ÍNDICE
  1. El poder de la palabra y el tercer ciclo de la Brujería.
  2. La Verdad, el significado de la muerte.
  3. La luz empañada, el origen de la Tiranía.
  4. La sociedad sin dinero, la ausencia de justicia.
  5. El tercer elemento: La Locura.
  6. La Teoría del Punto de Encaje.
  7. Los caminos del conocimiento.
  8. Conocer al espíritu.
  9. El viaje del punto de encaje.
  10. Jesús de Nazaret y el amor.
  11. Los dos finales del Samsara.
  12. Otro globo es posible. No ser, no hacer.
  13. La transición.
  14. Del tercer al cuarto ciclo de la Brujería.
  15. Yo soy… en este acto.
  16. The answer, my friend, already isn´t blowing in the wind. (La respuesta, amigo, ya no está flotando en el viento).

CARTA DE DESCONSTITUCIÓN UNIVERSAL DE LOS SERES ATENTOS

 
INICIO

Capítulo tercero:


La luz empañada,
el origen de la Tiranía.


“…Yes, there are two paths you can go by,
but in the long run,
there’s still time to change the road you’re on...”

(…Ciertamente, hay dos caminos que puedas seguir,
pero a la larga,
siempre estás a tiempo de cambiar de camino…)

 

Esto dice la canción y, efectivamente, esto es cierto. Los dos caminos que se pueden seguir son la Clara Luz y la luz empañada. La Clara Luz es la Verdad, es decir, considerar, a la hora de construir nuestra idea del mundo, que no hay razón para nuestra existencia; y la luz empañada es considerar, con los mismos fines, que debe haber alguna razón para nuestra existencia.
Y, efectivamente, siempre se está a tiempo de cambiar de camino pues, y volveré sobre esta idea a lo largo del libro, sólo estábamos probando uno de ellos.
Hace 4 ó 5 millones de años, un mono comenzó a hacer excursiones por la sabana al reducirse su hábitat de arboleda. Buscaba, principalmente, termiteros en los que alimentarse. Para hurgar en ellos llevaba un palo o vara que encontraba en las zonas de arboleda. Al transportar este palo, caminaba sobre dos patas.
Esta teoría parece la más acertada pues, la más común, la que supone que el mono comenzó a caminar de pie para elevar su cabeza sobre la hierba y ver a su alrededor, choca con la realidad de que muchos animales se enfrentan al mismo problema, y lo que hacen es elevarse sobre dos patas para mirar, pero luego se ponen a cuatro para caminar. Basta con observar a los chimpancés en la actualidad para ver que caminan a dos patas cuando llevan herramientas en las manos.
En sus excursiones por la sabana, estos primeros seres humanos u homínidos encontraban carroña ocasionalmente. Al principio tenían que esperar a que terminasen de comer los leones y otros animales mejor dotados, pero pronto los homínidos aprendieron a tirar piedras para espantarlos y ser los primeros en disfrutar del festín.
Estos homínidos estaban en la posición del conocimiento silencioso, como lo estaban o están los monos, los leones o los osos.
El hecho de que el conocimiento silencioso sea una posibilidad es consecuencia de que el Universo es matemáticamente continuo, y de que los organismos somos el universo. Entonces, los organismos somos matemáticamente continuos. Así, las piedras lanzadas no se tuercen a mitad de camino, y la distancia que alcanzan no es arbitraria o caprichosa, sino que es directamente proporcional a la fuerza con la que son arrojadas, e inversamente proporcional a su masa. Estos son comandos de la Teoría General, y los homínidos eran comandos de la Teoría General que sentían con su voluntad los comandos que componían su mundo. De tal modo, estos homínidos podían reorganizarse al lanzar piedras una y otra vez, y aprender a dirigirlas sin palabras ni cálculos numéricos.
El conocimiento silencioso ofrece continuidad, una continuidad que podría describirse matemáticamente, como todo en el Universo, pero que la palabra también puede describir, pues puede ser muy precisa.
El intento crea una situación, la voluntad la siente y actúa en base a los elementos que el intento ha puesto a su alcance; este acto tiene una consecuencia, si la consecuencia satisface las expectativas de la voluntad, el acto se repite una y otra vez, de manera que se producen o generan más comandos de la Teoría General que se desordenan y organizan, y la situación evoluciona. Se ha producido más intento.
Podemos imaginar un grupo de homínidos en excursión por la sabana, en una zona que hubiera sido el lecho de un río y hubiese en ella abundantes cantos rodados, y encontrasen a uno o dos leones empezando a comer de su presa.
Ésta es la situación creada por el intento, y el homínido no tiene más que sentirla con su voluntad. Siente su hambre y la posibilidad de saciarla, y siente todos los elementos que hay a su alrededor, como las piedras. Y se impacienta mientras los leones comen, y prueba a ejecutar actos, como lanzar piedras.
Con esto conseguiría, al menos, poner en estado de alerta a los leones, que dejarían de comer al sentirse en peligro, lo que excitaría a todo el grupo de homínidos que lanzarían más y mejor dirigidas piedras, ahuyentándolos definitivamente.
Los homínidos podrían entonces saciar su hambre, produciéndose a sí mism@s satisfacción y placer, y repetirían el lanzamiento de piedras cada vez que el intento produjera una situación similar, y tendrían mayor o menor éxito, aprendiendo a manejar la situación.
Pero los homínidos tenían un problema añadido, y es que carecían de la dentadura adecuada para desgarrar la piel que envolvía la carroña. Así, cuando espantaban a los leones demasiado pronto, se quedaban sin comer.
Ahora la situación ha evolucionado, hay más intento, el generado por el comportamiento anterior de los homínidos. Ha habido piedras volando por el aire que han caído sobre otras piedras en el suelo, y alguna de ellas se ha partido, presentando un filo cortante. Los homínidos prueban a cortar la piel con todo lo que tienen a su alcance: Su dentadura, sus palos y, también, piedras partidas, si las encuentran.
La consecuencia es que, por fin, sacian su hambre, obteniendo satisfacción y placer y, de tal modo, el acto se repite, generando más intento.
La continuidad del conocimiento silencioso se ha desarrollado, hasta este punto, en el presente. Un presente continuo, cambiante en el tiempo, pero siempre presente.
Cuando un homínido lleva en la mano una piedra filosa que ha utilizado para cortar piel, y vuelve a encontrarse con la misma situación, y tiene éxito en saciar su hambre de nuevo, y vuelve a guardar y transportar la piedra filosa, está empezando a proyectarse al pasado y al futuro.
Esta proyección al pasado y futuro es el primer vestigio de razón e idea del mundo, y es posible por la capacidad de imaginación que desde los monos se ha ido desarrollando. Así, los homínidos pueden imaginarse a sí mism@s cortando piel con la piedra filosa en una situación que se producirá más adelante.
Esta idea del mundo incipiente ocupa un lugar en el universo: La mente. Una mente que, por el momento, es primitiva en el sentido de que pertenece al conocimiento silencioso. La continuidad de los procesos que se desarrollan en ella comienza y termina en el intento, como ocurría anteriormente, sólo que ahora hay pasado y futuro en el universo. En esta mente primitiva se produce la primera palabra propiamente dicha.
Antes de ser homínidos, cuando eran monos y caminaban a cuatro patas, estos animales ya tenían un sistema de gritos que expresaban su sentir respecto a la situación creada por el intento, como un grito para el peligro, otro para el hambre y, desde luego, tenían algún sonido para el placer, que emitirían ocasionalmente cuando estuviesen con el hambre y sed saciadas, tumbados a la sombra, sobre las ramas de un árbol. Pero ahora, el sonido que se emite representa una imagen en la mente primitiva: El homínido mism@  saciando su hambre en el pasado y futuro gracias a la piedra filosa. Más adelante, el sonido se asocia a la piedra filosa directamente, y ésta pasa a ser un objeto de poder: Un objeto que sirve para manejar el intento y que está descrito por una palabra.
Entonces, lo que describe la palabra es algo que todos los que la pronuncian comprenden directamente. Han visto una y otra vez cortar piel con la piedra filosa, y han probado a cortar ell@s mism@s y han tenido éxito, han saciado su hambre. En consecuencia, la palabra surge como descripción del conocimiento silencioso. De tal modo, la palabra es precisa y tiene poder, su desarrollo está ligado al éxito, y el éxito se mide en función del bienestar obtenido.
Así se van desarrollando la mente primitiva, el conocimiento silencioso y la razón. Muy despacio al principio. Los homínidos tardarán 2 ó 3 millones de años en tener una tecnología que les permita distinguirse como animales muy habilidosos, siendo ya los depredadores de mayor éxito. Tecnología como el hacha de mano, que procura golpes muy fuertes con los que pueden partir huesos grandes y duros, y comer el interior; y distintas herramientas de piedra, hueso y madera. Y con esta tecnología se extienden por toda África, Europa y Asia, aprendiendo poco después a manejar el fuego.
El último eslabón de este desarrollo se presenta en el ser humano de Neandertal, que vivió en Europa hasta hace, tan sólo, unos 35.000 años.
Han pasado 4 millones de años desde que el ser humano comenzó a preocuparse, es decir, a ocuparse de los sucesos antes de que ocurran. Ahora, el ser humano de Neandertal se preocupa de que haya carne de caza para todo el grupo, de que haya leña para asarla y calentarse hasta la siguiente ocasión que pueda recogerla, y se preocupa de tener descendencia suficiente y adecuada para satisfacer estas necesidades en el futuro. De tal modo, si nace un@ niñ@ a principios del invierno que va a absorber cuidados y alimentos de los que no va a disponer, sencillamente, l@ mata.
El ser humano de Neandertal cuida a l@s enferm@s, se preocupa de que tengan alimento y calor suficientes hasta su muerte o restablecimiento. Se preocupa de deshacerse de sus semejantes muertos arrojándol@s en simas o barrancos, o enterrándol@s en fosas poco profundas, de modo que no se acerquen otros animales al olor de la carne en descomposición. En fin, el ser humano de Neandertal se preocupa de satisfacer las necesidades que marca su desafío al Segundo Principio de la Termodinámica, es decir, de abastecerse del orden necesario para mantener e incrementar su organización, que es su vida, conciencia y atención, hasta la muerte, pero no más allá de ella.
El ser humano de Neandertal está aprendiendo a realizar una maniobra delicada, a proyectar su voluntad al pasado y futuro con su mente primitiva.
Supongamos que un individuo o grupo obtiene la satisfacción de su voluntad con un acto en el presente: Visita un arbusto en la época del año adecuada y obtiene sus frutos, con los que sacia su hambre por un tiempo. A continuación, su mente comienza a funcionar, realizando la siguiente hipótesis: Arbustos semejantes dan su fruto en la misma época del año. Ahora no tiene más que probar su hipótesis comparándola con la realidad. De tal modo, visita un arbusto semejante que ha visto en una excursión anterior, en un lugar lejano. Si encuentra el fruto en el nuevo arbusto, obteniendo satisfacción para su voluntad, la hipótesis se convierte en conclusión y pasa a formar parte de su idea del mundo como premisa. En consecuencia, la idea del mundo del ser humano de Neandertal se ha ampliado y le servirá para hacer nuevas deducciones para otros tipos de plantas. Entonces, la hipótesis es el medio en que el ser atento se proyecta al futuro.
Desde luego, si este individuo o grupo no hubiera encontrado fruto en el segundo arbusto, quizá por un  error de observación, tal vez, después de todo, no se trataba de la misma especie de arbusto, sino de otra parecida que da sus frutos en otra época, no habría satisfecho su voluntad, la hipótesis no se habría convertido en conclusión y no se habría incorporado a su idea del mundo. Este individuo o grupo tendrá que observar mejor en la siguiente ocasión para validar una hipótesis que, ya sabemos, es cierta. Entonces, la memoria es el medio en que el ser atento se proyecta al pasado para establecer una referencia: Si la anterior proyección al futuro era correcta o no.
El ser humano de Neandertal, con este proceso en su mente primitiva, está constituyendo una idea del mundo que se ajusta a la realidad, y mide su éxito en función del bienestar obtenido. El proceso comienza y termina en el intento, que siente y maneja con su voluntad, utilizando la razón como herramienta para proyectar esta voluntad al pasado y futuro. Razón y voluntad están en su postura más cómoda.
El ser humano de Neandertal está poniendo su conocimiento en palabras. Sin embargo, no es dado imaginar a dos seres humanos de Neandertal charlando junto al fuego, sino que su lenguaje debía ser muy rudimentario y escaso. Sencillamente, tod@s sabían lo mismo de la situación, y no había necesidad de comentarla. Su modo de enseñar debía ser mostrar. El viejo mostraba al joven cómo cazar determinado animal. Y este mostrar debía ir acompañado de palabras, palabras de poder.
Entre tanto, en África, la razón e idea del mundo siguen desarrollándose y, ahora, la atención se enfrenta a la idea de su propia muerte. La idea del mundo del homo-erectus es tan amplia y acertada que se da cuenta de que va a morir, como mueren las plantas que recolecta, los animales que caza y sus semejantes.
Ante la idea de su propia muerte, y a la vista de su distinción respecto a los demás animales debido a su condición de ser atento, el homo-erectus realiza la siguiente hipótesis: Quizá nosotr@s, los seres humanos, no morimos del todo, sino que nuestra atención, de algún modo y en algún lugar, permanece activa por tiempo indefinido.
Pero en este momento la idea del mundo del homo-erectus no es lo suficientemente amplia y acertada para comprobar esta hipótesis, la hipótesis de la inmortalidad, de un modo directo, es decir, comparándola con la realidad. De manera que al homo-erectus sólo le queda una opción: Probar las dos posibilidades. Probar a vivir como inmortal y probar a vivir como mortal.
El homo-erectus prueba la primera posibilidad, vivir como inmortal. Este es el tiempo en el que aparecen los primeros enterramientos rituales. Se entierra al muerto o muerta acompañad@ de flores, alimentos y/o herramientas que, supuestamente, le servirán en su otra vida.
Este fenómeno debió producirse en un solo individuo, en el seno de una sola tribu y en un solo momento. Hay dos circunstancias que lo indican. La primera procede de la Brujería, y argumentaré sobre ella más adelante, en el capítulo La Teoría del Punto de Encaje; la segunda procede de la Ciencia y es muy reciente: Se comprueba, analizando el ADN mitocondrial, el que se encuentra fuera del núcleo de la célula y sólo transmiten las mujeres, que todos los seres humanos actuales somos descendientes de una sola mujer. Una mujer que vivió hace en torno a 150.000 años. Éste es el origen de nuestra especie, la especie homo-sapiens, el llamado ser humano de Cromañón, y es el tercer punto crítico en la evolución del universo, la llegada del ser humano a la posición de la razón.
Probar la primera posibilidad, la inmortalidad, supone un cambio drástico en la idea del mundo del ser humano de Cromañón, y en su posición respecto al mundo. Ahora se ve a sí mism@ como un@ habitante del universo, frente a su condición real de ser el universo mism@.
Pero al ser humano de Cromañón le queda por delante la consideración de la otra posibilidad: Ser mortal. Sin embargo, esta consideración es aplazada.
Este aplazamiento de la consideración de la otra posibilidad, la mortalidad, es fundamental para la comprensión de la evolución del ser humano desde este momento hasta la situación actual, y me referiré a él en distintas partes del libro. En este momento en el que la atención, por primera vez, se enfrenta a la idea de su propia muerte, la razón del aplazamiento es sencilla: La muerte alcanza al individuo antes de que pueda hacer la segunda consideración. Así, l@s niñ@s, en su desarrollo, descubren, mediante la observación del mundo, que ell@s mism@s van a morir, pero están creciendo entre adult@s que viven como inmortales, de manera que no saben resolver el problema y, en consecuencia, lo  aplazan, como están haciendo l@s adult@s que les enseñan y muestran el mundo. Este aplazamiento, como digo, se prolonga hasta que la muerte les alcanza también a ell@s y, entre tanto, están enseñando a su descendencia a vivir como inmortales.
 Pasan las generaciones y el ser humano de Cromañón se olvida de que sólo está haciendo una prueba. Olvida su posición anterior y ahora se identifica como aquel o aquella que es inmortal.
La razón por la que ésta se llama la posición de la razón, valga la redundancia, es que la razón deja de ser sólo una herramienta para pasar a ser el elemento más importante en la mente del ser humano de Cromañón, la mente moderna.
La razón, en la mente moderna, elabora una creencia acerca de su origen como ser inmortal y, siendo su inmortalidad falsa, esta creencia es absurda. Es una absurda idea del mundo.
Teníamos, en la mente primitiva, que la hipótesis se corroboraba con la voluntad. Si los actos realizados en función de la hipótesis tenían por consecuencia satisfacción y bienestar, la hipótesis pasaba a ser conclusión, y los actos se repetían. Pero si los actos realizados en función de la hipótesis proporcionaban malestar, la hipótesis era abandonada, y los actos cesaban.
Ahora, en la mente moderna, la hipótesis es cierta por una cuestión de fe, es decir, tiene que ser cierta para poder seguir considerándose inmortal. De tal modo, ya no importa si los actos realizados en función de la hipótesis producen bienestar o malestar. Si producen bienestar, estupendo, la sociedad avanza. Si producen malestar, se sacrifica la voluntad y los actos siguen realizándose. La mente moderna ha perdido su modo de corroboración natural y lógico, ha perdido el contacto con la realidad.
Así surge una nueva y falsa continuidad: La continuidad de la hipótesis. Una vez que la razón, en la mente moderna, ha elegido una hipótesis, apuesta por ella y la lleva adelante a pesar de malestares y sacrificios propios y ajenos, como si en ello le fuese la vida. Realmente, lo que le va en ello es el mantenimiento de su absurda idea del mundo.
Voy a llamar a la razón, en la mente moderna, razón invertida, pues está invertido el orden natural entre voluntad y razón.
Para que la razón se mantenga en primer término, por encima de la voluntad, es necesario creer que hay alguna razón para nuestra existencia. Así, el ser humano de Cromañón no piensa nunca en la posibilidad de que no haya ninguna razón para nuestra existencia. Jamás, hasta ahora, nadie se había planteado el problema en este modo. Es posible que algún ser humano haya pensado las seis palabras pero, de ser así, habrá sido justo antes de suicidarse, sin perspectivas de vivir con esta idea.
El ser humano de Cromañón, con su razón invertida, constituye una logia, una comunidad de individuos unidos por un propósito: Mantener en pie su absurda idea del mundo, mantener en pie la idea de su inmortalidad.
El primer ser humano que ha dado nombre a esta logia o, al menos, el primero del que tengo noticias, es el autor o autora del Libro Tibetano de l@s Muert@s, que la llamó Samsara.
Dado que mantener en pie la absurda idea del mundo supone sacrificio, el sacrificio de la voluntad, y dado que, como toda teoría del Universo, basta una corroboración negativa de ella para comprobar que es falsa, tod@s en el Samsara tienen que aceptar el sacrificio, sin excepción. Y así podemos enunciar la Condición del Samsara: Todos los seres humanos, sin excepción, tenemos que sacrificarnos.
La Condición del Samsara expresada de este modo resulta muy obvia y dura, pero el ser humano de Cromañón no la expresa así, sino que confunde la actividad natural que nos exige el Segundo Principio de la Termodinámica, en cuanto a que somos sus desafiantes, con la actividad distorsionada que requiere el mantenimiento de la absurda idea del mundo. Organizando las palabras de otro modo, considera la actividad necesaria para mantener su absurda idea del mundo como si fuese necesaria para mantener su vida. Entonces, la Condición del Samsara es la condición de expulsión del Paraíso, y se expresa en las siguientes palabras: Ganarás el pan con el sudor de tu frente.
La Condición del Samsara es lo que los participantes en él llaman la realidad, duplicándose así el significado de esta palabra, como ocurre también con muchas otras que veremos a continuación. Ya dice la canción:

