generar orden en vez de organización, que es lo que se produce cuando el espíritu no se manifiesta y, segundo, se esfuerza por mantener el orden ya asumido.
Siguiendo con el ejemplo del matrimonio, vemos que la razón invertida no deja que las personas se relacionen sexualmente a su gusto y satisfacción, que daría lugar a nueva organización, sino que ordena a las personas en parejas excluyentes de cualquier otra relación. Y no digo ya sexual, sino de cualquier tipo. Además, la razón invertida pretende que el matrimonio sea para toda la vida, lo que es mantener el orden.
Tenemos el par real sacrificio/bienestar, que se ha transformado en el par real orden/caos. Ésta es la polarización que ven l@s bruj@s antigu@s, y llaman al par tonal/nagual.
El par tonal/nagual es una cuestión de percepción, somos seres perceptores. Es la percepción lo que está en el tonal o en el nagual. En el tonal, la percepción es conocida y ordenada. El tonal es el ordenador del mundo, y lo ordena de modo que se ajuste a su absurda idea del mundo. Para ello pone condiciones a la organización y se instala como guardia supervisor de estas condiciones.
El tonal es exclusivamente humano. No hay rastro de él ni en los animales que conocemos ni, según parece, en los seres atentos de otros universos. Empieza hace 150.000 años cuando la razón se invierte y asume la jefatura, y termina cuando se descubre que no hay razón para poner condiciones a la organización.
El tonal ordena el mundo pero, en base al Segundo Principio de la Termodinámica, sabemos que no se puede ordenar la Totalidad del Universo. Por mucho que el tonal ordene, siempre queda una contraparte. Esta contraparte es el nagual. Es lo que queda sin ordenar, que es caótico, y es donde se produce la organización. Es la fuente de la creatividad.
La muerte es la desordenación del nagual más allá de una cantidad mínima de organización. Esta cantidad mínima es la que permite mantener el desafío al Segundo Principio de la Termodinámica. Más allá de esta cantidad mínima, el organismo colapsa, deja de funcionar, y se desordena irreversible e indefinidamente.
La muerte es la desordenación del tonal más allá del punto en el que ya no puede ejercer su función de guardia. La percepción se expande y pasa al nagual. El renacimiento es el regreso de la percepción al orden del tonal, es decir, se reconstruye la absurda idea del mundo y todo vuelve a estar en orden.
Tod@s l@s maestr@s espirituales de todo signo, tod@s l@s que tenemos algo que decir o enseñar en relación al espíritu, a nuestra existencia como seres humanos, lo que hemos hecho es sacar provecho de este proceso de muerte y renacimiento.
El mecanismo es muy sencillo. Cuando se muere, se desordena todo el ser, tanto el orden que han generado las condiciones puestas a la organización, como la organización que mantiene el desafío al Segundo Principio de la Termodinámica. Así, morir es jugar con la muerte, literalmente. Una vez que se está en el nagual, según la Ley de Generación de la Conciencia se produce organización, conocimiento acerca del Universo. El diálogo interno del tonal cesa y surge el pensamiento del nagual, que es caótico y obtiene explicaciones directas de aquello en lo que fija su atención.
Por otro lado, el tonal comienza a reconstruirse, a reordenarse pero, debido al conocimiento adquirido en el nagual, no se vuelve nunca al mismo sitio, sino que la absurda idea del mundo evoluciona, se modifica haciéndose menos absurda en el mejor de los casos. Esto es avanzar en el camino del conocimiento.
Quienes más han avanzado en el camino del conocimiento son l@s bruj@s antigu@s. Ést@s dividen su aprendizaje en enseñanzas para el lado derecho, el tonal, y enseñanzas para el lado izquierdo, el nagual. Las enseñanzas para el lado derecho consisten en convencer al tonal de que su orden no llega a la Totalidad del Universo, que hay mucho más allí. Las enseñanzas para el lado izquierdo consisten en aprender a vivir como mortal, es decir, a vivir en el caos, en el nagual.
Lo que consiguen l@s bruj@s antigu@s con esta técnica es poner de acuerdo a tonal y nagual. Este acuerdo consiste en que el tonal deja emerger al nagual, y el nagual promete no acabar por completo con el tonal.
 L@s bruj@s antigu@s, y por esto son antigu@s, no acaban por completo con el tonal porque no llegan a la Verdad. Aprenden a vivir de acuerdo con ella dadas las circunstancias de existencia del Samsara, pero no llegan a comprenderla.
Hacer llegar al tonal a un acuerdo con el nagual es una magnífica e impresionante hazaña. Una hazaña que se consigue cuando el tonal no tiene más remedio que darse cuenta de que va a morir. El tonal se da cuenta del ser que va a morir. Entonces, el tonal está considerando la posibilidad del nagual, y la percepción vive su casi totalidad oscilando entre tonal y nagual.
Tonal/nagual es la polarización real, que no verdadera, pues no hay razón para que el Universo esté polarizado. Sin embargo, es así. La constitución del Samsara es el origen de esta polarización. Tenemos que el Samsara está polarizado en derecha/izquierda. Un ser humano de derechas es aquel que tiende a ordenar. Tiende a mantener el orden existente y a incrementarlo poniendo más y más condiciones a la organización. En fin, un ser humano de derechas es un@ cultivador@ y adorador@ del tonal. Un ser humano de izquierdas es aquel o aquella que tiende a desordenar el Samsara, a eliminar condiciones puestas a la organización. En fin, a relajar el orden del Samsara.
Derecha e izquierda nunca discuten lo mismo. La izquierda pretende relajar el orden del Samsara para que tod@s nos sintamos mejor. Su propósito es el bienestar. La derecha pretende incrementar el orden para mantener en pie el Samsara, su absurda idea del mundo, su vida, su sacrificio. La izquierda no comprende cómo la derecha se resiste a que nos sintamos mejor, y la derecha no comprende cómo la izquierda pone en peligro la estabilidad del Samsara. La derecha tiende al sacrificio propio y ajeno en función de unos valores morales. Estos valores, como la familia o la patria, son supuestas razones para sacrificarse, pues el sacrificio fortalece. Cuanto más se sacrifica una persona, más justificada se siente para exigir sacrificio a l@s demás. Éste es el modo de aplicación de la Condición del Samsara. La izquierda no acierta a debatir estos argumentos porque no ha llegado a conceptualizar que la vida es posible sin valores por los que sacrificarse. A menudo habla de amistad, amor, paz, solidaridad, como valores alternativos, sin darse cuenta de que estos elementos no suponen sacrificio, sino satisfacción, y la derecha no los admite como valores.
De tal modo, tenemos que la condición del matrimonio, con su valor asociado familia, supone un sacrificio tremendo como, por ejemplo, no tener relaciones sexuales fuera de él. Quien realiza este sacrificio exige a l@s demás que también lo hagan, y lucha contra las relaciones extramatrimoniales con toda su energía. Persigue y desprecia a quienes las practican. Ya sabemos tod@s lo que le ha costado a la izquierda, por ejemplo, legislar el divorcio como relajación de la condición del matrimonio.
Entonces, los conceptos de derecha e izquierda de bruj@s antigu@s y de participantes en el Samsara coinciden, sólo que, mientras l@s bruj@s antigu@s eliminan todas las condiciones puestas a la organización y pueden experimentar el nagual, los participantes en el Samsara se quedan siempre con, al menos, la Condición del Samsara, y casi nunca llegan a salir del tonal.
En el Samsara, derecha e izquierda están en una continua lucha. Una lucha que es, aunque a menudo desvirtuada por múltiples factores, típica y previsible. El hecho de que yo haya nacido y vivido en España es, sin duda, un elemento de la manifestación del espíritu que da lugar al cuarto punto crítico en la evolución del universo. Y esto es así porque la historia de los dos últimos siglos de España se ajusta como un guante al esquema básico de la lucha entre derecha e izquierda.
Se parte de un orden establecido con unas condiciones puestas a la organización que implica miseria, escasez de organización. La tendencia natural del Universo es la desordenación. De esta desordenación, en base a la Ley de Generación de la Conciencia, surge organización, y se relajan las condiciones. Esta relajación de las condiciones puestas a la organización es una amenaza para la derecha como seres que ponen condiciones a la organización y, así, luchan por cada una de las condiciones llevadas a debate. Ejercen una resistencia tenaz contra cualquier desordenación.
Un ser humano de derechas ignora a propósito la contraparte del tonal, que es el nagual. No considera ni entiende el caos y, para éla, la contraparte del tonal es el caos, que no es otra cosa que el desorden. Así, la polarización que entiende el ser humano de derechas es orden/desorden.
 El desorden es la consecuencia del desatino del tonal, y se produce por tres razones. Primero, porque pretender ordenar el Universo es ir en contra del Segundo Principio de la Termodinámica, segundo, porque las condiciones puestas a la organización son siempre una farsa. Así, cada participante en el Samsara tiene sus propias absurdas ideas acerca de cuáles deben ser estas condiciones, y los tonales no están de acuerdo y luchan entre sí y, tercero, porque al ser una farsa las condiciones puestas a la organización, son prácticamente imposibles de cumplir.
Tenemos la condición del matrimonio. El orden establecido es un conjunto de parejas aisladas unas de otras con hij@s legítim@s. Y el desorden son las relaciones sexuales ilegítimas y furtivas, que tienen por consecuencia hij@s bastard@s.
El desorden o caos, en cursiva, está dentro del tonal, pues no existiría si no hubiese condiciones puestas a la organización. No habría hij@s bastard@s si no hubiese ley que l@s dejara fuera de la legalidad.
Decía que el Universo tiende a desordenarse. La derecha se resiste a esta desordenación con esfuerzo, con sacrificio. Cuando el Samsara se desordena más allá de un límite arbitrario y circunstancial, tal que pone en peligro el orden establecido, la derecha da un golpe de estado con la intención de restaurar el orden, de salvar el Samsara.
 Los seres humanos de izquierda están más cerca de la realidad: Tienden a desordenar el Samsara. Sin embargo, hasta ahora no han tenido éxito por tres razones.
Primero está la resistencia y lucha de la derecha. Esto obliga a la izquierda a involucrarse en la lucha, y ésta la lleva al esfuerzo, que saca a todo de su postura más cómoda. Entonces el espíritu se manifiesta en menor medida, y surge menor organización de la que podría producirse en la desordenación.
Segundo, nadie entre l@s religios@s ha sido lo suficientemente de izquierdas como para dejar desordenarse el Samsara hasta eliminar todas las condiciones puestas a la organización. Siempre queda, al menos, la Condición del Samsara.
Y, tercero, al no llegar a eliminar todas las condiciones puestas a la organización, vuelve a reconstruirse el Samsara con otro orden, con otras condiciones, generalmente, peores que las anteriores, que producen más miseria. Lo que ocurre es que al hacer la revolución, al dar la vuelta al Samsara, éste vuelve a quedar al revés, pues el Samsara tiene dos caras, y las dos están del revés.
España, en los dos últimos siglos, ha seguido este esquema de lucha entre derecha e izquierda, con un golpe de estado cada 20 ó 40 años, y con un periodo de manifestación de la izquierda en todo su esplendor. Me refiero a la II República y la guerra civil posterior, que fue una revolución y contrarrevolución.
En la II República Española se desarrolló la Ley de Generación de la Conciencia, es decir, se produjo una desordenación en la que, por intervención del espíritu, surgió nueva organización, nueva conciencia, nuevo conocimiento, que incrementó el bienestar.
