ÍNDICE
  1. El poder de la palabra y el tercer ciclo de la Brujería.
  2. La Verdad, el significado de la muerte.
  3. La luz empañada, el origen de la Tiranía.
  4. La sociedad sin dinero, la ausencia de justicia.
  5. El tercer elemento: La Locura.
  6. La Teoría del Punto de Encaje.
  7. Los caminos del conocimiento.
  8. Conocer al espíritu.
  9. El viaje del punto de encaje.
  10. Jesús de Nazaret y el amor.
  11. Los dos finales del Samsara.
  12. Otro globo es posible. No ser, no hacer.
  13. La transición.
  14. Del tercer al cuarto ciclo de la Brujería.
  15. Yo soy… en este acto.
  16. The answer, my friend, already isn´t blowing in the wind. (La respuesta, amigo, ya no está flotando en el viento).

CARTA DE DESCONSTITUCIÓN UNIVERSAL DE LOS SERES ATENTOS

 
INICIO

Capítulo decimosexto y último:


The answer, my friend,
already isn´t blowing
in the wind.
(La respuesta, amigo,
ya no está flotando
en el viento).

 

 
Mire no más en qué nos hemos convertido. Veamos el ejemplo de mis padres, no ya por ser los padres de un loco, sino también como padres de otr@s tres hij@s normales. Esta pareja son estereotipos del hombre y la mujer participantes en el Samsara por separado y, junt@s, del matrimonio estándar.
Son estereotipos al modo en que lo son don Quijote y Sancho Panza en la magnífica obra Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, sólo que Cervantes era machista y eligió a sus dos personajes masculinos, pero el papel de Sancho Panza es claramente femenino.
Para comprender estos personajes hay que atender al modo en que se enfrenta cada un@ al desafío al Segundo Principio de la Termodinámica. El hombre, tradicionalmente, se ocupa de cumplir con la Condición del Samsara: Trabaja fuera, va a la guerra y defiende a la familia, y con esto se siente cumplido y no se ocupa para nada de atender al desafío al Segundo Principio de la Termodinámica, ni el suyo propio ni el de sus hij@s. Así, tiene que ser cuidado por la mujer, que es la que se ocupa de satisfacer el desafío de toda la familia, haciendo la comida, limpiando, etc.
Entonces, el hombre se ocupa de la realidad. Es el hombre el que paga con su sacrificio la pertenencia al Samsara de toda la familia, y es él, por tanto, el titular de los derechos, el cabeza de familia, el que lleva los pantalones. El hombre tiene derecho a soñar con grandes gestas sin ocuparse de si son posibles o no. La realidad no es asunto suyo.
La realidad es asunto de la mujer. Es la mujer la que pone los pies de la familia en el suelo. Recuerdo a mi padre en multitud de ocasiones, por ejemplo cuando mi madre planteó cambiar el segundo coche de la familia. Él se puso manos a la obra, sin siquiera consultar el presupuesto, a elegir el coche que compraríamos. La cosa estaba en un Land Rover Ligero, coche todoterreno, caro y recientemente sacado al mercado, por lo que no podía ser de segunda mano, sino nuevo, cuando mi madre puso la realidad en la mesa: El presupuesto no llegaba, ni mucho menos, y no íbamos a pedir un crédito. Al final compramos un Citroën dyane 6 de segunda mano, coche pequeño y barato.
Un matrimonio de participantes en el Samsara es una lucha entre la realidad y la realidad. Es una lucha por el dominio que oficialmente gana la realidad, pero que en la práctica gana la realidad. Al final es la mujer quien toma las decisiones.
Mi padre es el perfecto quijote. Hasta coincide con él en que es un lector empedernido. Lee un libro tras otro, en lo que basa su estúpida, absurda y grandiosa idea de sí mismo. Su problema es que nunca comprueba su conocimiento, no relee los libros en los que ha aprendido algo valioso, sino que se hace a la idea que le da la gana respecto de ellos. Para colmo, hace sus propias deducciones, también sin comprobarlas, y toma todo este conocimiento erróneo y desvirtuado como definitivo y absoluto.
Comencé a darme cuenta de esta falla de mi padre en la adolescencia cuando mi hermana emprendió sus estudios de ingeniería forestal. En la cena, él se las daba de listo aportando datos sobre las plantas, como que las coníferas son monocotiledóneas (el ejemplo está tomado al azar sin rigurosidad ni sentido. Yo no tengo ni idea de plantas). Ella le corregía contrariada por su error y, entonces, comenzaba una larga y acalorada discusión que nos hacía a tod@s la cena incómoda y desagradable. Esta circunstancia se repitió cada noche por una temporada hasta que mi madre le dijo, enojada y apoyada por mi hermana, que dejase de discutir esos asuntos con ella, pues la liaba en su aprendizaje y nos molestaba a tod@s.
Mi padre vive en una nube de fantasía confundida con la realidad en la que no sólo es el ser humano más listo del mundo, sino que, además, su sabiduría es reconocida por tod@s l@s que le rodean.
Siendo yo adolescente, mi padre comentó que un amigo suyo del barrio donde trabajaba había dicho “¡cuánto sabes, Daniel!” mientras él daba un discurso sapiente de algún tema no identificado. Lo dijo subiendo la cabeza y con verdadero orgullo por el reconocimiento de su amigo, cuando realmente le estaba tomando el pelo.
Una vez comí con él en esta zona. Fuimos a un bar cercano a su lugar de trabajo y tomamos una mesa en el centro del local. Comenzó un largo discurso sobre acontecimientos históricos a viva voz, para que se le oyera en todo el comedor. Hablaba de si los Unos conquistaron a los Otros, y estos a los Terceros, pero no lo hacía dando una lección que l@s demás pudieran aprender, él no se ocupaba de esto, su intención era mostrar su sabiduría y, con tal propósito, saltaba de un asunto a otro según se le ocurrían las ideas.