…There´s a sign on the wall,
but she wants to be sure,
´cause you know some times
words have two meanings…

(…Hay una señal en el muro,
pero quiere estar segura
pues, como sabes, algunas veces
las palabras tienen dos significados…)

 

Sin embargo, la realidad es que el ser humano de Cromañón sigue siendo un organismo entre organismos, sigue siendo el universo, sigue siendo un conjunto de comandos de la Teoría General entre comandos de la Teoría General y, si bien su razón invertida le ha separado de la realidad, esto es, su pensamiento no tiene el poder de cancelar su muerte y sigue muriendo igual que antes, sus actos sí tienen consecuencias reales, es decir, que sus comandos pasan a ser comandos de la Teoría General, y el esfuerzo, sacrificio y sufrimiento, son reales.
El ser humano de Cromañón, con sus absurdas creencias, se ha echado encima una realidad espantosa, horrorosa, asquerosa y repugnante, cuyas características todos conocemos, pues vivimos, no sólo inmers@s en ellas, sino también representándolas en nuestros rituales religiosos y en todos nuestros actos, haciendo una parodia de nosotr@s mism@s.
La primera característica del Samsara ya ha sido introducida al explicar la Condición del Samsara, y consiste en confundir la continuidad de la absurda idea del mundo con la vida. Ha surgido un nuevo significado para la palabra vida. Un participante en el Samsara considera que estará viv@, en cursiva, mientras pueda mantener en pie su absurda idea del mundo. Y surge también otro significado para la palabra muerte. Un participante en el Samsara considera que estará muert@ cuando ya no pueda mantener en pie su absurda idea del mundo. A ést@s últim@s está dedicado el Libro Tibetano de l@s Muert@s.
Esta primera característica del Samsara da origen a la creencia en la reencarnación, base del hinduismo y, en general, de todas las religiones orientales.
Lo que ocurre realmente es que el participante en el Samsara, para serlo, adquiere un cuerpo, es decir, un modo de cumplir con la Condición del Samsara. Así, puede ser estudiante, panader@, conductor@, am@ de casa, cura, artista, soldad@, ejecutiv@, president@ del gobierno, rey o reina; pero tiene que ser algo para pagar su sacrificio. Cuando este participante en el Samsara realiza una hipótesis y apuesta por ella, puede ocurrir que su hipótesis resulte incorrecta, que no se corresponda con la realidad. Entonces, dado que la hipótesis está realizada en función de la absurda idea del mundo, ésta última corre un grave riesgo, y se presentan dos posibilidades.
Primero, que el error sea leve y baste con modificar ligeramente la absurda idea del mundo, o bien hacerla más absurda aún insistiendo en que la hipótesis era cierta.
En este caso, el cuerpo es puesto a salvo, y puede continuar con su función.
Segundo, el error en la hipótesis es tan grave y reiterado que la absurda idea del mundo que la ha desarrollado se manifiesta claramente incorrecta, absurda, con lo que el cuerpo ya no puede mantenerse y se abandona. El individuo ha muerto y atravesará el laberinto para el que el Libro Tibetano de l@s Muert@s ofrece bellísimas descripciones y acertadísimas enseñanzas.
Después de atravesar el bardo, lo más probable es que este individuo renazca adquiriendo un nuevo cuerpo y volviendo a ser un participante en el Samsara, sin haber comprendido nada y llevando tras de sí un tremendo recuerdo que no olvidará mientras viva.
Pues bien, la creencia en la reencarnación es tomar esta metáfora literalmente, es decir, tomar muerte por muerte, cuerpo por cuerpo y renacimiento por nacimiento. Y toda esta maniobra se realiza con el objeto de considerarse inmortal.
La segunda característica del Samsara es la hiperatención.
La mente primitiva presta atención a su idea del mundo con un proceso natural, cómodo, lógico y continuo; la mente moderna, al ser absurda su idea del mundo, tiene que esforzarse por mantenerla en pie, tiene que repetírsela una y otra vez en forma de diálogo interno, hablando consigo misma, aportando argumentos falsos que la refuercen. Es más, tiene que desplegar toda su energía en reafirmar su absurda idea del mundo porque, de no ser así, de no mantenerse ocupada en ello, podría aparecer el pensamiento natural que tiende a considerar todas las posibilidades acerca de todos los asuntos, entre ellos, especialmente, la muerte, es decir, podría aparecer la idea de que quizá muramos del todo, incluso podría aparecer la consideración de que no haya ninguna razón para nuestra existencia. En otras palabras, podría producirse la discontinuidad de la absurda idea del mundo, la muerte, lo que el participante en el Samsara considera mucho peor que la muerte. Y, realmente, estando en pie el Samsara, la muerte es verdaderamente espantosa. Baste leer el Libro Tibetano de l@s Muert@s.
Ahora sí es dado imaginar a dos seres humanos de Cromañón charlando junto al fuego, pues charlar es el modo de comprobar que todo está bien, que el Samsara sigue en pie, que la absurda idea del mundo sigue operativa; es el modo de evitar la muerte.
La hiperatención es la característica del Samsara por la que sus participantes tienden al esfuerzo máximo. Y aclara el por qué el desarrollo tecnológico no nos ha servido, a lo largo de estos 150.000 años, para reducir nuestro trabajo, y seguimos trabajando al máximo, quizá 10, 12 ó hasta 16 horas al día. Sencillamente, tenemos que estar distraíd@s.
La hiperatención explica también el hecho de que el Samsara esté polarizado en bien y mal. Esto es porque el Samsara no se mantiene solo, sino que necesita de la colaboración de todos los seres humanos de Cromañón, con su esfuerzo. Así, se considera el bien todo aquello que reafirma la absurda idea del mundo, todo lo que refuerza el Samsara. Son el bien el esfuerzo y el sacrificio. Un ser humano de Cromañón que se esfuerza, aunque con ello no esté consiguiendo nada, o incluso esté consiguiendo sufrimiento para sí mism@ y l@s demás, está haciendo el bien, y el sufrimiento experimentado es el sacrificio, que se considera el bien. Baste escuchar al cura cuando, diciendo misa, proclama: Oremos para que este sacrificio mío y vuestro sea agradable a Dios.
Se considera el mal todo aquello que va en contra de la absurda idea del mundo, todo lo que debilita el Samsara, es decir, el conocimiento del mundo. Baste recordar la excomulgación de Galileo por afirmar que el Sol es el centro del Sistema Solar, y no la Tierra. Es el mal el poder, el manejo del conocimiento, y son el mal el placer y el bienestar, pues se oponen al esfuerzo y sacrificio.
Paradójicamente, a pesar de todas estas maniobras, falsedades y tergiversaciones, dado el diálogo interno, que supone una gimnasia mental, la inquietud de todo participante en el Samsara al no conocer la razón de su existencia, y dado que en la vida cotidiana, generalmente, pueden comprobarse las hipótesis de la razón, sea invertida o no, con la experiencia, el ser humano de Cromañón obtiene un considerable desarrollo tecnológico. Por ejemplo, desarrolla la lanza. Antes tenía que acercarse hasta contactar con el animal que estaba cazando y clavarle su vara afilada. Ahora desarrolla una lanza aerodinámica, con plumas en su extremo posterior, que proyecta con ayuda de un lanzador, un palo que alarga su brazo, y con el que consigue grandes velocidades y distancias. También desarrolla arpones de hueso para pescar más y mejor, agujas para coser sus ropas de piel y, sobre todo, desarrolla un conocimiento avanzado del medio y sus recursos.
Y con esta tecnología, el ser humano de Cromañón se extiende nuevamente por toda África, Europa y Asia, encontrándose con los seres humanos que aún siguen en la posición del conocimiento silencioso, como el ser humano de Neandertal en Europa.
La superior tecnología del ser humano de Cromañón frente al de Neandertal tiene por consecuencia el desplazamiento del último desde los mejores territorios de caza, en los valles, a las montañas, donde no es capaz de sobrevivir y se extingue.
El ser humano de Cromañón pasa a ser el único ser humano sobre la tierra y, de ahora en adelante, me referiré a él o ella como el ser humano, sin ningún añadido, o la humanidad.
El ser humano ha caído en una trampa energética. Mientras todo el problema del desarrollo de la conciencia consiste en esperar cómodamente la organización que se produce de forma natural al desordenarse el universo, de acuerdo con el Segundo Principio de la Termodinámica y el intento, lo que constituye la gran aventura de ampliar la idea del mundo ajustándose a la realidad; el ser humano, al participar en el Samsara, se esfuerza en conseguir orden a partir del caos, lo que supone ir en sentido inverso al flujo natural del universo, que marca el Segundo Principio de la Termodinámica, y tiene por delante una tremenda desventura: Averiguar cuál es la razón de su existencia. Propósito imposible al no existir tal elemento en el universo. Así, la mente moderna es una mente prestada, prestada por el esfuerzo. Toda su actividad está patrocinada por el esfuerzo. Y ésta es la razón por la que los seres humanos dejan morir de hambre a sus semejantes: Todo lo que tienen, sea mucho o poco, lo han conseguido con su esfuerzo.
La tercera característica del Samsara es que el individuo y los grupos tienen que hacer trampa al pensar, al razonar, pues de otro modo no les salen las cuentas. El caso es que, al no ajustarse a la realidad, cada individuo y cada grupo hace trampa a su manera y, en consecuencia, las absurdas ideas del mundo individuales y colectivas no coinciden.
Así tenemos que un individuo puede ser católico, pero no lo es al 100%, es decir, no está de acuerdo con todo lo que han dicho los católicos a lo largo del tiempo, sino que tiene sus propias absurdas ideas, mantiene su individualidad. De tal modo, se da cuenta de que l@s demás están haciendo trampa, pero no se da cuenta de su propia trampa.
La única explicación que encuentra a este fenómeno, siempre con la condición de que se mantenga en pie su absurda idea del mundo individual, es que éla sea ela más list@ de todos los seres humanos. Y esto pasa a formar parte de su absurda idea del mundo individual, de manera que divide el mundo en yo y l@s demás. Y se dice a sí mism@: Yo, con mi idea del mundo individual, soy más list@ que todos los demás seres humanos con sus absurdas ideas del mundo individuales.
Ha surgido la intención. La intención es demostrarse a sí mism@, una y otra vez, que es ela más list@ de todos los seres humanos. Así, el participante en el Samsara, cada vez que charla con otr@, al igual que en el cuento de Blanca Nieves, en el que la mala se mira a su espejo mágico y pregunta ¿quién es la más bella?, se está mirando a su espejo mágico y pregunta ¿quién es ela más list@?
La intención determina que la relación entre los seres humanos es de competición. Se compite por mantener en pie la absurda idea del mundo individual y, dado que el fracaso en esta tentativa es la muerte, la competición es a muerte.
La intención, desde luego, es un grave inconveniente para la supervivencia de la especie, pues los seres humanos se matan un@s a otr@s por la supremacía de sus absurdas ideas del mundo individuales.
La solución que encuentran a este problema es la jerarquización del Samsara, es decir, establecer de antemano quién tiene razón, qué absurdas ideas del mundo individuales prevalecen sobre otras, independientemente de cuál sea la más acertada, lo que supone el sacrificio de la última pero, siendo el sacrificio el bien, la jerarquización del Samsara continúa hasta el presente.
Naturalmente, si el Samsara está jerarquizado, el modo de que nuestra absurda idea del mundo individual salga adelante es estar arriba en la jerarquía. Ha surgido otro significado para la palabra poder. El poder, en cursiva, no es otra cosa que el dominio, es decir, la capacidad o habilidad para someter a l@s demás y sus absurdas ideas del mundo con el fin de que la propia salga adelante, reafirmando así que se es el ser humano más list@ del mundo.
Y surge también otro significado para la palabra libertad. La libertad del individuo, en cursiva, es tener la posibilidad de creer lo que se le antoje acerca del mundo, independientemente de su acierto, y actuar en consecuencia a sus creencias independientemente de los perjuicios que cause.
La libertad surge como oposición al dominio, es decir, los seres humanos quieren ser libres respecto del dominio de las capas altas de la jerarquía y, entonces, surge la autoridad como modo de hacer valer el dominio de la jerarquía frente a la libertad y, de tal forma, mantener en pie el Samsara. Así, la libertad tiene un límite: Aquel que pone en peligro la continuidad del Samsara.
Pero el hecho de hacer trampa al pensar tiene mayores consecuencias.
La absurda idea del mundo individual es una versión de la absurda idea del mundo colectiva que mantiene el grupo, pues la primera se forma con los elementos de la segunda durante toda la vida. De tal modo, el grupo mantiene una cierta homogeneidad en sus creencias que le permite hablar de nosotr@s. Somos nosotr@s l@s que mantenemos al unísono nuestra absurda idea del mundo colectiva.
En el grupo vecino ocurre lo mismo, también mantienen la homogeneidad de sus absurdas ideas del mundo individuales pero, naturalmente, al no ajustarse a la realidad, la absurda idea del mundo colectiva de este grupo difiere sensiblemente de la absurda idea del mundo colectiva del grupo anterior.
Ahora tenemos que los miembros del grupo A se dan cuenta de lo absurdo de la idea del mundo colectiva del grupo B; y los miembros del grupo B se dan cuenta de lo absurdo de la idea del mundo colectiva del grupo A. No sólo esto, sino que los miembros del grupo A se dan cuenta de lo espantoso, horroroso, asqueroso y repugnante de la absurda idea del mundo colectiva del grupo B; y viceversa. Por ejemplo, los cristianos se dan cuenta de lo repugnante de la absurda idea del mundo de los musulmanes; y los musulmanes se dan cuenta de lo repugnante de la absurda idea del mundo de los cristianos.
Ha surgido el concepto de ell@s frente a nosotr@s. Y la relación entre nosotr@s y ell@s es de competición a muerte, de lucha, de guerra. Las absurdas ideas del mundo de los distintos grupos no pueden ser ciertas a la vez. Lo que está ocurriendo es que todas son falsas porque todas incurren en el mismo error de principio. Todas establecen como premisa que hay alguna razón para nuestra existencia, y esto, sencillamente, es falso.
En consecuencia, el Samsara está dividido en yo y l@s demás, y en nosotr@s y ell@s por lo absurdo de nuestras ideas del mundo individuales y colectivas.
La cuarta característica del Samsara es el modo de corroboración de la mente moderna, que da origen a la creencia en el Dios único.
Al haber perdido, la mente moderna, el contacto con la realidad, al no poder corroborar ya sus hipótesis con la voluntad, al haber extraviado la referencia de su bienestar, y al ser absurda su idea del mundo, al ser humano sólo le queda un modo de corroborar sus hipótesis: Cuantos más seres humanos crean en una hipótesis concreta, más segur@s se sienten l@s mism@s de ella. Pero como tod@s utilizan el mismo modo de corroboración, ningun@ puede estar realmente segur@ de la hipótesis. Ya dice la canción:

…Dear lady, can you hear the wind blow?
And, did you know?
Your stairway lies on the whispering wind…

(Querida dama, ¿puedes oír el soplido del viento?
Y, ¿sabías?
Tu escalera reposa sobre viento murmurante…)

 

Entonces, el modo de incrementar la seguridad acerca de una hipótesis es convencer, convertir o matar a quienes opinen lo contrario, en la creencia de que si todos los seres humanos creyésemos en la hipótesis, estaríamos completamente segur@s de ella. De aquí el llamamiento continuo a la unidad de los seres humanos, elemento harto descabellado dado que no es posible ponerse de acuerdo en algo que es falso.
Ante esta imposibilidad, y para mantener en pie la absurda idea del mundo a pesar de las evidencias en contra, el participante en el Samsara hace una idealización de sí mism@. Idealiza un ser atento que goza de la continuidad de la hipótesis, es decir, un ser atento que está y puede estar seguro de su absurda idea del mundo, que ésta elabora hipótesis 100% acertadas dadas cualesquiera circunstancias.
Éste es el Dios Único, creado a nuestra imagen y semejanza, y que se utiliza para describir, que no explicar, pues no explica nada, los fenómenos que observamos. Así, el Dios Único es el supuesto creador del universo.
La quinta característica del Samsara es que, al estar razón y voluntad invertidas, el Samsara está al revés. Así, quien proporciona a otr@s bienes de consumo y/o servicios es ela que da las gracias, quien más duro trabaja es quien menos cobra, los individuos y grupos, en vez de pedir bienes de consumo y servicios, piden trabajo, y se dicen a sí mism@s que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza.
La consecuencia más sobresaliente de que el Samsara esté al revés es el desatino. El desatino se produce por la pretensión supuesta del participante en el Samsara de obtener bienestar para sí mism@ y l@s demás con sus actos pero, en el último momento, decidirse por el sacrificio propio y ajeno. Así, el participante en el Samsara es un@ fantasma. Supuestamente va de camino a Ixtlán, pero realmente va en sentido contrario. Esto, unido a la negligencia, que consiste en comportarse como si ya lo supiera todo y como si sus actos tuviesen que salir bien por una ley natural, por un plan divino, provoca que todos los actos del participante en el Samsara le salgan mal, al revés, incompletos y errados. 
El ejemplo más claro de desatino es el que tenemos actualmente con la lucha contra las drogas. La lucha contra las drogas produce el incremento de precio de las mismas, su adulteración y falta de higiene, todo un mundo de clandestinidad con peleas a muerte, y una población reclusa cada vez más amplia.
La lucha contra las drogas no consigue su objetivo. Naturalmente, cada vez se drogan más personas y cada vez lo hacen a menor edad. El participante en el Samsara, ante el fracaso de su hipótesis y de sus actos realizados en función de ella, opta por el esfuerzo y sacrificio, y se hace a la absurda idea de que todo este malestar, todo este sufrimiento producido por sus actos, lo causan las drogas mismas, y lo toma como excusa para esforzarse y sacrificarse más, es decir, incrementar la lucha contra las drogas, produciendo más y más sufrimiento.
Este fenómeno de reafirmación en la hipótesis falsa, e insistencia en una lucha infructuosa y contraproducente está presente en todos los aspectos del Samsara, y se refleja en la expresión: “La vida es una lucha”. Y se extiende a toda la actividad humana como un modo de estar en el mundo, un modo de ser, un continuo no conseguir el objetivo y no saber aprender a atinar. Así, el participante en el Samsara no atina en nada, fracasa en las actividades más simples. Por ejemplo, por mi barrio circula de vez en cuando una furgoneta con altavoces de unos tapiceros que pretenden captar clientes dando su mensaje publicitario una y otra vez. Casi me lo sé completo: Se tapizan sillas, sillones, mecedoras, descalzadoras… Es un largo mensaje, pero han olvidado dar en él una dirección o teléfono de contacto, de manera que si alguien quiere contratarles, su única posibilidad es correr detrás de la furgoneta.
La sexta característica del Samsara es la miseria. Miseria que es condición de pobres y ricos, de débiles y fuertes, de jóvenes y viejos, de mujeres y hombres. Ni si quiera se libran de la miseria l@s niñ@s pequeñ@s de l@s que tienen  medios de subsistencia, pues son entrenad@s desde su nacimiento a participar en el Samsara.
Para cuando un ser humano ha adquirido un cuerpo definitivo y se ha adaptado a él, sólo le queda por delante trabajar y descansar para trabajar más después, mientras ve crecer a sus hij@s, preparándol@s para que repitan su sacrificio cuando sean mayores. Así, la adaptación al Samsara es una paulatina pérdida de entusiasmo por la vida que acaba en la más rigurosa miseria.
Esto lo refleja una obra de poder, la cuarta que cito, al expresar, musical y bellísimamente, el proceso de volverse loco. Esta obra es The Wall (El Muro), su autor principal es Roger Waters, el mismo que el de la obra de poder ya citada The dark side of the moon (La cara oculta de la luna), y está interpretada también por Pink Floyd.
The Wall utiliza una metáfora para expresarse, llama Muro al Samsara y ladrillo en él al participante en el Samsara, y dice en su canción Another brick in the Wall (Otro ladrillo en el Muro):

All in all,  it´s just
another brick in the Wall.
All  in  all, you´re just
another brick in the Wall.
 
(Después de todo, no es más
que otro ladrillo en el Muro.
Después de  todo, no eres más que
otro ladrillo en el muro.)

 

La séptima característica del Samsara, la última que destaco, es la angustia vital a la que se ve sometido todo participante.
La angustia vital oscila entre dos extremos: Primero está la que produce la perspectiva de quedar fuera del Samsara y, en el polo opuesto, la debida a que, a pesar de sus creencias, a pesar de sus rituales, a pesar de sus maniobras mentales y tergiversaciones, a pesar de su tremendo esfuerzo, el ser humano tiene por delante su muerte inevitable y, si todas sus creencias son falsas, si todos sus rituales absurdos, si todas sus maniobras mentales y tergiversaciones sólo un derroche de energía, y si todo su esfuerzo inútil, entonces, está desperdiciando su única vida, está perdiendo su única oportunidad de vivir realmente, de vivir sin creencias, sin rituales, sin maniobras mentales ni tergiversaciones, y sin esfuerzo.
Todo participante en el Samsara tiene presente esto en su mente, sólo que es conocimiento silencioso, nadie lo había expresado antes en palabras.
Nadie lo había puesto en palabras antes debido a la trampa energética en la que cayó el ser humano, de la que ya he hablado y hablaré más adelante. Por ahora saber que esta trampa energética se presenta en la forma de tres enormes precipicios: El karma, el aprendizaje, y la suma de estos dos en sus semejantes.
El karma es el resultado de sus actos realizados en función de su consideración de ser inmortal, es decir, el esfuerzo, sacrificio y sufrimiento que experimenta. Y puede expresarse del siguiente modo:
Si, después de todo, resulta que no hay razón para nuestra existencia, entonces, todo el esfuerzo anterior, todo el sacrificio realizado y todo el sufrimiento experimentado por nosotr@s y nuestr@s antepasad@s habrá sido en vano.
El segundo precipicio, el aprendizaje, es el que principalmente sienten l@s niñ@s al aplazar la consideración de su mortalidad, pues los otros dos precipicios no se presentan aún. Y, al igual que el karma, es muy sencillo:
No es lo mismo actuar como mortal que como inmortal. El aprendizaje para hacer una cosa u otra es completamente distinto. Ela niñ@ se encuentra con que no sabe vivir como mortal, pues l@s adult@s que le muestran el mundo no le han enseñado, al vivir ell@s como inmortales. Más adelante, cuando est@ niñ@ es adult@, además de encontrarse con los otros dos precipicios, siente que no le alcanza el tiempo para aprender a vivir como mortal, no sabe ni por dónde empezar, y se encuentra pensando que si toma en cuenta la segunda consideración, la mortalidad, morirá antes de conseguirlo.
Y el tercer precipicio, la suma de los dos anteriores en sus semejantes, lo expresa muy bien Roger Waters en su obra de poder ya citada The Wall (El Muro), en su canción The thin ice (El fino hielo), cuando dice:

…Dragging behind you
the silent reproach
of a million tear stained eyes…

(…Arrastrando tras de ti
el silencioso reproche
de un millón de ojos bañados en lágrimas…)

 

Cuando un ser humano emprende el camino del conocimiento, cuando investiga y piensa, tod@s l@s que se enteran de su propósito intentan disuadirle por todos los medios a su alcance: Le desprecian, le persiguen, le torturan, le mienten y engañan, incluso pueden intentar matarle y, cuando todo esto falla, le lloran aplicándole la Condición del Samsara y le aseguran que el mundo es así.
Todo esto resulta muy sencillo una vez conocida la Verdad, y si usted no lo está entendiendo ahora, lo entenderá la siguiente vez que lea este libro. Sin embargo, sin saber la Verdad, el participante en el Samsara, cuando reconsidera su participación, se hace un espantoso lío que no es capaz de resolver. Ya dice Bob Dylan, en la quinta obra de poder que cito, su canción Knocking on heavens door (Llamando a las puertas del cielo):

…Mama,  put my guns  in the ground.
I can´t shoot them  anymore.
That  long black cloud is  comin´ down.
I feel like  I´m knockin´ on heaven´s  door.