Esto fue posible por una liberación, que es una relajación de las condiciones puestas a la organización. Los partidos políticos y sindicatos quedaron legalizados y pudieron ejercitar su creatividad en la propaganda. La organización de izquierdas más desarrollada fue la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), sindicato anarquista que extendió el conocimiento acerca del Samsara como estrategia para acabar con él.
Naturalmente, a la CNT no le bastaba la república, sino que pretendía llevar a cabo la revolución libertaria. Hubo varios intentos fallidos, colectivizaciones espontáneas, pero cuando se presentó la verdadera oportunidad fue en el momento en que la derecha dio su golpe de estado correspondiente y esperado, el 18 de julio de 1936. Éste fue el pistoletazo de salida para la revolución libertaria en la media España en la que había sido derrotado el ejército a manos del pueblo, de modo espontáneo.
Los acontecimientos del 18 y 19 de julio del 36 fueron una auténtica muerte del tonal. Cesó su función de guardia y el nagual emergió, haciéndose cargo de la situación. Del caos surgió organización y, en tan sólo dos meses, todo el entramado productivo estaba funcionando más y mejor de lo que había funcionado en cualquier época anterior. Se recogió la cosecha y se estableció un intercambio de bienes de consumo fructífero entre el campo y la ciudad. En fin, en dos meses se pasó de la miseria a la riqueza, y tod@s dejaron de pasar hambre. Y esto a pesar de la guerra.
Aunque el Samsara ha muerto y renacido incontables veces, ésta es quizá la única en la que el nagual ha tenido la oportunidad de demostrar su eficacia en la producción de organización. Y esto es así por tres razones. Primero, la alta tecnología que ya existía, segundo, porque l@s anarquistas llevaban más de un siglo preparándose para la ocasión, es decir, preparándose para vivir en el caos, en el nagual. Así, cuando llegó el momento, el entusiasmo hizo el resto y, tercero, porque el fallo en el golpe de estado de la derecha le brindó el espacio y tiempo necesarios.
L@s anarquistas no llegaron al final del camino del conocimiento, todavía eran trabajador@s. Así, para ell@s el trabajo era obligatorio. Podemos encontrar en el libro quizá más leído de aquella época, La conquista del pan, de Kropotkin, la postura de aquellos seres humanos a este respecto. Cito textualmente la traducción anónima que circuló entonces:
Mil doscientas o mil quinientas horas de trabajo al año en uno de los grupos que producen el alimento, el vestido y el alojamiento, o se emplean en la salubridad pública, los transportes, etc., es todo lo que te pedimos para garantizarte cuanto produzcan o han producido esos grupos. Pero si ninguno de los millares de grupos de nuestra federación quiere recibirte, cualquiera que sea el motivo, si eres absolutamente incapaz de producir nada útil o te niegas a hacerlo, ¡vive como un aislado o como los enfermos! Si somos bastante ricos para no negarte lo necesario, con mucho gusto te lo daremos, eres hombre y tienes derecho a vivir. Pero puesto que quieres colocarte en condiciones especiales y salir de las filas, es más que probable que en tus relaciones cotidianas te resientas de ello. Te mirarán como un aparecido de la sociedad burguesa, a menos que tus amigos, considerándote como un genio, se apresuren a librarte de toda obligación moral para con la sociedad, haciendo por ti el trabajo necesario para la vida.
Y, en fin, si eso no te agrada, vete por el mundo en busca de otras condiciones. O bien, encuentra partidarios y constituye con ellos otros grupos que se organicen con nuevos principios. Nosotros preferimos los nuestros.
Esto es una suavización de la Condición del Samsara. Propone trabajar lo necesario en vez de lo máximo, pero no deja de ser la Condición del Samsara: Aún hay filas de las que no salir, define ala enferm@ como aquel o aquella que no puede cumplir con la Condición del Samsara, y comprende y anima a la vigilancia de todos los participantes en el Samsara, y a la reacción de enojo y reprobación por el incumplimiento. Pero, lo que es más, establece la no consideración de cualquier hipótesis, constituyendo un nosotros que rechaza lo ajeno por principio. Voluntad y razón aún están invertidas, y hay un guardia. Kropotkin propone un Samsara light, pero Samsara al fin y al cabo.
Aun con el trabajo obligatorio, dado el gran entusiasmo que se produjo, o quedó libre, no hubo problemas a este respecto, pues tod@s querían participar en la revolución, bien luchando en el frente, bien trabajando en la retaguardia. Así, la media España roja fue todo nagual por unos meses.
L@s anarquistas se situaron en el empalme de caminos. Podían permanecer en el nagual sin poner condiciones a la organización hasta darse cuenta de la Verdad y eliminar la Condición del Samsara, o podían defender esta condición y desarrollarla, por ejemplo, poniendo ala médico como guardia supervisor@ para juzgar quién puede trabajar y quién no. Lo que supondría una complicada legislación, y sería un retorno al orden del tonal.
Desde luego hay que considerar las dos posibilidades. Yo, personalmente, quiero creer que habrían permanecido en el nagual, pero la historia no permitió averiguarlo. Por un lado, nadie apoya la anarquía porque la anarquía supone dejar de ser alguien. En otras palabras, ningún tonal se presta a su desaparición, a su disolución en el nagual. Así, sólo un@s poc@s anarquistas de todo el mundo vinieron a España, a título personal, a luchar por la anarquía en las brigadas internacionales. Pero ninguna institución de ninguna nación dio su apoyo a la España anarquista. Preferían el fascismo como mal menor, y se mantenían a la espera.
Y, por otro lado, y fundamentalmente, no habían conseguido eliminar la resistencia de la derecha. Y ahora la derecha era mucho más amplia, pues derecha e izquierda son relativas. De tal modo, l@s comunistas autoritari@s, siendo la derecha relativa, y con la excusa de la guerra en curso, dieron un golpe de estado para restaurar el orden: Los sucesos de mayo del 37. Sólo que esta vez un orden distinto al anterior, un orden comunista autoritario bajo los auspicios y ayuda armamentística de la Unión Soviética que, la historia ha demostrado, es un orden peor aún que el anterior del que se huía, pues presenta condiciones puestas a la organización más austeras que las primitivas.
Pero tampoco se pudo comprobar este camino, pues la derecha, con apoyo exterior, ganó la guerra. Lo que fue, desde luego, un renacimiento que arrasó el nagual, el caos, la riqueza, y sólo quedó miseria. Las personas que sobrevivieron experimentaron el hambre durante muchos años.
La lucha entre derecha e izquierda se escenifica en el Samsara y en sus fractales, como son la mente y el mundo sobrenatural, pues estos fractales son una reflexión unos del otro y los otros del uno, y todos ellos son una reflexión de la inversión entre razón y voluntad.
La mente está polarizada en mente moderna y mente primitiva, el Samsara en derecha e izquierda, y el mundo sobrenatural, que es aquello que en principio queda fuera de la comprensión del tonal, fuera de su orden, pero que más adelante es incorporado al tonal, a la absurda idea del mundo, está polarizado en Dios y Diablo.
De tal modo, la mente moderna encuentra el sentido de su existencia y su lucha en el orden del Samsara y el mundo sobrenatural, la derecha encuentra el sentido de su existencia y su lucha en el orden de la mente y el mundo sobrenatural, y Dios encuentra el sentido de su existencia y su lucha en el orden de la mente y el Samsara. Estos tres fractales del sistema caótico humanidad encuentran el sentido de su existencia y su lucha en la inversión entre razón y voluntad.
A semejanza de la lucha entre derecha e izquierda en el Samsara, la mente moderna lucha contra la mente primitiva. La mente primitiva fantasea y hace planes para divertirse y pasarlo bien, la mente moderna, en el último momento, da un golpe de estado y, con absurdas excusas, se dispone a sacrificarse estudiando, trabajando o casándose, etc., apelando a su responsabilidad. Ésta es la lucha entre bien y mal que se produce en la mente de todo participante en el Samsara. Un participante en el Samsara mentalmente san@ es aquella persona que tiene dominada esta lucha, a favor del bien, desde luego, es un ser humano responsable.
Y, a semejanza del Samsara y la mente, el mundo sobrenatural también tiene esta lucha entre Dios y el Diablo, sólo que, en el cielo, supuestamente, no hay duda acerca de cuál es el bien y cuál es el mal, y sirve de modelo para apoyar la lucha en la mente y el Samsara. Así, tenemos que la derecha en España en 1936 luchaba contra el Diablo personificado en los rojos.
Todo este fenómeno es la lucha entre tonal y nagual, entre orden y caos, entre sacrificio y bienestar, más o menos desvirtuada y complicada, y es consecuencia de la inversión entre razón y voluntad.
Cuando a un@ ingenier@ no le salen las cuentas, es decir, hay una discordancia entre el resultado de sus cálculos y la realidad, revisa sus cuentas, revisa su teoría. Éste es el funcionamiento lógico y natural de la razón como herramienta. Ala ingenier@ no se le ocurre poner la razón por encima de la realidad, pues el ingenio que está diseñando fallaría.
Sin embargo, la misma persona, al considerar el fenómeno de su propia muerte, opta por ignorar la realidad, el hecho innegable de que va a morir, y se ampara en una absurda teoría elaborada por la razón. Pone la razón en primer término y vive como si no fuese a morir nunca.
Ésta es la inversión, y es el tonal quien la realiza. A partir de aquí, nadie, ni bruj@ ni religios@, había considerado la posibilidad de que no haya razón para hacer esta inversión, excepto l@s budistas, que son un caso especial, es decir, nadie había considerado la posibilidad de que no exista el tonal. Tod@s se han esforzado, bien l@s religios@s por mantener por vencedor al tonal en una lucha interminable contra el nagual, bien l@s bruj@s por reconciliar a tonal y nagual.
Cierto es que si existe el tonal, existe su contraparte, el nagual. Pero si existe nagual, no tiene porqué existir el tonal. Entonces no hay polarización y el Universo es un@.
El Universo ha sido todo nagual desde el Big-bang hasta hace 150.000 años, y seguirá siendo todo nagual hasta su muerte, a partir de ahora.
En el nagual hay orden, el que queda del potencial con el que partió el Universo en el Big-bang y toda la organización acumulada. En el nagual funciona la voluntad, pues es el nagual precisamente el terreno de la voluntad, es donde se manifiesta el intento, el espíritu. En el nagual hay continuidad matemática, pues el nagual es el Universo y el Universo es matemáticamente continuo en su Totalidad. En el nagual funciona la razón, pues razonar es seguir la continuidad matemática del Universo. Por tanto, la atención es, como lo ha sido por 4 ó 5 millones de años, posible en el nagual.
Esto significa que es posible elaborar y mantener una idea del mundo en el nagual. Esta idea del mundo es flexible y dinámica, y es acertada. Las bases para esta nueva idea del mundo son la Verdad, la revocación de la Condición del Samsara y este libro en general.
En el nagual hay muerte. Y el regocijo de vivir en el nagual se producirá en base al aprendizaje de manejar esta circunstancia. Ya l@s bruj@s antigu@s lo han hecho por miles de años sin conocer la Verdad, tarea harto difícil. Ahora será mucho más fácil y fructífero, pues cuando el Universo es todo nagual, no hay muerte. Esto significa que al nagual no le importa que su anterior idea del mundo fuese desacertada, sino que celebra el nuevo conocimiento. No hay resistencia al conocimiento, es decir, no hay guardia, ni tirano como el de l@s religios@s, ni benévolo como el de l@s bruj@s antigu@s, que nos advierta del peligro de la muerte, el cese de la absurda idea del mundo, pues la idea del mundo no es absurda y puede corroborarse.
En el nagual, la idea del mundo es flexible y dinámica y puede corroborarse porque cuando se conoce la Verdad todo encaja. Cuando se tiene por premisa primera el no haber razón para nuestra existencia, se puede recorrer con el pensamiento el árbol de la razón, y pueden corroborarse las conclusiones de la razón con la voluntad. En fin, cuando se considera que hay alguna razón para nuestra existencia, todo es, bien una cuestión de fe si se pretende ser inmortal, bien un camino tortuoso y lleno de dificultades si se pretende aprender a vivir como mortal pero, cuando se conoce y comprende la Verdad, todo es claro como el cristal porque todo encaja, y la continuidad matemática del Universo es la goma que pega todo.
El aprendizaje para vivir en el nagual será muy sencillo para quienes nazcan ya en el Paraíso. De modo natural, el nagual se desarrollará sin que aparezca el tonal. L@s niñ@s no serán educad@s, sino anfitrionad@s. La educación es la extorsión que hace el tonal adulto ala niñ@ para obligarle a desarrollar el propio tonal como le obligaron antes a éla. El anfitrionado consiste en poner al alcance dela niñ@ todo lo que necesita para satisfacer su desafío al Segundo Principio de la Termodinámica mientras éla no es capaz de hacerlo, así como proporcionarle también la información que necesita para aprender a satisfacer por sí mism@ estas necesidades a medida que crece y lo solicita. En fin, dejar que se desarrolle su nagual. De tal modo, el individuo nacido en el Paraíso será todo nagual desde su nacimiento hasta su muerte.
La duda se presenta en si nosotr@s, l@s que somos adult@s cuando escribo estas líneas, seremos capaces de convertirnos de educador@s en anfitrion@s, es decir, si seremos capaces de hacer la transición.
Sin embargo, la transición será lo más sencillo del mundo, pues consistirá en comprender y ponerse cómod@, y esto sucede aprendiendo a pensar.
Pensar comprende tres elementos fundamentales: Conocer la Verdad, considerar todas las hipótesis, y corroborar con la voluntad, con la realidad.
Considerar todas las hipótesis, todas las posibilidades incluye, desde luego, considerar la opción cero. Quiero decir con esto que si estamos considerando una condición puesta a la organización, tenemos que tener en cuenta también la posibilidad de eliminar por completo la condición.
Esto, que resulta tan difícil de hacer para un@ adult@, lo hace un@ niñ@ de 3 ó 4 años de edad sin ninguna dificultad. Vamos a verlo con el ejemplo del matrimonio, que venimos arrastrando.
En España, el gobierno ha revisado recientemente la ley del matrimonio ampliándola para que puedan casarse también personas del mismo sexo. Este gobierno es de izquierdas, al menos en cuanto a este aspecto, pues está relajando la condición para abarcar a cuantas más personas, para que tod@s nos sintamos mejor.
La derecha ha ejercido una resistencia tenaz. Se ha opuesto a esta relajación con toda su energía pero, ¿cuál ha sido el argumento de la derecha?: “La familia sí importa”. No han terminado su frase porque no tenían palabras para ello. Con el permiso de usted, si usted es de derechas, voy a terminar la frase: “La familia sí importa para mantener en pie el Samsara”.
En este caso es muy claro que el hecho de que l@s homosexuales puedan casarse no perjudica nuestra capacidad o habilidad para satisfacer nuestro desafío al Segundo Principio de la Termodinámica. No perjudica al PIB (Producto Interior Bruto), ni a la renta per cápita, ni a las inversiones de capital, etc. En todo caso produce beneficios en estos aspectos, pues si los individuos se sienten bien, trabajan mejor.
Mientras derecha e izquierda discuten cómo redactar la ley, sin encontrarse nunca sus argumentos, un@s por defender que el matrimonio sea sólo heterosexual, otr@s por ampliar el concepto del matrimonio para incluir a cuantas más personas mejor, un@ niñ@ de 3 o 4 años de edad va directamente al grano.
El ejemplo es de un anuncio publicitario en televisión. Un anuncio que no sé qué anunciaba porque, cuando el anuncio es realmente bueno, la atención se dirige al mensaje y olvida el propósito.
Un niño de esta edad está desayunando mientras su padre lee el periódico detrás. El niño pregunta: “Papá, ¿por qué hay niños y niñas?” El padre responde: “Porque así, cuando son mayores, se casan y pueden tener más niños y niñas”. El niño pregunta: “¿Y si no se casan no pueden tener más niños y niñas?” “Sí, también”, responde el padre. Y dice el niño: “Entonces, ¿para qué sirve casarse?”
Una ley es siempre una condición puesta a la organización. Siempre ocurre que la ley deja a alguien fuera del Samsara. Es una discriminación, y tiene siempre consecuencias nefastas que se resumen en una: Pretender ordenar el Universo.
La ley del matrimonio no sirve para nada, pues tod@s sabemos que l@s niñ@s nacen independientemente de ella, pero ha tenido a lo largo de los tiempos consecuencias terribles, como la acumulación de la riqueza, la conservación de la pureza de razas, etnias e ideologías, la diferenciación y mantenimiento de clases sociales, así como la ya mencionada de emparejar a las personas de por vida, etc.
Un@ niñ@ de 3 ó 4 años de edad es capaz de considerar la opción cero en base a su inocencia. Y la inocencia consiste en no haberse sacrificado todavía. Así, no tiene karma. Por otro lado, aún no es consciente de su propia muerte, no sabe que va a morir y, en tercer lugar, las personas que le rodean le excusan de la Condición del Samsara debido a su corta edad. Entonces, no le persigue una horda de ojos bañados en lágrimas, sino que, a su pregunta subversiva, responden, si lo hacen: “Ya lo entenderás cuando seas mayor”. En fin, un@ niñ@ de 3 ó 4 años de edad es, todavía, todo nagual, y puede pensar libremente.
Pretender relajar las condiciones puestas a la organización poco a poco es una lucha tremenda. Sin embargo, eliminar todas las condiciones puestas a la organización completamente en un solo acto no debe presentar ninguna resistencia. Siempre y cuando todos los seres humanos hayamos comenzado a comprender.
La llave para eliminar todas las condiciones puestas a la organización en un solo acto es la supresión del dinero, pues el dinero es la materialización de nuestras cadenas, las cadenas que son las condiciones puestas a la organización. El dinero tiene la nefasta función de medir el esfuerzo que establece la Condición del Samsara con la intención de hacer justicia.
El mundo se ajusta a sí mismo. Ésta es la manifestación del espíritu. Prueba de ello es el hecho de que usted esté viv@ ahora como resultado de la evolución del Universo. Hasta qué punto se ajusta a sí mismo el mundo puede verse en el reportaje de Carlos Castaneda. El modo en que a don Juan, un brujo consumado que maneja el intento con su voluntad, le salen las cosas bien, con resultados asombrosos, dando la impresión de que se trata de una representación teatral previamente estudiada y planeada, cuando todo ha sido improvisado.
El esfuerzo que la Condición del Samsara establece y el dinero mide desajusta el mundo, lo distorsiona de modo que todo resulta siendo desatino. Esto puede comprobarse con un ejercicio sencillo. Diga usted este trabalenguas después de leerlo: Pablito clavó un clavito. Qué clavito clavó pablito.
Si usted es todavía un participante en el Samsara, se habrá esforzado ante la dificultad del ejercicio. Así le enseñaron a funcionar, a más dificultad, mayor esfuerzo, y habrá fracasado.
Ahora póngase cómod@, relájese, y repita el trabalenguas despacio, sin ninguna prisa, calmadamente, en fin, sin esfuerzo. Tendrá éxito a la primera.
Tenemos que el Samsara es un sistema caótico desajustado por el esfuerzo, donde todo es desatino, que produce sufrimiento, y ahora tenemos la justicia, que es el esfuerzo por reajustar lo desajustado por el esfuerzo.
Así tenemos la justicia social, que es el esfuerzo por repartir el dinero equitativamente. Una persona puede dedicar su vida entera, como lo hizo Karl Marx, a buscar un sistema alternativo para distribuir el dinero que produzca mayor igualdad y bienestar a tod@s, sin pararse a pensar en la opción cero: La ausencia de dinero.
Un grupo puede pensar en suprimir el dinero, incluso llevarlo a cabo, como sucedió en la revolución española del 36, pero tiene que sustituirlo por otro elemento, como son los bonos, para volver a medir el esfuerzo. Esta vez más equitativamente, midiendo el valor del producto en horas de trabajo e igualando el precio de todos los trabajos. Y otro grupo incluso puede eliminar por completo el dinero, pero el trabajo sigue siendo obligatorio, como proponía Kropotkin y se llevó a cabo en algunas zonas de España en el 36.
Estos sistemas están teniendo en cuenta el dinero, los bonos, o la vigilancia espontánea como medio de repartir los bienes de consumo y servicios. Esto es necesario cuando se tiene por referencia la miseria. En la abundancia no hay problema para repartir pues, no es que tod@s tengamos de todo, sino que tod@s tenemos más de lo que podamos necesitar o desear.
El segundo tipo de justicia es el de ajuste de cuentas y disuasoria. Esta justicia es la que define el delito. Un delito es un atentado contra el orden que establecen las condiciones puestas a la organización. Es una violación de las reglas del juego. Y el juego es la competición.
Todo participante en el Samsara cree, está convencid@ de que compite por dinero, pero esto no es cierto. El participante en el Samsara compite por ser ela más list@ de los seres humanos como medio de mantener en pie su absurda idea del mundo. Lo que ocurre es, simplemente, que cuanto más dinero se acumula, más list@ se parece. Sin embargo, es sabido por tod@s que, por muy pobre que sea una persona, siempre mantiene para sí la absurda idea de que es ela ser humano más list@ del mundo.

 

 


  gráfico   

 
Se define la inteligencia racional como la habilidad o capacidad de representar en la mente los comandos de la Teoría General, así como de seguir y comprender su evolución en el tiempo. En fin, la habilidad o capacidad de razonar.
La inteligencia no tiene propósito. Funciona automáticamente sobre aquellos comandos de la Teoría General en los que se fija la atención. Ahora bien, cuanta más inteligencia se posea, mayor es la probabilidad de acumular poder. Recordemos que el poder es la habilidad o capacidad para manejar los comandos de la Teoría General. Si se conocen bien, se manejarán mejor.
En el Paraíso se podrá establecer una relación o correlación entre la inteligencia y la felicidad, que será lineal, exponencial, o como quiera que sea, pero siempre se cumplirá que, a más inteligencia, mayor felicidad.
En el Samsara, la curva de la felicidad en función de la inteligencia está invertida por la competición. Sencillamente, si tenemos que ser l@s más list@s para sobrevivir, el hecho de que alguien se demuestre más list@ que nosotr@s es una ofensa tremenda que produce nuestro enojo, por lo que esa persona habrá disminuido su felicidad a causa de su inteligencia superior.