(…Mamá,  entierra mis armas.
No puedo dispararlas más.
Qué larga y negra niebla está cayendo.
Me siento como si estuviera llamando a las puertas del cielo.)

 

Ante esta oscuridad, ante este lío espantoso, el participante en el Samsara se apoya en la compasión por sí mism@ para echarse atrás en su reconsideración, y se dice: Todavía hay una posibilidad de que mi absurda idea del mundo resulte cierta, aún hay tiempo para seguir aplazando la consideración de la mortalidad.
Pero la compasión por sí mism@ forma parte también del lío ya que, de reconocerla como tal, el individuo estaría otra vez al principio del problema, planteándose la consideración de la mortalidad o de no haber razón para nuestra existencia. Entonces, lo que hace el participante en el Samsara es cambiar su compasión por sí mism@ por importancia personal. Y se dice: Yo soy muy importante por formar parte de los seres humanos, que somos inmortales, y soy muy importante por ser ela más list@ de los seres humanos, y soy muy importante por ser ela hij@ de Dios.
Así, los seres humanos se agarran a su absurda idea del mundo como si en ello les fuese la vida, produciendo todas las características que hemos visto.
Pero el participante en el Samsara sigue intuyendo una vida sin esfuerzo, una vida feliz, una vida real. Esta vida real está situada después de la muerte, es decir, después del cese de la absurda idea del mundo, pero el participante en el Samsara, para mantener en pie su absurda idea del mundo, idealiza que esta vida real está después de la muerte. Así, l@s creyentes en la reencarnación creen que tienen infinitas posibilidades de conseguir esta vida real en alguna de sus reencarnaciones, y l@s creyentes en el Dios Único creen que tendrán esta vida real en el cielo, como premio por participar en la vida presente en el sacrificio que supone mantener en pie el Samsara.
Tanto un@s como otr@s representan esta creencia en sus rituales religiosos, de forma periódica, en una reafirmación de su absurda idea del mundo. Pero como esto no encaja con la realidad, el participante en el Samsara no puede pensar realmente en ello y, lo que hace es, simplemente, no pensar en la muerte. El participante en el Samsara, después de asistir al ritual semanal o no hacerlo, contrata un seguro de vida, paga su entierro y, hecho esto, continúa viviendo como si no fuese a morir nunca.
El participante en el Samsara se ve sometid@ a un grave riesgo: La ruptura de la continuidad de su absurda idea del mundo. Cada pensamiento, cada descubrimiento atenta contra ella. De tal modo, el participante en el Samsara queda relegad@ a la ignorancia: Cuanto menos sepa del mundo, más segura estará su absurda idea del mundo.
La razón invertida se convierte en un guardián de la voluntad, es decir, la razón invertida filtra lo que la voluntad puede o no percibir, y lo que puede o no sentir. Así, todos los participantes en el Samsara son guardias de sí mism@s y de l@s demás. Y esta función la realizan despreciando lo que no conocen y persiguiendo las ideas que no encajan con las suyas. El participante en el Samsara es un@ despreciador@ perseguidor@. Baste citar la Inquisición como máxima expresión de este aspecto. Y ésta es la razón por la que la Brujería ha sido perseguida y aniquilada en casi todos los tiempos y lugares.
El participante en el Samsara ha perdido su conexión con el intento, ha perdido su poder, es decir, su habilidad para manejar el intento en pos de su bienestar. Pero aún tiene una energía que gastar. Este gasto de energía es dirigido a la intención, lo único que está en pie. Y así, el participante en el Samsara se esfuerza en dominar a sus semejantes en medio de una tremenda confusión acerca de todo, especialmente en el lenguaje. Y podemos oír cómo un participante en el Samsara dice que lucha por la paz pero, si la paz es la ausencia de lucha, no es posible conseguirla luchando.
Después de todo esto, aún queda un punto por aclarar, y es que es posible que usted esté pensando que se encuentra a salvo de todos estos fenómenos, pues no cree en el Dios Único, ni en la reencarnación ni, en general, en la vida después de la muerte. Y razón no le falta. Sin embargo, usted, que se ha criado entre participantes en el Samsara, cree en la continuidad de la hipótesis, está sometid@ a la muerte y renacimiento, y pretende estar segur@ de su absurda idea del mundo, es decir, pone su razón en primer término relegando a la voluntad al segundo. Vive como inmortal aunque crea que es mortal.
Y sé que esto es así, al menos la primera vez que lee este libro porque, de lo contrario, sería usted quien lo habría escrito. En fin, aunque usted considere que es mortal, no había descubierto aún el significado de la muerte, es decir, no se había dado cuenta de que no hay razón para nuestra existencia. No se lo había planteado y pensaba que daría igual una cosa que otra, cuando realmente la diferencia es abismal.
Lo más frecuente es que el ser humano entre a formar parte del Samsara cuando se dice que un@ niñ@ ya tiene uso de razón, en torno a los 6 ó 7 años de edad, y pase por toda su vida esquivando la Verdad con éxito hasta su muerte. Sin embargo, hay tres casos en los que el ser humano sale de este engaño a sí mism@ aunque sólo sea temporalmente, es decir, tres casos en los que el espíritu desciende sobre éla. Ya he mencionado el primer caso, del que hablaré mucho más. Es cuando, debido al error en la hipótesis, no puede mantener en pie su absurda idea del mundo y muere. El segundo es cuando, por intervención de un nagual, se convierte en bruj@. Y el tercero, el que voy a tratar ahora, en algunas ocasiones cuando se enfrenta a su muerte inminente.
Cuando un ser humano se enfrenta a su muerte inminente, lo más frecuente es que muera sin más pero, algunas veces, desciende el espíritu sobre éla. En estas ocasiones, lo más probable es que, a continuación, muera, y la experiencia se pierda pero, singularmente, ocurre que se recupera y continúa viviendo, pudiendo entonces contar su experiencia.
Este último caso es el de Andrés, que apenas recuerda su experiencia y acude al programa de televisión Flash back, regreso al pasado  para, por medio de la hipnosis, revivirla.
Este programa estuvo apenas 3 ó 4 semanas en emisión, y consistió en producir en el voluntario una regresión al momento de su vida que quiere recordar.
Andrés es un hombre de unos 30 años de edad que sufrió a los 18 un accidente de tráfico en el que estuvo a punto de morir, y en el que murió su amigo Jesús, que conducía el coche.
Transcribo íntegramente la sesión, en la que intervienen 4 personas: Andrés, el voluntario; Ricardo, el hipnotizador; Isidro, un psicólogo; e Inés, la  presentadora.