Esto está reflejado humorísticamente en un episodio de Los Simpsons, magnífica serie de dibujos animados de Matt Groening, en el que a Homer le extraen un lápiz de cera del cerebro que tenía alojado desde niño, lo que libera su inteligencia. Después de chistosísimos sucesos en los que Homer resulta odiado por toda la ciudad, busca explicación y alivio en su hija Lisa, que siempre ha sido muy inteligente. Lisa corrobora la impresión de Homer de ser desgraciado a causa de su inteligencia, y le muestra un gráfico hecho por ella misma. Éste es el gráfico que yo reflejo unas líneas más arriba, y en el que se lee que, a más inteligencia, menor felicidad y, a más felicidad, menor inteligencia.
En el Samsara surge otro tipo de inteligencia: La inteligencia social, que es, precisamente, el ser list@ en el sentido más repugnante de la expresión. Es ser list@ dadas las circunstancias. Y las circunstancias son las condiciones puestas a la organización. Es lo que suele llamarse picardía.
En principio, una persona sería más inteligente cuanto más se acercase en sus razonamientos a la base del árbol de la razón. En la base está la Verdad: No hay razón para poner condiciones a la organización. Entonces, sería más inteligente quien más de izquierdas fuese, quien más relajase las condiciones puestas a la organización. Sin embargo, es socialmente más inteligente, o más list@ quien más y mejor se somete a las condiciones puestas a la organización, quien mejor las cumple, sin plantearse, o apenas hacerlo, la posibilidad de relajarlas.
Esto se consigue en el Samsara por la acción del tonal como guardia. Esta acción es la de premiar y castigar en función del cumplimiento o no de las condiciones puestas a la organización.
Generalmente lo que se aplica es el castigo. Tod@s l@s que hemos conocido el Samsara hemos sido castigad@s de algún modo y en un momento u otro. El premio es indirecto, y consiste en la promesa de que, quien se somete primero, someterá después, es decir, decidirá cuales son las condiciones a aplicar en el Samsara y vigilará su cumplimiento.
La acción del tonal, el premio y castigo, desvía la atención de la víctima de tal modo que ya no piensa en si sus actos tienen éxito o no, si producen bienestar o malestar, sino que está pensando siempre, mediante un proceso muy complejo, si someterse o el modo de burlar la autoridad sin ser descubiert@. Así tenemos que un@ conductor@ de su automóvil, cuando, por ejemplo, atraviesa un casco urbano, está poniendo su atención, bien en el velocímetro para ajustar su velocidad a la establecida por ley, bien en la localización de los ocasionales radares que pudieran aportar pruebas para castigarle, pero nunca pone su atención directa y plenamente en la carretera y todo el conjunto de la situación para atravesarla con el menor riesgo posible.
En el Samsara se definen tres tipos de delito: Político, económico y sexual. Estos tres tipos están intrincadamente relacionados y mezclados, como corresponde a un sistema caótico muy complejo. Por ejemplo, un@ activista polític@ roba o extorsiona para financiarse, y quizá secuestre o mate. Además, estos tres tipos de delito están amplificados por la persecución que se hace de ellos. Por ejemplo, la eliminación de testigos, un@ ladrón@ puede matar para no ser identificad@ en un juicio.
El delito político consiste en luchar contra el orden establecido por las condiciones puestas a la organización con la intención de cambiarlas o relajarlas. Si no hay condiciones puestas a la organización, si no hay Condición del Samsara, no hay orden establecido, y no tiene sentido luchar contra él o defenderlo.
El delito económico no es posible sin dinero. Y si no hay delito político ni económico, sólo queda el delito sexual, abarcando la sexualidad cualquier tipo de relación entre individuos, incluso el intercambio de bienes de consumo y servicios.
El tonal surge como guardia de la muerte. Lo que ocurre es que al estar negada la muerte, cada vez que se produce, porque sigue produciéndose, se obtiene una corroboración negativa de la absurda idea del mundo en la que la muerte no está incluida.
Así, el tonal lucha contra la muerte de un modo directo, como pueda ser poner multas por exceso de velocidad, como se hace desde unas décadas atrás, o de un modo simbólico, como pueda ser construir grandes pirámides que reafirmen la idea de la inmortalidad, como hacían l@s antigu@s egipci@s.
Esta lucha contra la muerte produce sacrificio. A partir de aquí, el tonal se convierte en guardia de la muerte, en guardia del sacrificio. Morirá cuando deje de poner multas por exceso de velocidad y de construir grandes pirámides.
Este ser que morirá cuando cese su absurda idea del mundo, el tonal, es un núcleo, una isla de orden en medio del caos que se identifica con la razón, pues aplica su razón para violar la voluntad propia y ajena en función de un propósito. Este propósito es evitar la muerte en principio, y evitar la muerte al final, mantener la lucha como medio de supervivencia.
El Samsara es la logia que tiene este propósito. El Samsara es el reino del tonal, y el participante en el Samsara es, como digo, un@ cultivador@ y adorador@ del tonal.
L@s bruj@s antigu@s saben que van a morir, pero todavía creen que hay razón para la existencia, tanto del tonal como del nagual. Así, mantienen el tonal, aunque le asignan un nuevo propósito: El incremento de la conciencia.
Dado que el supuesto propósito de l@s bruj@s antigu@s es, precisamente, el sentido del Universo, ocurre que el tonal de l@s bruj@s antigu@s está conectado, si bien indirectamente, con el gran atractor natural del Universo: El bienestar pues, cuando el Universo se siente bien, se manifiesta el espíritu, se incrementa la conciencia.
Esto es lo que l@s bruj@s antigu@s llaman ser conducto del espíritu. El tonal colabora con el espíritu en la generación de organización, de conciencia.
De tal modo, l@s bruj@s antigu@s están inmers@s en una contradicción que se manifiesta en todo su conocimiento: Mantienen el tonal como centro que gobierna la producción de organización cuando, precisamente, el tonal es el instrumento que surge para limitar y condicionar la organización, y producir orden en su lugar. Ela bruj@ antigu@ habla de controlar sin controlar, o de abandonarse manteniendo el control.
L@s budistas están en el extremo opuesto: Contemplan la desaparición total del tonal, de hecho, el Libro Tibetano de l@s Muert@s es una magnífica y acertadísima guía para realizarlo, pero todavía pretenden ser inmortales. Por eso son religios@s y no bruj@s.
Así, l@s budistas están atrapad@s en la metáfora de muerte y muerte, y la Clara Luz queda sin expresar en palabras. Es algo que se siente, se experimenta en el momento de la muerte, pero es abstracto, requiere un descifrado que, según parece, sólo ha sido posible después de saber del conocimiento de l@s bruj@s antigu@s por el reportaje de Carlos Castaneda.
Sólo un@ bruj@ modern@, y a raíz de haber leído este libro, pues lo que voy a decir a continuación no lo había dicho nadie jamás. Y esto lo sé porque de ser así, no estaría yo escribiendo este libro… Sólo un@ bruj@ modern@, como decía, sabe dos cosas entre otras: Primero, que tod@s vamos a morir antes o después y, segundo, que el significado de lo primero es que no hay razón para la existencia del Universo ni de ninguno de sus elementos.
No hay razón para la existencia del tonal ni del nagual. Que exista el nagual es algo maravilloso, increíble y radiantemente impresionante. Pero el nagual ya tiene instinto de supervivencia. El nagual intenta permanecer vivo todo el tiempo posible, no tiene que venir ningún elemento nuevo para prevenirle de la muerte.
Bien que el surgimiento del tonal supuso un rápido avance tecnológico al principio, pronto se convirtió en un sistemático freno. La tremenda tecnología de que disponemos en la actualidad se ha desarrollado, desde el Renacimiento, a pesar del tonal, a pesar de la Inquisición, que luchó por evitarla. Es decir, que la organización que ha surgido en los últimos tiempos, lo ha hecho a pesar del empeño del tonal en mantener el orden.
El tonal, llegad@s a este punto, no sólo es completamente superfluo, sino que, incluso, si no lo eliminamos de una vez por todas será la causa de la aniquilación, no sólo de nuestra especie, sino de toda la vida sobre la Tierra.
No tiene sentido la existencia de una isla de orden en medio del caos que se sienta el centro del Universo y que vele por la vida. La muerte ocurre. Usted y yo vamos a morir, bien de viej@s, bien en un accidente fortuito, quizás provocado por un@ conductor@ borrach@ aficionad@ a la velocidad. Y todo el orden que el tonal pueda imponer, como son multas, penas de prisión y demás castigos, sólo conseguirá dos cosas: Primero, hacernos la vida mucho más desagradable, tanto a l@s multad@s y pres@s como a l@s amenazad@s por estas penas y, segundo, aumentar la negligencia de quienes conducen, al desviar la atención, como ya expresé, y al hacerles creer que son inmortales, anulando el instinto de supervivencia natural del nagual. Con lo que la probabilidad de que usted o yo muramos en tal accidente aumentará.
La muerte ocurre. Y todo el orden que el tonal pueda imponer en el Universo no nos salvará de ella.
En el Paraíso sólo existe el nagual, que es caótico en su Totalidad. No hay una isla de orden en el nagual. Sin embargo, la atención constituye un núcleo que se da cuenta. Ahora bien, este darse cuenta está asociado a la voluntad, es decir, la atención en el Paraíso se da cuenta de cómo se siente. Éste es el modo en que el Universo se hace consciente, se hace consciente de su sentimiento.
En el Paraíso, la razón es a la voluntad como el coprocesador matemático es a la Unidad Central del Proceso (CPU) en una computadora. La razón calcula, simula, presenta premisas y obtiene conclusiones, pero las decisiones son de la voluntad porque lo que cuenta es el sentir: No hay objetivo, propósito o finalidad en el Paraíso que desvíe la atención del gran atractor natural del Universo: El bienestar.
El hecho de que el Universo no tenga circunferencia ni centro no está en contradicción con la existencia de individuos. El Universo se hace consciente de sí mism@ desafiando al Segundo Principio de la Termodinámica, y el resultado son individuos que somos l@s desafiantes: Núcleos de organización encajonados en un pellejo, tan caóticos como el Universo es caótico, tan carentes de objetivo como lo es el Universo, y cuya existencia tiene sentido como lo tiene la existencia del Universo mientras se incremente la conciencia, pues cada individuo no está limitado en su pellejo, sino que es el Universo en su Totalidad. Entonces, los intereses de cada individuo coinciden con los intereses de la Totalidad, pues no hay más interés en el Universo que el bienestar y, cuando hay bienestar, se incrementa la conciencia.
Si sólo cuenta el bienestar, si somos individuos, y si cada individuo deja decidir a su propia voluntad, cada individuo deja decidir también a la voluntad de los demás individuos, en la sabiduría de que no tiene sentido gobernar a nadie para que se sienta bien, y que la voluntad de cada individuo está en la mejor posición para averiguar qué le hará sentirse bien.
Entonces, en el Paraíso, donde todo es nagual, las relaciones entre individuos son siempre consentidas por todos los que participan en ellas. Nunca un individuo es forzado u obligado a participar en una relación o actividad, pues el malestar inducido en este individuo produce malestar en el resto de individuos. El individuo es también la Totalidad, y no puede sentirse bien una parte mientras otra se siente mal.
Esto último no es metafórico, intelectual o simbólico. Usted sabe que cuando le duele el estómago, su malestar es general, no está restringido al estómago. Del mismo modo, el hecho de que África se muera de hambre provoca en Europa la exigencia de máximo esfuerzo y rendimiento en el trabajo, haciéndonos desgraciad@s a tod@s.
Esta característica del Paraíso, que podemos enunciar como la no violación de la voluntad propia y ajena, es dificilísima de contemplar desde la miseria del Samsara.
Rudy, protagonista de la canción del mismo título de Supertramp, se enfrenta a esta dificultad:

Rudy thought that all good things
comes to those that wait.
But recently he could see
that it may come too late.

(Rudy pensaba que todas las cosas buenas
llegan para aquéll@s que esperan.
Pero recientemente pudo ver
que pueden llegar demasiado tarde.)

 

Rudy siente que el procedimiento es esperar, pero descubre que, en la miseria del Samsara, quien no sale a buscar las cosas buenas, y no ya las buenas, sino las más necesarias, se queda sin ellas, incluso puede encontrar la muerte.
En la abundancia del Paraíso sí llegarán las cosas buenas y las necesarias, y lo harán desde la primera infancia. Por ejemplo, el delito sexual más claro y común, el que un hombre fuerce a una mujer a practicar el coito, será impensable para hombres que desde la infancia han practicado el coito y otras modalidades sexuales a satisfacción de todas las partes. Una vez conocida la relación consentida, no hay deseo que lleve a la violación de la voluntad propia y ajena. Sólo habrá pequeños incidentes en la infancia y adolescencia que serán pruebas en el aprendizaje de la no violencia en las que ela niñ@ sentirá por sí mism@ las consecuencias de sus actos sin la desviación del premio y castigo, sin la intervención del tonal.
No obstante, aún puede que se produzca un acto de este tipo en el Paraíso. Puede que un hombre fuerce a una mujer a practicar el coito, pero no incrementará su violación matándola para evitar identificaciones, pues sabrá que su acto no será perseguido ni castigado, pues no estará tipificado como delito y, lo más importante, no repetirá su violación, pues la falta de satisfacción le llevará a desistir, al contrario de lo que ocurre en el Samsara, donde la insatisfacción lleva a los seres humanos a intentarlo otra vez, y se quedan enganchad@s.
Por otro lado, el potencial violador sabe que la muerte le acecha y, así como no será perseguido su acto de violación, tampoco será perseguido su asesinato. El nagual en el Paraíso es consciente de que cada acto puede ser la causa de su muerte y, con su tendencia natural a la supervivencia, pone mucho cuidado en la calidad de sus actos.
En fin, en el Paraíso también habrá violencia pero, a diferencia del Samsara, donde la violencia abunda y tiende a incrementarse, en el Paraíso la violencia será muy escasa, y tenderá a disminuir, a cesar.
El tercer y último tipo de justicia es el que se enmarca en el título derechos humanos. Ésta es la justicia que tiene por propósito defender al individuo y grupos de la injusticia de la justicia.
Los derechos humanos son el camino a la impecabilidad. El relativo bienestar que disfrutamos algun@s desde hace unas décadas ha sido posible gracias al desarrollo de los derechos humanos, que ha venido de la mano del desarrollo tecnológico.
La impecabilidad es lo mismo para participantes en el Samsara y para bruj@s del segundo ciclo, sólo que, mientras los participantes en el Samsara comprenden muy poco y se pierden en el camino, l@s bruj@s antigu@s comprenden lo suficiente para realizarla. Ést@s últim@s llegan a ser parangones de impecabilidad, sin embargo, aún están inmers@s en su contradicción, pues la impecabilidad afecta al tonal, no hay nada semejante en el nagual.
Para l@s bruj@s del segundo ciclo, la impecabilidad es el ahorro y recanalización de la energía. Esto es, liberan la energía de la intención: Dejan de emplear energía en demostrarse y demostrar a l@s demás que son los seres humanos más list@s del mundo, y la recanalizan para su propósito: El incremento de la conciencia.
Dado que el incremento de la conciencia no es un propósito, sino el sentido del Universo, l@s bruj@s antigu@s se encuentran con que no pueden perseguirlo directamente. Lo único que pueden hacer es sentirse bien, entonces, se incrementa la conciencia. Así, l@s bruj@s antigu@s reclaman su incremento de conciencia como poder, sin saber muy bien qué es el poder.
L@s bruj@s del segundo ciclo, en consecuencia, encuentran en su camino la no violencia como el modo de incrementar su conciencia. No pueden pensar en causar daño o malestar a nadie, pues esto les desvía de su propósito, enturbia su vínculo de conexión con el intento. L@s bruj@s antigu@s están conectad@s indirectamente con el gran atractor natural del Universo: El bienestar.
En el Paraíso no significará nada la impecabilidad, pues tod@s seremos bruj@s modern@s y sabremos que el incremento de la conciencia no es un propósito u objetivo. Entonces, no tiene por qué haber nadie en el Universo que pretenda incrementar la conciencia, o que se ocupe de ello. La conciencia en el Universo es gratuita porque no es el producto de nadie. La conciencia surge espontáneamente del caos que es el Universo según la Ley de Generación de la Conciencia y, cuando alguien intenta organizar, el producto de sus actos es sólo orden y no organización.
Los seres atentos somos comandos de la Teoría General entre comandos de la Teoría General. No somos más importantes que el resto de ellos. Así, no hay ninguna diferencia entre el hecho de que un rayo sea la causa de nuestra muerte, o lo sea el atropello por un@ conductor@ borrach@. Amb@s, rayo y conductor@ borrach@, están al mismo nivel y, si bien podemos poner pararrayos y barreras entre la calzada y la acera que nos protejan de estos accidentes, no tiene sentido juzgar ala conductor@ borrach@ como no tiene sentido juzgar al rayo.
Los seres atentos no somos más importantes que el resto del Universo porque no hay tal resto, sino que los seres atentos abarcamos todo el Universo.
Los seres atentos no tenemos derechos. No tenemos derecho a limitar o condicionar la organización. No tenemos derecho a legislar ni ejecutar esa legislación, ni a juzgar según la misma. No tenemos derecho a dominar legislativa, ejecutiva o judicialmente. En fin, no hay poder legislativo, ejecutivo o judicial. Entonces, no hay estado que gobernar ni del cuál defenderse.
Si no hay dinero, no hay derechos económicos. Aquí se aprecia muy bien la enorme contradicción que supone medir el esfuerzo con la intención de hacer justicia. Tenemos los derechos de autor@, que consisten en la posibilidad de limitar la divulgación de la propia obra a quienes puedan y quieran pagar por su disfrute. Bien que pueda haber casos en los que ela autor@ quiera limitar la divulgación de su propia obra, es absurdo hacerlo por motivos económicos. Lo lógico, natural y general es que el interés dela autor@ coincida con la máxima divulgación de su obra, sin límite alguno.
En el Samsara hay una clara diferenciación entre la actividad productora de bienes de consumo y servicios, que se realiza con esfuerzo, y la obra artística pero, ¿en qué condiciones se realiza el arte? La inspiración se presenta cuando hay tiempo libre por delante, en ausencia de prisa, cuando hay relajación, cuando se consigue la postura más cómoda y, desde luego, cuando se logra dejar de pensar en los problemas, o se piensa en ellos para expresarlos en la obra pero, en todo caso, el arte requiere la no realización de esfuerzo.
Estas condiciones son precisamente la ausencia de condiciones. El arte se produce cuando se actúa en función de la voluntad porque el arte es la expresión del nagual. Entonces, la inspiración es el proceso de dejar manifestarse al nagual.
Si el Paraíso es todo nagual, toda obra en el Paraíso es artística. Desde hacer pan hasta tallar la más bella escultura, pasando por ir a la luna, serán tareas artísticas porque se desarrollarán en ausencia de condiciones, y serán organización.
Para que la producción sea realmente artística, no debe haber condiciones en la distribución, así como en la producción. Quiero decir con esto que un@ bruj@ modern@ ofrecerá la obra de su trabajo sin poner ninguna condición a su receptor@, salvo el ocasional racionamiento de productos escasos, pero no negará su producto debido al color de la piel, edad, sexo, procedencia o actividad laboral o ausencia de ella. El Paraíso es el mundo de la felicidad que “mescalito” muestra a Carlos Castaneda, donde no hay diferencias porque nadie pregunta por las diferencias. Don Juan cree que este mundo no es posible, pero es que él cree que hay razón para nuestra existencia.
Los seres atentos, en definitiva, no tenemos derecho a causar daño o malestar a nadie. Así alguien haya matado, violado o torturado, nadie tiene derecho a matar, violar o torturar a consecuencia de ello, como el primero no tubo derecho a hacerlo. En ningún caso, en ninguna circunstancia, en ninguna situación hay justificación para causar daño o malestar a nadie. Y esto es así porque no es posible reparar el pasado.
El Segundo Principio de la Termodinámica, el hecho de que el Universo se esté desordenando, implica que todos los procesos en el Universo son irreversibles. No es realizable volver atrás en el tiempo, pues para ello habría que ordenar el Universo, y eso es sencillamente imposible. Podemos limpiar el polvo de una tabla, pero la tabla no será la misma que antes de caerle el polvo, se habrá ensuciado, desgastado y envejecido. Pero eso no es todo, sino que quien limpia el polvo tampoco es ela mism@ antes que después: Ha gastado energía y ha envejecido. En todo el conjunto del proceso ha aumentado la entropía del Universo, el desorden, y no se puede recuperar el estado anterior. En consecuencia, no hay justicia en el Universo, nunca la ha habido y nunca la habrá, pues no se puede reparar el pasado. Ésta es la razón de que siempre que alguien pretende hacer justicia, lo único que se le ocurre es perjudicar a alguien, causarle malestar de algún modo, resultando la justicia siempre en un desatino. Por otro lado, nadie sale nunca beneficiado por la justicia. De aquí la curiosa maldición gitana “Pleitos tengas y los ganes”.
Así, cuando un ser humano de izquierdas intenta ser impecable defendiendo los derechos humanos, se pierde en el camino al pretender juzgar a l@s violador@s de los mismos. En ese momento se hacen evidentes dos cosas: Primero, que castigar a alguien no beneficia a nadie y, segundo, que no se puede vencer a la derecha con sus mismas armas, porque entonces, la izquierda pasa a ser la derecha. De tal modo, los juicios a violador@s de derechos humanos se convierten rápidamente en una farsa en la que la derecha se reafirma en sus violaciones en la sagrada misión de salvar el Samsara, y la izquierda no acierta a debatir este argumento porque no contempla la posibilidad de salir por completo del Samsara. En consecuencia, el juicio pasa a ser acusaciones de falta de impecabilidad por ambas partes: Quien sea impecable, que tire la primera piedra. Pero esto no tiene sentido porque, cuando se es realmente impecable, ya no queda ningún interés en tirar piedras. Ni si quiera queda interés en la impecabilidad.
Por no tener derecho, los seres atentos no tenemos derecho ni a la vida.
En muchas ocasiones, generalmente cuando lo reclama la derecha, lo que se está defendiendo es el derecho a la vida, que es de donde emanan todos los demás derechos.
El derecho a la vida es el derecho a mantener la absurda idea del mundo y la actitud acorde con ella a pesar de malestares y sufrimientos propios y ajenos. Cambiando un poco las palabras, el derecho a la vida es el derecho a mantener la absurda idea del mundo y la actitud acorde con ella a pesar de estar violando la voluntad propia y ajena, de estar sacrificándola.
Esto es lo que recibe el nombre de libertad, que es el derecho a mantener invertidas razón y voluntad, cuando la libertad es tener la posibilidad de cambiar la idea del mundo ajustándola a la realidad para evitar en lo posible el malestar y sufrimiento propio y ajeno. La libertad la desarrolla la voluntad cuando está en primer término.