Inés-: ¿Qué tal? (Dirigiéndose a Andrés, que está entrando y saludando.) Siéntate un poquito conmigo. A ver, Andrés ¿Tú estuviste clínicamente muerto?
Andrés-: Pues sí, se podría decir que sí. Estuve 5 días en coma.
I-: 5 días en coma. Y tú ¿qué esperas conseguir exactamente con la regresión?
A-: Antes te he comentado que a partir de esto no me pude sacar nunca el carné de conducir, pero aparte es un poco el saber qué es lo que me pasó en ese espacio de tiempo.
I-: O sea, tú quieres saber cómo viviste aquellos 5 días de coma.
A-: Exacto.
I-: Lo digo porque supongo que eres consciente de que si esta noche tú eres capaz de contarnos qué pasa por la mente de una persona durante el tiempo que está en coma, quizá descubramos, no sé si vosotros coincidís, uno de los mayores misterios de la humanidad, ¿no?
Isidro-: Indudablemente, sería muy interesante, por lo menos tener algún dato sobre este tema tan controvertido y  tan difícil.
I-: Ricardo, ¿quieres acercarte, por favor? Ven conmigo, Andrés. De todas maneras, Ricardo, parece un poco contradictorio, ¿verdad?, que Andrés quiera revivir los instantes en los que, precisamente, estuvo muerto, clínicamente.
Ricardo-: Es que es un gran misterio para todas las personas. Me lo han pedido muchas veces porque el saber qué ha ocurrido en ese tiempo vacío es una gran incógnita. Yo lo entiendo, que quiera saber, al menos saberlo.
I-: ¿No tienes miedo?, Andrés.
A-: Un poco sí, evidentemente, ¿no?, pero soy decidido y valiente.
I-: ¿Estás convencido entonces?
A-: Sí, totalmente.
I-: Muy bien, pues te voy a dejar en manos de Ricardo, porque sabes que previamente tiene que haber unos minutos de relajación. ¿De acuerdo? A ver, vuelvo contigo en  seguida.
(Ricardo queda relajando a Andrés mientras Inés, la presentadora, habla con la siguiente voluntaria. A continuación vuelve con Ricardo  y Andrés.)
I-: Bueno, esto ha ido rápido. Andrés, ¿estás bien?
A-: Sí. (Relajado, con los ojos cerrados, tumbado en  una hamaca.)
I-: Si tienes conocimiento suficiente como para decir: No quiero hacer esto. Todavía lo puedes hacer.
A-: Sí, perfectamente.
I-: ¿Quieres… Con total conocimiento…?
A-: Sí, sí, con total  conocimiento.
I-: Bueno, pues si estás preparado, yo te deseo que tengas un feliz viaje.
Estemos muy atentos porque comienza, en este momento,  el  flash back  de Andrés.
R-: Atento, Andrés, vamos a profundizar en el sueño y  en  el trance muy  intensamente. Tu brazo se pone rígido, el  puño se cierra con fuerza, y este trance va a aumentar, aumentar, aumentar tanto que pronto el nivel de sueño será  muy intenso. Será tan intenso que vas a retroceder en el  tiempo. Tu brazo cae, el sueño es intenso, muy intenso, muy  intenso.
Se relaja muy bien, supongo que tendrá mucha claridad en este nivel.
Atento, retrocedemos en el espacio y el tiempo. Y quiero  que pienses en ese momento, cuando estabas  con  tu amigo,  estabais conduciendo un coche, y quiero que te sitúes 5 minutos antes del accidente. 5 minutos antes, y me  vas  a  ir  contando hasta ese momento. Que lo vivas con gran intensidad. Estás  hablando  con él,  estás  tranquilo, estás con  él. 1, 2, 3, ¡vívelo!, ¡vívelo!
A-: (En  trance) Sí,  Jesús, vamos…
R-: Estás tan cerca de él que mueves todo el cuerpo porque estás ahí, estas sentado. Te incorporas un poco, estás con él. Venga,  ¿qué está pasando?
A-: Sí, Jesús, sigue, vamos a casa… Sí…
R-: ¿Dónde estás? Cuéntame  dónde estás.
A-: En la carretera.
R-: Sí…  ¿Quién conduce, tú o Jesús?
A-: Jesús.
R-: ¿Jesús está aquí? (Señalando a la izquierda de  Andrés).
A-: Sí.
R-: Habla  con  él.
A-: Hola, Jesús, sí, sigue, sigue. Nos lo hemos pasado  bien,  ¿eh?, hoy.
R-: ¿A dónde habéis ido?
A-: A la discoteca.
R-: ¿Cuántos años tienes?
A-: 18.
R-: Atento, 2 minutos antes del accidente, 1 minuto. Cuéntamelo lentamente. ¿Qué está pasando a partir de este momento? Segundos antes, ¡cuéntame!
A-: No corras, Jesús, vigila, vigila con ese coche, ¡vigila!, ¡vigila! (Señala al frente y se tira al suelo. Ricardo e Inés, sorprendidos, amortiguan la caída).
I-: Está… Está…Sigue dormido, ¿no? ¿Le dejamos así o le…  le…?
R-: Es  que  me he asustado  yo. Perdona.
I-: ¿Él está bien así?
R-: Sí, sí, él sigue dormido. Simplemente es que ha tenido el accidente. Lo que yo no sabía es que lo iba a revivir  con esa intensidad tan asombrosa.
I-: Bueno, es algo que no habíamos explicado, y que quizá debemos  situar la acción…
R-: Pero creo que valdría la pena seguir ahí, ¿eh?, porque  ahora nos lo va a explicar.
I-: Sí, porque, efectivamente, para llegar al punto donde quería llegar Andrés, esos 5 días que estuvo en coma, primero tenía que situarse en ese momento. Lo dejo en tus  manos,  Ricardo.
R-: Atento, cuento  hasta  3, cuento hasta 3…  Acabas  de tener el accidente. Ya no te mueves, simplemente te incorporas un poco. Te incorporas un poco ahora, y me cuentas lo que está pasando… Acabas de tener el accidente, cuéntamelo todo ¡ya! ¿Qué  pasa?
A-: (Jadeando y señalando al suelo frente a él).  Me veo, veo mi cuerpo.
R-: ¿Ves  tu cuerpo?, ¿dónde?
A-: En el suelo.
R-: ¿Y tú dónde estás?
A-: Voy flotando. Veo un túnel. (Señalando arriba).
R-: A ver… a ver… ¿Qué hay en ese túnel? ¿Tú flotas, flotas?
A-: Sí, voy flotando.
R-: ¿Y cómo es ese túnel?  Descríbemelo. ¿Cómo es ese  túnel?
A-: Es como una rueda.
R-: A ver… Dime cosas. ¿Qué hay en ese túnel, qué  hay?
A-: Veo gusanos, gente gritando, gente que…  Veo a mi abuelo.
R-: ¿A tu abuelo?, ¿está tu abuelo ahí?
A-: Sí.
R-: Habla con  él, ¿puedes? Habla con  él.
A-: ¡Enric!, ¡Javi!, ¡abuelo…! No te vayas, por favor. No te vayas que quiero hablar contigo. Por favor, no te vayas.
R-: ¿Tú le ves?
A-: Sí.
R-: ¿Y cómo está, cómo está?
A-: Muy bien.
R-: ¿Sí?
I-: ¿Su abuelo está ya muerto? ¿Se supone que está muerto?
R-: ¿Cuándo murió tu abuelo? ¿Qué edad tenías tú cuando murió tu abuelo?
A-: 16 años.
R-: Estás en el túnel. Descríbemelo, sígueme hablando de ese túnel. Sígueme hablando.
A-: Sigo viendo gusanos, al fondo veo una persona con alas, que vuela.
R-: Sigue.
A-: Veo dos caminos.
R-: ¿Dos caminos?
A-: Uno, hay mucha luz, el otro es rojo.
R-: ¿Y tú, sigues flotando?
A-: Sí, pero algo me empuja a lo rojo.
R-: ¿Te vas al camino rojo?
A-: Algo  me  empuja.
R-: Explícame ese camino. ¿Qué hay en ese camino?
A-: Estoy  viendo gente.
R-: ¿Dónde?, ¿dónde está la gente?
A-: Es como una  taberna.
R-: ¿Una  taberna?
A-: Dos personas que se están discutiendo.
R-: ¿Sí? ¿Te ven a ti?
A-: Sí. Hay una que se dirige hacia mí. ¡Ay!
R-: ¿Qué  te ha hecho?
A-: Me ha traspasado. No me ha hecho nada. Me ha traspasado.
R-: Bien,  ¿qué  están haciendo en esa taberna?
A-: Se están discutiendo.
R-: ¿Quiénes son? A ver, dime, ¿quién hay ahí?, ¿quién hay?
A-: El bar y dos personas discutiéndose por una mujer. Están diciendo: ¡Cabrón,  hijo de puta, que te has tirado a  mi mujer!
R-: ¿Y qué hacen?
A-: ¡Ahh…! ¡Le ha pegado un botellazo  en  la cabeza!
R-: ¿Y tú dónde estás?  ¿Dónde estás tú? ¿Dónde estás?
A-: No estoy… En un desierto. Me he ido. Desierto  rojo.
R-: ¿Desierto rojo? ¿Y qué…? ¿Cómo es ese desierto?, ¿cómo es?
A-: Rojo totalmente.
R-: ¿Estás flotando?
A-: Sí, sigo flotando. Hay un túnel, me dirijo al túnel.
R-: Te llevan o…  ¿Cómo  es  eso?
A-: Algo me empuja.
R-: Bien, sigue.
A-: Estoy dentro del túnel, veo un  niño.
R-: ¿Cómo es ese niño?
A-: Es un niño pequeño, calvo, en sus manos tiene un  disco.
R-: ¿Te ve a ti?
A-: Sí, me mira, ríe. Me dirijo hacia él. ¡Ehh…!
R-: ¿Qué pasa?
A-: Que se ha ido.
R-: ¿Se ha ido el niño? ¿Y dónde estás ahora?
A-: En el mar. En el mar.
R-: ¿Estás en el mar?
A-: Sí, pero floto, sigo flotando. Veo un barco.
R-: ¿Cómo es ese barco?
A-: Un barco lleno de gente. Están tirando cabezas de toro, hígados, tripas… Descuartizan cosas.
R-: ¿Y dónde las tiran?
A-: El mar está totalmente azul, pero se tiñe de rojo.
R-: ¿Y tú estás en ese barco?
A-: Estoy dentro ahora, pero me voy…
R-: ¿Dónde?
A-: (Angustiado) Caigo  al… ¡Que caigo!
R-: ¿Dónde caes?
A-: ¡Al  agua! ¡Bajo…! ¡Bajo…! ¡Bajo…!
R-: ¿Dónde estás?, ¿dónde estás?, ¿dónde estás?
A-: Hay  muy  poca agua.
R-: Pero ¿dónde…?
A-: Muy poca agua hay.  Sigo viendo un túnel.
R-: Sí…
A-: Sigo  flotando, pero entro en el túnel.
R-: Entra… Entra…
A-: Entro… Hay muy poca agua. Estoy mejor. (Angustiado de nuevo) No… No… No quiero  entrar…
R-: ¿Qué  pasa?, ¿qué hay?, ¿por qué?
A-: Oigo gente llorando, gimiendo, gritando… Tengo miedo, no puedo entrar.
R-: ¿Y qué  haces?, ¿qué haces?
A-: No, no puedo. Sigo flotando, algo me empuja dentro, pero tengo miedo, tengo miedo.
R-: A ver, cuéntame ¿qué más pasa? Cuéntame.
A-: Todo  está  oscuro, la  gente grita,  oigo gritos.
R-: ¿Cómo es ese lugar?, ahora.
A-: Totalmente negro, oscuro. Veo una sombra muy grande.
R-: ¿Una sombra?
A-: Una sombra. Se  me  acerca.
R-: ¿Qué es esa sombra?
A-: Se acerca. ¡No! ¡No! ¡Por favor, no! Tengo miedo. ¡Por favor, no!
R-: ¿Qué pasa?, pero ¿qué es…? ¿Qué es esa sombra?
A-: Es una araña.
R-: ¿Una araña?
A-: Una araña.
R-: ¿Es grande esta araña?, ¿Es  pequeña?
A-: Es grande, muy  grande.
R-: ¿Qué hace ahora la araña?, ¿qué hace?
A-: Me mira, está babeando. Tiene tres cuerpos, tres cabezas, dientes muy afilados. Me mira, pero sigo flotando. (Tranquilizándose) No, no, no tengo miedo.
R-: ¿Qué hace la araña?
A-: Me mira, me mira. Tiene ocho ojos. Me sigue mirando, tengo  miedo, pero…
R-: ¿Pero tú flotas?
A-: Sí, no, pero no me hace nada, no.
I-: Parece  como una  alucinación.  No  sé  cómo  se puede interpretar esto…
R-: Prefiero… ¿Qué pasa ahora?
A-: La  tengo delante. Abre la  boca. ¡Ahh…!
R-: A ver, a ver, a ver…
A-: (Dolorido y angustiado).  ¡Socorro! ¡Ahh!
R-: ¿Qué…? Pasa,  pasa, pasa.
A-: ¡Quiero  salir! ¡Quiero  salir! ¡Quiero salir!
R-: ¡Sales! ¡Sales! ¡Sales! ¡Sales…!
I-: (Andrés se desfallece) ¿Está  bien? ¿Quieres tú también descansar, Ricardo?  ¿Descansáis los dos?
R-: Quiero seguir.
I-: Es increíble.
R-: ¿Dónde estás ahora?,  ¿dónde  estás?, ¿dónde  estás?
A-: En el accidente.
R-: ¿En el accidente?
A-: Sí.
R-: ¿Y qué pasa en este accidente?
A-: Oigo sirenas, ambulancias.
R-: ¿Dónde estás tú?
A-: Estoy flotando.
R-: ¿Estás  flotando?
A-: Alguien me toca el pecho.
R-: ¿Te tocan el pecho?
A-: Veo unas sábanas, veo  unas sábanas.
R-: ¿Unas sábanas?
A-: Mi amigo… (Llorando). Veo a mi amigo en el suelo…
R-: Ve a su amigo.
I-: Está en el accidente.
R-: Parece una especie de espiral. ¿Qué  más pasa?
A-: Me voy para arriba otra vez, me voy al túnel otra vez,  me voy al túnel otra  vez.
R-: ¿Y qué  pasa ahora?, ¿qué pasa?
A-: Veo  una  mano.
R-: ¿Una mano?