La vida, como la organización, es gratuita, pues la vida es organización.
La vida es gratuita porque no tenemos que hacer nada para obtenerla, sencillamente, nos encontramos con ella. Los individuos somos manifestaciones del espíritu: Casuales acumulaciones de casualidades. Somos fruto del azar del caos, y nuestra muerte será fruto del azar del caos. No hay nadie a quién reclamar ni del que emane el derecho a la vida ni ningún otro derecho.
Cuando no se tienen derechos no hay nada que defender. Esto no está en contradicción con el instinto de supervivencia del nagual. En el Samsara, la violencia es abundante. Si en el Samsara te dan una bofetada, la regla es devolverla más fuerte, bajo la pena de ser considerad@ cobarde. Así, en el Samsara se producen escaladas de violencia.
La postura de Jesús de Nazaret a este respecto es poner la otra mejilla. Esto es sencillamente irrealizable pues, dada la enorme violencia del Samsara, quien practica este comportamiento se lleva de bofetadas hasta la muerte, como le ocurrió al protagonista. Así, l@s cristian@s citan esta máxima, pero no la practican.
L@s bruj@s del segundo ciclo, lo que hacen es quitarse de en medio del camino de l@s demás. Así, reciben muy pocas bofetadas. No obstante, si reciben alguna, no la devuelven, sino que se apartan para no recibir la siguiente. A no ser que utilicen el incidente estratégicamente para incrementar la conciencia. Pero éste es otro asunto.
Esta postura es sin duda la mejor dada la existencia del Samsara. Aunque no es fácil. Es un gran logro individual y colectivo que pertenece a la técnica desarrollada por milenios y transmitida de generación en generación. Al fin y al cabo, lo que consiguen l@s bruj@s antigu@s es independencia y autonomía y, gracias a éstas, pueden apartarse del camino de l@s demás.
Pero si no existe el Samsara, la situación es muy distinta. Al ser muy escasa la violencia en el Paraíso, todos los seres humanos seremos muy sensibles a ella, pues no habremos aprendido a ignorarla, como hacemos ahora. Entonces, las bofetadas serán muy escasas y el asunto terminará en ese mismo acto pues, bien un@ de l@s implicad@s se apresurará a decir que no lo volverá a hacer, bien un@ de ell@s pondrá tierra de por medio, quizá l@s dos.
Esto será muy fácil en el Paraíso, pues el Paraíso es el terreno de las plenas independencia y autonomía. Cualquier persona podrá rehacer su vida en otro lugar sin ningún problema, con la única excepción de l@s niñ@s pequeñ@s, que serán dependientes de sus padres.
Por esta excepción de l@s niñ@s pequeñ@s y otras circunstancias que puedan darse, aún habrá algunos mínimos casos que no se resuelvan de manera tan sencilla.
Tomemos un ejemplo de un caso real sucedido en el Samsara: La primera sesión de psicomagia realizada ante las cámaras por Alejandro Jodorowsky, un sabio curandero del que hablaré más en este libro.
Jodorowsky, entrevistado por Fernando Sánchez Dragó en el programa Negro sobre blanco, atiende a una mujer de 32 años, que se reserva su identidad, y a la que llaman Laura, que recuerda cómo a sus 3 años de edad sufrió los abusos sexuales reiterados de una maestra.
La clave para diferenciar la situación entre Samsara y Paraíso está en la palabra reiterados. En el Samsara, Laurita está obligada a asistir a la clase de la maestra M. Para romper la reiteración del abuso, tiene que intervenir la autoridad. Primero, Laurita tendría que contárselo a su padre o madre, y estos ala director@ del colegio. Habría que hacer un expediente, etc. En el Paraíso, Laurita es libre y sabe dos cosas: Primero, que puede mantener relaciones de todo tipo con quien quiera que le corresponda en su deseo, e igualmente l@s demás con ella y, segundo, que no tiene por qué admitir ninguna relación que no le produzca satisfacción, ni si quiera la asistencia a clase.
De tal modo, la secuencia de hechos podría ser como sigue: La maestra M se sentiría atraída sexualmente por Laurita, y le haría una insinuación, una caricia o una mirada. Si Laurita corresponde a M en su deseo, ambas tendrán una relación sexual consentida, y tod@s content@s. Si Laurita no corresponde a M, M desistiría, y tod@s content@s. Pero ahora supongamos que M no desiste y comete un abuso leve sobre Laurita. Entonces, Laurita, sencillamente, dejaría de asistir a la clase de M, pudiendo comentarlo o no con sus padres, quienes le aconsejarían eso precisamente, dejar de ver a M, y tod@s content@s. Si M insistiese en su actitud violenta hacia otr@s niñ@s de la clase, sencillamente, se quedaría sin alumn@s, y tod@s content@s.
Pero consideremos el hecho harto improbable en el Paraíso de que M cometa antes o después una agresión sexual grave, como realmente ocurrió en el Samsara, en el que Laura recuerda cómo M le introduce un puntero en la vagina, produciéndole dolor y una pequeña hemorragia.
Las circunstancias de este acto en el Samsara fueron, a parte de la obligación de Laurita de asistir a la clase de M, la desconfianza de la misma respecto de sus padres y resto de maestr@s, por lo que no dijo nada a nadie.
A consecuencia de ello, Laura arrastró un trauma toda su vida hasta que Jodorowsky interviene con su poder de curandero. Pero esto es otro asunto que trataré más adelante.
En el Paraíso es impensable que con 3 años de edad, una niña se guarde para sí una experiencia como ésta. Tendría cerca a sus padres así como otr@s maestr@s, sin la separación que implica la obligación que imponen adult@s a niñ@s, causa del abismo entre generaciones. En el Paraíso, Laurita le contaría lo sucedido a su padre o madre, y la actuación de cualquiera de ell@s podría ser como se describe a continuación:
Primero, escuchar atenta y pacientemente a Laurita, y comunicarle claramente que no tiene que soportar en ningún caso relaciones no consentidas por ella misma, mucho menos de esta índole, y asegurarle que ese mismo hecho no volverá a producirse.
A continuación, llevarla al médico, explicándole detenidamente que es por si tuviese alguna lesión en la vagina.
Una vez escuchada, curada y tranquilizada Laurita, iría a ver a M, invitándola a abandonar la ciudad.
Lo más probable es que M aceptase a marcharse, llevando tras de sí una experiencia insatisfactoria, por lo que no repetiría un acto semejante. Laurita, después de esperar en casa a que M se vaya, reanudaría su vida habiendo comprendido y quedando satisfecha, y sin desarrollar ningún trauma. Y tod@s content@s.
Ahora supongamos que M no quiere marcharse. Bien lo niega todo, bien se reafirma en su violación. Entonces se presentan dos opciones: Primero, irse con Laurita a otra ciudad. Esta opción es muy clara cuando l@s implicad@s en el conflicto son adult@s. Poner tierra de por medio siempre es una buena solución cuando no se pretende reparar el pasado, pero para una niña de 3 años de edad puede ser muy difícil asimilar la retirada sin crear el trauma de haber sido expulsada o echada del colegio o, de algún modo, sentirse culpable por lo sucedido.
Hay una segunda solución al problema. Es drástica y rigurosamente falta de compasión con Laurita, su padre o madre y con M, pero posible en el Paraíso: Matar a M.
En el Paraíso no tiene sentido causar malestar o sufrimiento a nadie, en ningún caso. Tampoco tiene sentido en el Paraíso entablar una larga lucha en la que un@ salga vencedor@ y otr@ vencid@. No tiene sentido una batalla publicitaria a favor o en contra de M, o ponerla en una lista de violador@s. No tiene sentido juzgar a M para declararla culpable o inocente, ni ocuparse de que no pueda repetir su violación con otr@s niñ@s. Por un lado, ya M siente la insatisfacción de su acto. Por otro, la vida tiene riesgos para tod@s, pretender eliminar por completo esos riesgos sería contraproducente, pues resultaría orden y no organización. Ahora bien, La muerte tiene pleno sentido en el Paraíso. La muerte es un racimo de comandos de la Teoría General y es susceptible de ser manejada. Es una opción más a tener en cuenta, tanto por violador@s como por violad@s.
Matar es muy fácil. Resulta difícil en el Samsara por el inconveniente de ser descubiert@, perseguid@, juzgad@ y encarcelad@ o matad@, pero no hay persecución en el Paraíso. Bastaría con una puñalada en el corazón por la espalda en un momento de descuido.
Esto puede parecer deshonroso, injusto e indigno, pero no hay honor, justicia o dignidad en el Paraíso, pues estos son conceptos creados para la defensa del tonal.
El acto de matar a M no es una venganza o ajuste de cuentas. L@s padres de Laurita no se sentirían ofendid@s en ningún momento por la violencia de M. No sentirían enojo o rencor. Tampoco es un acto que pretenda reparar el pasado. Matar a M es un acto que para una violencia insistente en el presente.
Matar a M no es un acto de defensa de ningún tonal. Por esto, la violencia pararía aquí, pues que algún familiar o conocid@ de M matase al padre o madre de Laurita sí sería una venganza o ajuste de cuentas, sí sería una defensa del tonal de M. Estaría defendiendo la vida de M a posteriori, el derecho de M a mantener e insistir en su violación.
Para terminar con este ejemplo diré que, mientras en el Samsara Laurita desarrolla un trauma para toda la vida, en el Paraíso Laurita aprende, porque se le explica todo el proceso, dos cosas entre otras: Primero, que no tiene que soportar la violencia de nadie en ningún caso y en ninguna circunstancia y, segundo, que la muerte nos acecha a tod@s: Podemos morir en cualquier momento y por cualquier causa, y que la violencia puede llevarnos a la muerte sin ninguna compasión, pues no hay compasión en el Universo.
Existe la posibilidad de que M fuese inocente. Primero, es arto improbable que no se descubra esto en el Paraíso antes del desenlace. Segundo, podemos morir por cualquier causa, incluso por un error tan lamentable como éste.
Hay que tener presente en todo este asunto de matar para frenar la violencia que quien quiera matar a alguien tendrá que hacerlo por sí mism@, a no ser que sea un@ niñ@, pues en el Paraíso no hay dinero con qué pagar u obligar a nadie a hacer nada, mucho menos a matar.
En fin, si no hay tonal, éste no tiene que ser impecable para ajustarse a los designios del nagual pues, cuando sólo hay nagual, no hay más que poder en el Universo. No hay propósito u objetivo o finalidad. Lo único que nos queda por hacer es sentirnos bien y, para esto, el tonal sobra.
Al principio las ideas que estoy exponiendo le podrán resultar descabelladas, crueles y hasta sacrílegas. No son descabelladas, sino lógicas y armoniosamente sencillas, no son crueles, sino rigurosamente faltas de compasión, y sí son sacrílegas porque echan por tierra la parte sagrada de la absurda idea del mundo de todos los seres humanos, es decir, la parte que no están dispuest@s a someter a la crítica; pero a medida que usted se vaya dando cuenta de que el Paraíso no es sólo posible, sino también extraordinariamente bello, como lo es el Universo, se irá dando cuenta igualmente de la tremenda fealdad de la Condición del Samsara.