A-: Dice que no, dice: ¡No! Me empuja, me  empuja,  me  empuja. (Se desfallece  de  nuevo).
I-: ¿Estás bien,  Ricardo?
R-: Sí.
I-: ¿Tú has visto alguna vez alguna experiencia como ésta?
R-: Como ésta nunca.
I-: Tengo el corazón en un puño.
R-: Yo también. A ver, ahora ¿dónde estás?, ¿dónde estás?
A-: (con voz  muy débil). En el hospital Valle de Hebrón.
R-: ¿Dónde?
A-: En el  hospital Valle de Hebrón.
R-: ¿En el hospital Valle de Hebrón?
I-: …Valle de Hebrón, en  Barcelona.
R-: Bien, ¿estás en el hospital? Cuéntame. Estás ahí.
A-: Veo a mi madre,  a mi  hermana, a mi padre.
R-: ¿Estás  bien?
A-: Sí, sí.
R-: ¿Cómo estás?
A-: Bien,  mejor, pero no  puedo pensar.
R-: No puedes pensar.
(Dirigiéndose a Inés). Parece  que  este túnel…
I-: Lo que no sabemos es si Andrés, cuando ingresó en el hospital, estaba ya en coma. Él está viendo a su familia allí, pero no sabemos si entró ya en estado de coma.
R-: ¿Puedes hablar con ellos?,  ¿puedes hablar…?
A-: Sí.
R-: Habla con ellos.
A-: Hola papa… Hola mama…
R-: (Dirigiéndose a Inés). Está despierto.
I-: Está despierto, en ese momento está despierto.
R-: Entiendo que… El accidente, la conmoción, este túnel, ha vuelto al accidente, ha entrado, ha salido, y ahora ha despertado en el hospital. Está ahí…
Atento. Cuando cuente  hasta  3, vas a estar muy bien…
Isidro, ¿me ayudas un  poquillo?,  porque hoy tenemos gente de peso.  (Sin  embargo, Andrés no está gordo).
(Isidro acude a ayudarle y, entre los dos, le  ponen de  pie)
Atento. Te vas a poner de pie. Rígido, ya  no caes.  Rígido, rígido.
Atento.
Gracias, Isidro.
Ahora vas a recordarlo todo, todo… Pero vas  a  salir muy lentamente de tu trance, encontrándote muy bien. Atento. 1, 2… Vas saliendo, recuperándote, recuperándote,  recuperándote… Y al contar hasta 3 abrirás los ojos y despertarás estando muy bien. 1, 2, (Chasquido de dedos y golpecitos en el  hombro).
¿Cómo estás?
A-: (Saliendo del trance, abriendo los ojos lentamente, aturdido,  con voz  muy débil). Bien, bien.
I-: ¿Qué tal?, ¿te acuerdas?
A-: Sí, sí.
R-: A ver, muévete un poco, muévete un poco.
I-: ¿Quieres sentarte un poquito?
A-: Agua.
I-: Mira, siéntate aquí un poquito.
(Van hacia el sofá y se sientan).
R-: ¿Cómo estás, mejor?
I-: ¿quieres agua, sí?
(Andrés  bebe agua).
Bueno, nos has tenido… ¿Tú te acuerdas?
A-: Sí, sí, sí
I-: Isidro, yo me he quedado sin palabras. Me habían hablado del túnel, me habían hablado de la luz blanca, pero jamás de este túnel que nos ha descrito Andrés, de tantos detalles que parecía una película de terror. Ha aparecido su abuelo muerto, ha visto peleas, ha visto bichos, ha visto animales muertos. ¿Hay alguna explicación, desde el punto de vista psicológico, a todo esto que acabamos de vivir hoy?
Is-: La verdad es que todas las explicaciones que podamos dar son conjeturas en realidad porque, lo que está claro, en las experiencias cercanas a la muerte como la que ha tenido Andrés, es que hay una serie de cosas que son más o menos universales o que, al menos, muchas personas cuentan. Aquí parece que había símbolos también religiosos que nos estaba  introduciendo.  Parecía que en un lado estaba el cielo, en el otro lado estaba el infierno. Quizá ahí era su propio subconsciente, no sabemos, pero fíjate, lo más curioso de todo, Inés, es esa experiencia muy habitual de verse desde fuera del cuerpo.
I-: ¿Eso tiene alguna explicación científica?
Is-: Hay diferentes hipótesis sobre eso. Algunas hablan de que es una defensa ante el estrés tan tremendo que supone la muerte. Y algunos estudios,  incluso recientes, hablan de que podría ser que la conciencia pudiera salirse del cuerpo en determinados momentos. Es una experiencia extracorpórea, desde luego.
I-: Andrés…
A-: Dime,  Inés.
R-: ¿Mejor o qué?
A-: Sí, sí.
I-: ¿Cómo puedes explicarnos lo que has vivido?
(Andrés piensa, resopla,  duda,  pero no es capaz de organizar una respuesta).
R-: No para hacer de intérprete pero, siguiendo muy atentamente las explicaciones de Isidro, está claro que hay un golpe en la cabeza. Hay un golpe… Su compañero muere. Él vuelve al hospital. Hemos hecho, ¿qué te parece, Isidro?, un circulo, con lo cual ha tenido una experiencia, evidentemente la suya, pero que en esa experiencia ha roto por completo todos los moldes que yo había acumulado de años de experiencia sobre el túnel feliz. Siempre había pensado que podía haber un túnel no feliz.
I-: Pero hasta ahora, siempre nos habían hablado de ese túnel como algo muy atractivo que era como una tentación de dejarse llevar hacia la muerte. Era como algo bonito que les llamaba. Y tú nos has descrito todo un horror.
A-: Sí.
R-: Es que quizás no era su hora,  lo han echado.
A-: Lo que recuerdo a última… Bueno, lo recuerdo todo básicamente, ¿no?, pero recuerdo, cuando estoy otra vez en el accidente, veo la túnica y algo como si me empujara otra vez y me voy al túnel, y una mano…
R-: ¿Cómo era esa mano?
A-: Grandiosa, como, como… Y la mano es como si se abriera y como una boca, ¿no?, pero sale como  una  mano diciendo: ¡No! Y automáticamente hago ¡pfufhh!, me bajo otra vez.
(Silencio).
I-: Y tú querías… Hasta que no has hecho la regresión, tú recordabas… Decías que no recordabas…
A-: No, simplemente recordaba que había salido de mi cuerpo, ¿no?
I-: Eso sí lo recordabas.
A-: Eso sí.
I-: Pero lo que había ocurrido a partir de ese momento en el túnel, nada.
A-: No. Y me alegro de haberlo hecho.
I-: Hombre,  cualquier…
A-: No, no. Te lo digo de corazón.
I-: De verdad que… Por primera vez, pensaba, alguien se va a arrepentir de pasar por esta experiencia, porque ha sido una experiencia muy dura.
A-: No, no. Me alegro de haber pasado.
I-: ¿Por qué?
A-: Porque, tal vez, yo tenía… Como he oído, el inconsciente o subconsciente, ¿no? Tenía anclado algunas cosas, ¿no?,  y creo que de alguna forma he roto, ¿no?, esos moldes que tenía en el subconsciente, creo, ¿no?, esa  parte oculta, ¿no?, o de timidez o de algo, no sé exactamente, ¿no?, porque me han pasado muchas cosas a lo largo de mi vida, y no podía entender. Y tal vez ahora empiezo a entender un poco por qué me ha pasado, ¿no?
R-: Ahí murió tu amigo, ¿no?
A-: Sí. Y a partir de que murió mi amigo, yo soy cantante, ¿no? A partir de que murió mi amigo fue cuando hice una grabación, y le dediqué esa canción a él, ¿no?
I-: O sea que lo has tenido muy presente toda tu vida, las cosas que te han ocurrido las has relacionado siempre con este accidente.
A-: (Simultáneamente). Sí, sí, sí, siempre. A parte, la primera  canción que se hizo se llamaba… Ehh… Jesús. Y hablaba sobre el accidente de la muerte, ¿no? Y donde la cantaba yo, la gente me decía: Por favor, no la cantes más porque nos haces llorar a todos. Era increíble porque se me representaba él, ¿no? Entonces llegó un momento en el que dije… Un miedo también lo tenía, ¿no?, cierto…
I-: ¿Tú crees que este accidente, esta experiencia…?  Porque, yo no sé… ¿Tú has sentido dolor? Porque nos has explicado que una araña te tragaba.
A-: Sí, bueno, lo he sentido y todavía me duele un poco, ¿no?, lo que es el cuello y la parte del pectoral, ¿no? No sé, tengo un dolor aquí, en la pierna  que… Eso, no sé, ¿no?
I-: Y explicabas también, Andrés, que había dos caminos.
A-: Sí.
I-: Yo no sé si eso se puede representar como el bien y el mal, como algo bueno y algo malo…
A-: Mi abuelo lo veía y estaba muy  feliz, y lo veía con cara de felicidad. Enric se llamaba, Enrique, ¿no?, y con  mucha luz. Pero algo me empuja hacia ese camino rojo y, entonces, a partir de ese camino rojo es cuando yo me encuentro en un sitio que no sé qué sitio es, una taberna, y que se estaban discutiendo. Automáticamente, esa persona se pasa por delante y me traspasa, ¿no? Claro, la sensación es ¡aughh!, como de ahogo, ¿no? Pero me siento bien, luego me siento bien porque…
I-: Ha aparecido un niño, un niño pequeño, decías tú, calvo. Yo no sé si eso tú lo relacionas con algo…
A-: Sí, y tenía los ojos azules, o sea, a mi siempre…
I-: ¿Podía ser alguien que tú conocieras?, ¿lo relacionas con algo, eso?
A-: Yo tengo un niño que tiene ocho meses, ¿no?, y fue prematuro, evidentemente, pero a mí siempre me hubiese gustado mucho tener un niño con ojos  azules, ¿no? Y tal vez, pienso, que es una parte de ilusión, ¿no?
I-: De aquello.
A-: Exacto.
R-: Yo, si me permites, es que él… A mí, claro, como cualquier investigador, no sé, Isidro,  qué  piensas, pero es un viaje, podíamos decir, alucinante, a su…
I-: Absolutamente. Es como si hubiera tomado un alucinógeno, la sensación, ¿no?, de…
R-: Pero es que está al fondo de su mente todos los arquetipos, todos sus deseos, todo lo que él, de alguna forma, el bien y el mal, pero también a lo que tiene miedo y, no sé,  ¿a ti te dan miedo las arañas?
A-: Sí, sí, sí, sí, la verdad  es que sí, sí…
I-: Oye, estoy pensando en una cosa, Andrés. Tenías 18 años, habíais venido de la discoteca, ¿habíais  tomado alguna clase de alucinógeno, tripi, ácido…?
A-: (Simultáneamente). No, no, no, porque, aparte… No, no, no, ni mucho menos, o sea, no soy de esa clase de personas.
I-: Digo, hace años.
A-: (Simultáneamente). No, no, no, no. A parte,  mi amigo Jesús era totalmente abstemio, y bebíamos, pues una piña o un agua. Es lo que solíamos beber, ¿no?, pero no, no, no, absolutamente  ninguna droga de ningún tipo.
I-: Bueno, descartado eso, Isidro, ¿qué le podemos decir a Andrés? Dice que ese accidente ha marcado toda su vida. ¿Puede ser que a partir de hoy lo vea todo diferente?, o ¿cómo?
Is-: Sí, yo, efectivamente, le quería decir a Andrés que, aunque, bueno, toda esta experiencia, como estaba diciendo Ricardo, tiene un componente psicológico de su subconsciente importante, creo que el componente emocional de cambio le va a permitir, seguramente, afrontar, a partir de ahora, con muchas más  garantías de éxito, y si no te vamos a ayudar a ello, desde luego…
A-: (llorando ligeramente). Perdona si lloro, pero me acuerdo de… La  emoción,  ¿no?…
Is-: Claro, a afrontar ese tema que tiene pendiente, que es el carné de conducir que, lógicamente, a cualquier persona se le quitarían las ganas de conducir después de todo esto. Pero ánimo, Andrés, que lo has hecho muy bien, lo vas a  conseguir, y has sido muy valiente viniendo aquí esta noche.
A-: Gracias.
I-: Yo quería pedir… (Aplausos del público).  Ahora sí, un aplauso para Andrés. Y quiero que vengas y que me cuentes… Que vengas con coche, y que lo vea yo,  ¿sí?
A-: Sí.
I-: ¿Lo vas a intentar, por lo menos?
A-: Sí.
I-: Si lo consigues, yo  quiero  saberlo.
A-: Gracias.
(Besos y apretones de manos. La sesión ha  terminado).