La Condición del Samsara es tremendamente fea porque tod@s queremos trabajar. Queremos trabajar l@s roj@s, l@s amarill@s, l@s negr@s y l@s blanc@s; queremos trabajar las mujeres y los hombres; l@s niñ@s y l@s adult@s; l@s tont@s y l@s inteligentes; hasta l@s loc@s queremos trabajar.
La fealdad de la Condición del Samsara radica en el autoengaño que supone pensar que, ya que tod@s queremos trabajar, da igual si estamos obligad@s a ello, cuando la diferencia es abismal. La obligación de trabajar, aparte de hacernos trabajar mucho más de lo necesario, o hacer cosas que de otro modo no haríamos, convierte todo lo humano en falso. Así, la vida es una continua e infructuosa búsqueda de lo verdadero.
El participante en el Samsara se da muy bien cuenta de lo repugnante de vender cuando el producto está prohibido por las condiciones puestas a la organización, como cuando se vende el cuerpo para el placer sexual, o cuando se venden drogas. En estos casos, el participante en el Samsara vierte todo su desprecio sobre las personas que lo practican, y no se da cuenta para nada de que vender una lavadora es igualmente repugnante porque, tanto si el producto está prohibido como si no, lo que se vende es el esfuerzo, el malestar que resulta de la obligación de trabajar.
Quien vende su cuerpo está vendiendo su malestar al practicar sexo con quien no le atrae sexualmente; quien vende droga está vendiendo el malestar que le produce el riesgo de dar con sus huesos en la cárcel; y quien vende una lavadora está vendiendo el malestar de quien trabaja 8 ó 10 horas ya le apetezca o no. Puta y chapero, camell@ y traficante, operari@ e ingenier@, son tod@s prostitut@s porque la Condición del Samsara nos convierte a tod@s en prostitut@s automáticamente al obligarnos a vender el producto de nuestro trabajo, convirtiendo el trabajo en sacrificio.
La Condición del Samsara es feísima porque es el origen mismo de la violencia. Vamos a llamar violencia primaria a la que se deriva directamente de la Condición del Samsara.
La violencia primaria empieza cuando la madre obliga a comer a su hij@, sigue cuando un individuo o grupo pretende gobernar un territorio, y terminará, bien cuando aniquilemos la vida sobre la Tierra, bien cuando revoquemos en la práctica y definitivamente la Condición del Samsara.
 La violencia que radica en la Condición del Samsara consiste en su carácter sectario: El hecho de no poder dejar de ingresar en el Samsara y, sobre todo, el hecho de no poder salir de él.
Este carácter sectario se reproduce en todos los fractales del Samsara, como son la familia, la patria, toda orden religiosa y, en general y en mayor o menor medida, toda institución humana en el Samsara tiene carácter sectario.
La madre que obliga a comer a su hij@ le está obligando a ingresar en el Samsara. El marido que mata a su mujer cuando ésta pretende abandonarlo está impidiéndole dejar la familia. Ela polític@ que no admite a trámite la petición de independencia de un territorio está impidiendo a l@s habitantes del mismo salir de la patria. Y tod@s conocemos el carácter sectario de las órdenes religiosas, por eso se llaman sectas, que luchan a veces hasta la muerte por que ningún miembro salga de ellas.
Tod@s sabemos qué es la violencia. Tod@s sabemos lo que es hacer el bien o el mal. Es muy sencillo. Si la persona implicada experimenta alegría, bienestar, satisfacción a consecuencia de nuestros actos, estamos haciendo el bien. Si la persona implicada experimenta tristeza, malestar, insatisfacción a consecuencia de nuestros actos, estamos haciendo el mal.
Si la madre hace el mal a su hij@ al obligarle a comer, produciéndole un nudo en el estómago cada vez que se dispone a ello, y convirtiendo su vida en un infierno al privarle del placer de comer y sustituirlo por un esfuerzo; si un@ polític@ hace el mal con un territorio al impedirle que se gobierne a sí mismo, produciendo malestar a sus habitantes al privarles de sus propias decisiones; madre y polític@ están violando la voluntad ajena sabiendo que lo están haciendo, y justifican su violación con el propósito sagrado de mantener en pie el Samsara. Madre y polític@ son agentes sociales con la misión de cobrar el sacrificio correspondiente al ingreso y permanencia en el Samsara. Y a esto le llaman bien.
Para hacer el bien es preciso autoridad. La razón invertida de la madre viola la voluntad de su hij@ mientras ela niñ@ no es capaz de hacerlo por sí mism@, es decir, mientras ela niñ@ no ha invertido su razón. El caso dela polític@ es un poco distinto porque está tratando con adult@s, personas que ya han invertido su razón. Aquí, la razón invertida dela polític@ somete a la razón invertida dela habitante del territorio en cuestión para que ést@ viole su propia voluntad.
La autoridad es la determinación de la razón invertida de que la voluntad ajena quede violada como garantía de que tod@s pagamos nuestro sacrificio, y el Samsara puede seguir en pie.
La violencia primaria es totalmente arbitraria. Puede ser muy suave y, entonces, el ingreso y permanencia en el Samsara se hace llevadero; o puede ser todo un tormento, como la madre que acusa a su hij@ de 3 años de edad de tomarle el pelo, y le grita repetidamente, con un tono muy desagradable y autoritario, que coma; llevando ala niñ@ a un estado de tensión insoportable que le impide comer.
La violencia primaria llega a veces a niveles insoportables para ela violad@ porque tiende a incrementarse por sí misma, sin que ela niñ@ oponga apenas resistencia. Sencillamente, al no conseguir el objetivo con su esfuerzo, en vez de dejar de esforzarse, la madre, como participante en el Samsara, piensa: Tendré que esforzarme más. Y le grita más fuerte y más desagradablemente a su hij@.
Por otro lado, la madre obtiene todo el apoyo social en su violencia. Primero del padre que, no sólo opta por la no intervención, sino que también participa en la violencia hacia ela niñ@ al exigirle que coma. Después, de toda la familia, abuel@s, tí@s y, más adelante, de toda la sociedad, pues la madre ejerce su violencia para que ela niñ@ cumpla con los requisitos del Samsara, como ir al colegio a la hora socialmente convenida.
Lo habitual, lo normal es que ela niñ@ así tratad@, sea suave o tormentosamente, asimile esta violencia primaria, acepte el sacrificio y, al crecer y tener hij@s, repita esta misma violencia con ell@s. En otras palabras, la violencia primaria se transmite de generación en generación, y con tendencia a incrementarse de una a otra, pues cada madre se siente la mujer más lista del mundo y, desde luego, pretende superar a su propia madre en la sagrada tarea de educar a su hij@.
En fin, la violencia primaria surge de la misma constitución del Samsara. No importa que el Samsara sea de un modo u otro, sino sólo que esté constituido.
Se define la violencia secundaria como la respuesta directa a la violencia primaria.
No importa si la violencia primaria es suave o tormentosa, ela niñ@ probará distintos comportamientos para esquivarla, evitarla o pararla. Si ela niñ@ realiza un acto de violencia contra la madre, está surgiendo la violencia secundaria.
Quede claro que la violencia secundaria es realmente un aviso de que se está dando violencia primaria. Un@ niñ@ no pega a su madre por capricho, sino porque está siendo violad@ por ella. Si la madre supiese esto, cesaría o disminuiría su violencia primaria y ela niñ@ no repetiría su acto de violencia secundaria. Pero la madre no quiere ni entrar a considerar esta posibilidad. Por el contrario, ejerce sobre ela niñ@ su violencia terciaria.
El caso dela polític@ que no tramita la petición de independencia de un territorio sigue la misma progresión. La violencia primaria es el empeño en evitar la desordenación. Evidentemente, una patria grande y unida es más ordenada que dos pequeñas.
La violencia secundaria comienza cuando l@s independentistas, l@s que tienden a desordenar, matan para reclamar el cese de la violencia primaria, y se tramite su petición.
L@s nacionalistas, l@s que no admiten a trámite la desordenación, en vez de tomar la violencia secundaria en lo que vale, un aviso de que hay violencia primaria, y cesar en ella, pasan a la violencia terciaria.
Se define la Tiranía como el manejo de la circunstancia de estar dentro o fuera del Samsara, es decir, el manejo de la Condición del Samsara.
Con esta definición, todo participante en el Samsara practica la Tiranía, pues en eso consiste su participación. Y lo que maneja inicialmente es su propio ingreso y permanencia en el Samsara, es decir, un individuo o grupo, primero se tiraniza a sí mism@ y, después, y en función de este elemento como justificación, a l@s demás. Aunque lo más común es que haga trampa en su justicia, y se sacrifique mucho menos de lo que sacrifica a l@s otr@s.
Éste es el significado que toman l@s bruj@s del segundo ciclo para la Tiranía, pero sin saber de la Condición del Samsara. Ell@s consideran, como prueba de que se está produciendo Tiranía, el malestar que causa una persona a las que la rodean, y hacen una cómica clasificación de estas personas.
Mientras una persona sólo ejerce violencia primaria, no adquiere méritos para ser llamad@ pinche tiran@. La madre más brutal y cruel con su hij@ apenas puede ser calificada de repinche tirana. Para ser un@ pinche tiran@ propiamente dich@ hay que ejercer violencia terciaria. Éste es el significado que entiende el participante en el Samsara que considera la Tiranía, es decir, ela que es de izquierdas, pues quien es de derechas es ela pinche tiran@, y no lo reconocerá nunca, llevará su Tiranía hasta la muerte propia y ajena.
La violencia terciaria o Tiranía propiamente dicha consiste fundamentalmente en tres aspectos:
Primero, reafirmar la violencia primaria. La madre se reafirma en la sagrada tarea de educar a su hij@, y ela polític@ se reafirma en su sagrada tarea de mantener unida la patria.
Segundo, y haciendo gala de un gran cinismo, negar la violencia primaria. La madre niega que sus gritos y exigencias sean violencia, y ela polític@ niega que lo sean sus bloqueos a la petición de independencia en el sistema político vigente en esa patria.
Y, tercero, invalidar ala violad@ en base a su violencia secundaria. La madre y ela polític@ ponen a sus violad@s la etiqueta de violent@s, o terroristas, e ignoran sus peticiones de cese de la violencia primaria, ignoran los deseos y sentimientos que expresan sus actos violentos.
La justificación que emplea el participante en el Samsara de derechas para ejercer esta violencia terciaria es, una vez más, mantener en pie el Samsara, mantener el orden. Así, l@s pinches tiran@s suelen decir de otr@s pinches tiran@s y de sí mism@s que son o eran gente de orden.
Una persona que ejerce sólo violencia primaria, un@ repinche tiran@ como máximo, respeta la ley, se siente apoyad@ por ella y contribuye al desarrollo de la misma aportando su granito de arena. Ela pinche tiran@ usa la ley a su antojo, la modifica a su gusto, se la salta cuando lo considera oportuno, y se siente portador@ de una misión para la que éla mism@ es imprescindible: Mantener e incrementar el orden.
Un@ pinche tiran@ no se entretiene en la violencia primaria, sino que suele tratar a tod@s sus dominad@s directamente con violencia terciaria aunque no hayan realizado violencia secundaria. Se curan en salud, por decirlo de algún modo.
Éste es el punto, cuando la violencia se hace insistente, en el que una solución podría ser matar ala pinche tiran@. Por ejemplo, ela niñ@ podría clavarle un cuchillo en el corazón a su madre por la espalda en un momento de descuido. Sin embargo, en el Samsara está terminantemente prohibido matar. Entonces, si se mata para desordenar, como lo haría ela niñ@ del ejemplo, se sufrirán terribles castigos, pero si se mata para ordenar o mantener el orden, como lo hace un@ pinche tiran@, la muerte se asume como sacrificio para el mantenimiento del Samsara.