Lo que experimentó Andrés en el momento del accidente fue un ensueño. Y lo experimentó al darse cuenta de que su muerte era inminente.
En este ensueño, Andrés alcanzó su cuerpo energético. Ésta es la experiencia de verse desde fuera del cuerpo, flotando. También es un ensueño lo que experimenta ahora, en la sesión, con ayuda de la hipnosis.
Hay largas explicaciones acerca del ensueño y del cuerpo energético en el reportaje de Carlos Castaneda. Ahora nos interesa que Andrés ensueña la situación en la vida de todo participante en el Samsara, y que está explicada en el Libro Tibetano de l@s Muert@s. Lo que  hace  singular esta experiencia, lo que rompe los esquemas de Ricardo y desconcierta a Inés, es que, mientras lo habitual es experimentar el Chikhai Bardo, que es el bardo del momento de la muerte, en el que se ve sólo la Clara Luz, lo que Ricardo llama el túnel feliz, Andrés experimenta el Chonyid Bardo, el bardo de la experiencia de la realidad, en el que se ve también la luz empañada, lo que Ricardo llama el túnel no feliz.
Andrés, al sentir su muerte inminente, muere, y se le presentan los dos caminos de los que vengo hablando en el capítulo, Por un lado está la Clara Luz, que nadie había puesto en palabras hasta el momento, y esas palabras son: No hay razón para nuestra existencia. Este camino ofrece mucha luz, mucha intensidad, tanto que deslumbra y asusta. Entonces se presenta el segundo camino, que abre la compasión por sí mism@, y que puede expresarse en palabras como: Aún hay posibilidad de que haya alguna razón para nuestra existencia.
Andrés ensueña la figura de su abuelo que, ya muerto, comprende la Clara Luz y la luz empañada, y se ve muy feliz, sonriente, y lo ve con mucha claridad. Andrés, sin embargo, no comprendiendo sus visiones, se ve empujado por los tres precipicios hacia la luz empañada, el túnel no feliz, y lo que ve es el Samsara.
La interpretación que hacen de esto Inés y Ricardo es errónea. Suponen que la Clara Luz es el bien y la luz empañada el mal, o cielo e  infierno. Pero esto no es así. En la Clara Luz no hay bien ni mal, sino sólo intento y poder. El bien y el  mal  están ambos en la luz empañada, y ambos son un auténtico infierno, tanto el bien como el mal.
Andrés se sumerge en la luz empañada, el túnel no feliz, y ve el Samsara tal cual es, tal como lo ven l@s muert@s: Gente gimiendo, gritando, discutiendo, peleando, llorando, en fin, un auténtico infierno.  Sencillamente, lo ve desde fuera, sin el ejercicio que hace todo participante en el Samsara, que se dice: Después de todo, no es tan malo, aún hay belleza en el Samsara. Este ejercicio, desde luego, se debe a la necesidad de vivir en él. Andrés, sin embargo, ya no siente esa necesidad, pues su muerte es inminente. No, la belleza que se atribuye al Samsara es precisamente el movimiento de salir de él.
Hay en esta experiencia elementos que serían el deleite de un psicoanalista. Ya Andrés analiza un poco sus propias visiones, como es el caso del niño de ojos azules que le muestra un disco. Yo, sin embargo, sólo comentaré una visión, la de la araña que le muerde y le traga.
Esta araña es el guardián del otro mundo, ante el que Andrés sucumbe, como sucumbe Carlos Castaneda en su propia experiencia ante un mosquito de 30 metros de altura que babea. Para Andrés, el guardián del otro mundo es una araña enorme con tres cuerpos, tres cabezas, dientes afilados y ocho ojos, que también babea, y que recuerda las descripciones que da el Libro Tibetano de l@s Muert@s acerca de las divinidades iracundas.