L@s bruj@s del segundo ciclo son o eran maestr@s en el arte de tratar con pinches tiran@s. De hecho, ela pinche tiran@ es un elemento casi imprescindible en el aprendizaje de un@ bruj@ del segundo ciclo en el propósito de incrementar la conciencia. Tanto es así que, si no l@ encuentra en su camino, tiene que salir a buscarl@. Ponga un@ pinche tiran@ en su vida y encontrará conocimiento.
Desde luego, el ejercicio consiste en derrotar ala pinche tiran@, lo que supone generalmente su muerte. Cuando un@ bruj@ del segundo ciclo ha derrotado a su pinche tiran@, está list@ para enfrentarse a lo desconocido.
Ya que l@s bruj@s del segundo ciclo creen que hay razón para nuestra existencia, pueden vivir en un mar de tiranía. No se plantean acabar por completo con ella, no está a su alcance tal propósito. Lo anhelan sin expresarlo claramente, y saben que para ello habría de surgir un nuevo ciclo.
En el Samsara, quien ostenta la autoridad tiene la sagrada misión de hacerla triunfar cueste lo que cueste, incluidas la tortura y la muerte ajenas y propias. Y puede llegar en su violencia terciaria a niveles brutales, como la crucifixión y la quema en la hoguera.
En la actualidad, la violencia terciaria no llega a tanto sadismo, aunque algun@s intentan volver a él. Pero esto es otro asunto.
Ahora los métodos de aplicación de la autoridad son más sofisticados, aunque igual de crueles. Podemos ver, en un reportaje emitido por televisión, en el programa Documentos TV, hace algún tiempo, cómo en Europa, por ejemplo, hay centros de apoyo a la Tiranía de las madres sobre sus hij@s. Centros de internamiento parcial o total en los que la estrategia consiste en convencer ala niñ@ de que no tiene más opción que someterse a la autoridad de la madre, así como adiestrar a ésta para que no ceda ni un ápice en el ejercicio de la autoridad. Y esto con la complicidad de padres, toda la sociedad y l@s reporteros en especial.
Pero veamos un ejemplo de comportamiento supuestamente trastornado de un niño de 7 u 8 años de edad que presenta este reportaje. La queja de la madre, y lo que filman l@s reporteros, es que el niño se niega a dar un paseo con su madre donde y cuando ella quiere. ¡¿Será posible que tod@s l@s que participaron en el reportaje y tod@s l@s que lo vieron estén de acuerdo en violar la voluntad de un niño de 7 u 8 años y sacrificarla al capricho de una madre?! Esta mujer, si quiere pasear con cualquier persona, tiene que recabar su consentimiento. Dada la miseria del Samsara, pasear acompañada le resultará muy difícil e improbable. ¿Por qué su hijo está obligado a complacerla? ¿Por qué el niño tiene que sacrificar su deseo y no puede elegir qué hacer y cuándo?
En este caso, la violencia terciaria llega hasta la brutalidad de drogar al niño en contra de su voluntad. Es curioso cómo las drogas son prohibidas cuando se utilizan para producir bienestar, pero l@s pinches tiran@s las usan a su antojo para producir malestar.
La violencia terciaria dela polític@ que no admite a trámite la petición de independencia de l@s habitantes de un territorio se manifiesta, además de en la persecución, encarcelamiento y tortura, en la limitación de los derechos que la democracia representativa otorga a l@s miembros de la patria, como los derechos a la libertad de expresión, reunión y manifestación; en la ilegalización de partidos políticos y, en fin, en la invalidación del mensaje original de petición de independencia, así como de tod@s l@s que lo subscriben, etiquetándol@s de terroristas y violent@s.
Al ejercer esta Tiranía, ela polític@ da la vuelta a todo el asunto: Llama nacionalistas a l@s independentistas, cuando es éla ela que quiere una nación grande y unida; se llama a sí mism@ demócrata, cuando es éla ela que está limitando la democracia; y se anuncia perseguid@ y violad@, cuando es éla ela que persigue y viola en primera instancia.
Planteada así la situación, la única opción que le queda al tonal de l@s independentistas es ser impecable. Esta opción la tiene el tonal de l@s independentistas, pero no el de l@s pinches tiran@s pues, para ell@s, ser impecable sería reconocer el derecho a la independencia de los territorios, tal como un grupo de amig@s acepta que un@ de ell@s abandone la asociación sin explicaciones, en cualquier momento y en cualquier circunstancia, si este grupo no se ha constituido en secta; y tal como está expresado en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Adoptado y abierto a la firma, ratificación y adhesión por la Asamblea General de la ONU en su resolución 2200 A(XXI) de 16 de diciembre de 1966. Entró en vigor el 23 de marzo de 1976, de conformidad con el artículo 49. Y que, en su artículo 1, punto 1, dice:
“Todos los pueblos tienen derecho a la libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen así mismo a su desarrollo económico, social y cultural.”
El tonal de l@s independentistas podría ser impecable cesando su violencia secundaria, citando este artículo y reclamando un referéndum territorial en el que se pregunte: Independencia sí o no, pero esto es extraordinariamente difícil. Para que un tonal sea impecable necesita la asistencia de un nagual del segundo ciclo de la brujería para incorporar toda su tradición. Hacer esto sin ser bruj@ es impensable.
En vez de ello, l@s independentistas se entregan a actos de barbarie en su violencia secundaria que no consiguen más que reafirmar la resistencia de l@s nacionalistas, quedando ambos grupos pegados a la violencia como una mosca se queda pegada al cristal de una ventana. L@s nacionalistas reafirmándose en su determinación de no permitir una mínima desordenación. L@s independentistas en la suya de no renunciar a la lucha.
Sin embargo, este complicado y tremendo problema para el tonal, es elemental, sencillo y fácil para el nagual.
El Paraíso, el mundo del nagual, es el terreno de las plenas autonomía e independencia de los individuos. No hay polític@s ni patrias, grandes o pequeñas, en el Paraíso. Y nadie tiene derecho a nada en el Paraíso, nadie tiene derecho a gobernar, y los territorios serán siempre independientes.
Trabajar no tiene nada de malo. El trabajo, cuando es libre, es estímulo para la creatividad, para el nagual y, como sugirió un anarquista que vivió la revolución española del 36, el trabajo es la única y verdadera riqueza de que disponemos, pues toda riqueza se deriva del mismo. Lo nefasto, lo repugnante, lo que nos hace tremendamente infelices a tod@s es la obligación de trabajar, de la que se derivan todas las demás obligaciones.
Trabaje usted en lo que quiera, cómo, cuándo, dónde y por el tiempo que quiera, y deje a l@s demás hacer lo mismo. De este modo, la humanidad será un sistema caótico auto ajustado donde todo será verdadero y abundante, y tod@s seremos amig@s y colaborador@s, pues sabremos que el trabajo ajeno se hace siempre de buen grado, como el propio. Y la energía se auto distribuirá según nuestras necesidades y preferencias sin derrocharse, al contrario de lo que ocurre en el Samsara. Piense en toda la energía que se pierde en, por ejemplo, una compañía de seguros. Todo ese trabajo completamente inútil.
Tod@s sabemos que en la actualidad la Tierra puede acoger cómodamente a toda la población humana. El que esto sea una utopía o una realidad es sólo una cuestión de organización.
1000 tonales, los más listos, podrían buscar con total dedicación la organización mágica que nos permitiese alcanzar la utopía y sólo encontrarían orden y miseria. Realmente es esto lo que está pasando una y otra vez. Sin embargo, para llegar al nagual, lo único que hay que hacer es soltar amarras. Y esto no es hacer algo, sino dejar de hacerlo, pues mantenemos las amarras con nuestro esfuerzo. Las amarras son las condiciones puestas a la organización, ya que tienen la función de mantener el orden. Entonces, no se trata de encontrar la organización adecuada sino, sencillamente, dejar de mantener el orden para que pueda surgir organización. Esta organización espontánea es la única válida pues, si la organización no es espontánea, no es organización, sino orden, y es siempre la obra del tonal y no del nagual.
El nagual, desde luego, es la utopía, el Universo desordenándose y organizándose, evolucionando mientras le quede orden que desordenar.
El Paraíso ha de alcanzarse en un solo acto, pues usted lucha porque l@s demás luchan, y exige cobrar su trabajo porque l@s demás también lo hacen. Así, usted no puede decidir dejar de luchar o cobrar su trabajo, pues moriría de hambre. En consecuencia, el único modo de entrar o llegar al Paraíso es que tod@s nos pongamos de acuerdo en hacerlo a la vez, en un solo acto.
Piense que de la obligación de trabajar se deriva la obligación de competir, de la que se deriva la obligación de luchar, pues la competición nos convierte a tod@s en enemig@s de tod@s, y a tod@s en enemig@s del planeta, lo que, con alguna o bastante probabilidad, será la causa última de la aniquilación de toda la vida en la Tierra cuando el sistema caótico que es Gaia (La Tierra como ser vivo) colapse y muera a consecuencia de la miseria a la que la estamos llevando con nuestra competición. Es nuestra competición la que tala y quema los bosques, la que llena de CO2 la atmósfera, la que acumula residuos radiactivos, etc.
El participante en el Samsara mantiene con su esfuerzo la creencia en que, si un ser humano no está obligado a trabajar, no trabajará. Actualmente se está demostrando que esto es rigurosamente falso. Las nuevas tecnologías, en especial la informática e Internet, están dando la oportunidad de que se produzca trabajo gratuito, trabajo que no es sacrificio. Hoy en día se pueden encontrar todo tipo de programas informáticos que se descargan e instalan sin ningún pago. Y no sólo esto, sino que algunos de ellos permiten acceder gratuitamente a todo tipo de obras musicales, literarias, cinematográficas y demás. En fin, Internet está iniciando la sociedad sin dinero, y no hay legislación ni guardia que pueda pararlo. La sociedad sin dinero no es sólo posible, sino que es inevitable.
Naturalmente, un ser humano, si no está obligad@, no se esforzará. A nadie se le ocurrirá trabajar 8 ó 10 horas diarias, 5 ó 6 días a la semana, todas las semanas de todos los meses excepto 1, y todos los años de su vida hasta la jubilación, en algo que no le satisface, bajo las órdenes de quien no le cae bien, etc. Sin embargo, es mucho lo que un ser humano puede hacer sin esforzarse, sin horario, sin ningún compromiso. Es más, el resultado de su trabajo, cuando no es sacrificio, será organización y no orden, y tendrá un rendimiento mucho mayor que el trabajo ordenado. Rendimiento en cuestión de bienestar producido, que empieza en quien realiza el trabajo. Además, todos los seres humanos podrán trabajar todo lo que quieran, sin esperar a que alguien les dé la oportunidad.
Para terminar este capítulo diré que no hay juicio final para salir definitivamente del Samsara. Ya que no hay justicia en el Paraíso, no hay juicio para entrar en él. Los juicios se producen cuando se intenta renacer en un nuevo tonal, en lo particular, o en un nuevo Samsara, en lo colectivo, pero si ya no se van a reconstruir el tonal o el Samsara, no tiene sentido ningún juicio.

 

Capítulo siguiente
Llegando al Paraíso