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L@s bruj@s antigu@s, l@s del primer y segundo ciclos, cancelan el aplazamiento de la consideración de la otra posibilidad respecto a la muerte, es decir, piensan y se dan cuenta de que somos seres que vamos a morir. Y esto lo hacen en función de dos factores: La inocencia, el no creer a ciegas lo que dicen l@s demás, sino investigar por propia cuenta; y la ingestión de plantas de poder, drogas, psicodélicos.
Sin embargo, no se plantean  la posibilidad de que no haya ninguna razón para nuestra existencia. De hecho, l@s bruj@s antigu@s creen haber encontrado la razón de nuestra existencia: El incremento de la conciencia. Pero esto no es la razón de nuestra existencia, sino el intento, el sentido del universo y del Universo.
Así, l@s bruj@s antigu@s siguen desatinando en sus actos como desatinan los participantes en el Samsara, sólo que l@s primer@s llevan una gran ventaja sobre l@s segund@s, pues ponen su desatino bajo control, esto es, saben que están desatinando y actúan en consecuencia.
Hay que tener presente que l@s bruj@s antigu@s no se toman muy en serio la supuesta razón de nuestra existencia, pues su postura es cancelar la razón y desarrollar la voluntad. Y esto lo hacen al darse cuenta de que la razón invertida no llega a la totalidad de los fenómenos presentes en el Universo. De tal modo, l@s bruj@s antigu@s cancelan la inversión de razón y voluntad, pues ponen la voluntad en primer término y, así, descubren, con sus prácticas, a lo largo del tiempo, las enormes posibilidades de la conciencia, como ensoñar y alcanzar el cuerpo energético.
Pero lo más significativo de l@s bruj@s antigu@s es que efectivamente salen del Samsara y, al verlo desde fuera, se dan una explicación singular acerca de él: La instalación foránea.
Consideran, creen, ven, que la llegada del ser humano a la posición de la razón fue debida a la colonización de nuestra especie por seres de otro universo.
Estos seres, llamados voladores, criarían a los seres humanos como nosotr@s criamos gallinas. Nosotr@s criamos gallinas para obtener sus huevos, y les damos alimento a cambio. Los voladores criarían seres humanos para obtener nuestro entusiasmo y, a cambio, nos darían la mente moderna, es decir, que la mente moderna sería una mente prestada por los voladores en vez de por el esfuerzo. Entonces, el ejercicio de la Brujería sería un modo de librarse de la instalación foránea.
Esta proposición, que resulta absurda a primera vista, explica muy bien lo que ocurre en el Samsara. Ya le dice don Juan a Carlos: “…Dime cómo explicarías la contradicción entre la inteligencia del hombre-ingeniero y la estupidez de sus sistemas de creencias, o la estupidez de su comportamiento contradictorio…”
Efectivamente, el efecto del esfuerzo, que no de los voladores, es el vivir del mismo modo que si fuésemos criados como gallinas, perdiendo en el camino el entusiasmo por la vida.
L@s bruj@s antigu@s no han eliminado la trampa energética en la que cayó nuestra especie, sino que siguen inmers@s en ella. Así, tal como el participante en el Samsara  sostiene el mundo con su razón invertida, ela bruj@ antigu@ lo sostiene con su voluntad. De tal modo, ela bruj@ antigu@ es un@ guerrer@, un ser en guerra y, al final, acaba como un militar que dice ante sus subordinados: La vida del militar es dura, pero más dura es la polla del militar. El brujo dice: Los cojones de acero del guerrero-viajero.
El brujo, como el militar, se siente orgulloso de su esfuerzo y, al final de su viaje, vuelve al principio y cae en el machismo. Pero la diferencia es evidente. Mientras el militar tiene la polla dura para someterse a sus jefes, someter a sus subordinados y, entre todos, someter a sus supuestos enemigos, el brujo tiene los cojones de acero para enfrentarse al intento, al poder, al Universo, a sí mismo, para buscar la Libertad. Por lo que el militar tiene mi más decidida repulsión, y el brujo goza de mi más agradecida simpatía.
En fin, todos los seres humanos en estos últimos 150.000 años nos hemos esforzado, tanto bruj@s como religios@s. Nos hemos esforzado por sostener el mundo, sea con la voluntad o con la razón invertida pero, y ahora comienza la Brujería Moderna, no hay ninguna razón para sostener el mundo, el mundo es o se sostiene por sí mismo, sin ningún esfuerzo por nuestra parte.
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Llegando al Paraíso