Comencé a sentir la incomodidad de las personas presentes, que guardaban silencio ante el dominio de la voz de mi padre, sin poder hablar de sus cosas, y echando miradas furtivas que delataban su pensamiento en el momento: “Ya nos está dando la comida el imbécil éste.”
Todo participante en el Samsara se cree el ser humano más list@ del mundo, y lucha por demostrárselo cada vez que se relaciona, pero también aprende a enmascararlo de algún modo, por lo general. La máscara de mi padre brilla por su ausencia, va de listo por la vida y, en consecuencia, todo el mundo le toma el pelo. Es el modo de quedar como más list@ que él en la competición.
Mi madre le encargó que comprara unas fundas para los asientos del coche, un SEAT 1430, un coche muy común en aquellos tiempos. Él, convencido de sacar siempre el mayor partido al dinero gracias a sus amigos, las compró en la zona donde trabajaba, donde se monta el rastro de Madrid. El juego de fundas estaba incompleto, faltaban las del asiento trasero. Al ver la falla, mi madre le encargó que reclamara a su amigo, quien le dijo que venían así, que la funda trasera había que hacerla a medida, y él quedó satisfecho.
Durante años mi madre le recriminó el incidente advirtiéndole cómo los coches de igual modelo llevaban su funda trasera y el suyo iba con un trapo, argumentando él que la habrían encargado a medida. Todavía hoy no se ha dado cuenta de que en éste y otros muchos casos, sus amigos le tomaron el pelo, aprovechando para vender lo invendible.
Mi padre es un asquito de persona. Todo lo sabe. Cualquier cosa de la que le hablen, se pone a explicarla él. Naturalmente, explica algo que no venía al caso, pero él queda tan satisfecho de su éxito. Además, corrige a cualquier persona en cualquier tontería. En fin, todos sus actos y expresiones están empapados en la grandiosa idea de sí mismo. Hasta cuando se sube los mocos está expresando que es el ser humano más listo del mundo.
Es un fracasado en cuando a la Condición del Samsara y en cuanto al Segundo Principio de la Termodinámica. En cuanto a la Condición del Samsara, no quiero entrar en una larga explicación. Baste decir que, de no ser por la intervención de mi madre, habría perdido su sacrificio de toda la vida. Habría perdido su trabajo, su sueldo y su futura pensión, por negligencia. En cuanto al Segundo Principio de la Termodinámica, su fracaso es lo que le convierte en un calzonazos, es lo que le convierte en víctima de una repinche tiranita suplente: Mi madre.
Mi madre es la persona más tonta del mundo. ¿Ha oído usted ese dicho de “no eres más tont@ porque no te entrenas”?, pues mi madre se entrena. Es tonta a propósito. Es su forma de ser. No es capaz de deducir un solo comando de la Teoría General por sí misma, así, para ella es cierto lo que dicen l@s demás, eligiendo la fuente de conocimiento con su gusto personal. Su medio de comunicación favorito es la radio. Y no puede usted imaginar la de tonterías que dicen en la radio. Ella las cree y las defiende como si le fuese la vida en ello.
Las dos fallas fundamentales de mi madre son, primero, que no imagina que haya una persona más lista que ella, y nos toma a tod@s por tont@s y, segundo, al no saber pensar, no tiene mundo interior, es todo tonal, es toda exterior. Así, no es capaz de recibir una explicación, y se obceca en sus comportamientos absurdos y tiránicos, como ventilar la casa poniéndola en corriente. Lleva toda la vida haciéndolo. Cuando era niño nos explicaron en clase que una casa se ventila abriendo la ventana de cada habitación y cerrando las puertas para que no haya corriente, de este modo se consigue una eficaz ventilación. Si se pone en corriente, se enfrían las paredes y toda la casa, sin conseguir renovar el aire totalmente.
En una de las pocas ocasiones en que he intentado razonar con mi madre, le expliqué este conocimiento nuevo que había aprendido. Su reacción fue grotesca. Ni me dejó explicar. En cuanto supo que hablaba de ventilación, arremetió violentamente y con poca paciencia diciendo que sí, que ventilaba ésta con ésta y la otra con la otra, dándose la vuelta y yéndose, dejándome con la palabra en la boca.
Todavía hoy ventila poniendo la casa en corriente, por más que le diga que no se hace así. Estupidez que sufro todos los días de invierno, encontrándome con la casa helada al levantarme cada mañana.
Como mi padre, mi madre es un asquito de persona: Es criticona, entrometida, rencorosa, justiciera y, sobre todo, sectaria. Su secta es la familia, el núcleo familiar de padres e hij@s, quiere lo mejor para este núcleo, pero el mundo acaba ahí, para l@s que están fuera de ese núcleo desea la pobreza y miseria que ella experimentó en la posguerra, para justicia general, y se enoja cuando l@s jóvenes de ahora se quejan de su falta de vivienda, argumentando que ell@s tuvieron que vivir con sus padres mucho tiempo, como si esto explicara o justificara algo.
El Segundo Principio de la Termodinámica es la vida y la muerte. Y el modo en que cada individuo enfrenta su vida y su muerte es enteramente personal, ya que la percepción es relativa. Cada cual tiene sus maneras de resolver sus asuntos, sus rutinas largamente desarrolladas y ajustadas. Esto es lo que hay que respetar en el prójimo. Pero ya digo que no es respeto sino poder. Entrometerse en el modo de enfrentarse al Segundo Principio de la Termodinámica de otr@ u otr@s es violencia primaria, y es lo que convierte a las personas en, al menos, repinches tiranas.
La lucha contra l@s pinches tiran@s en general, en el Samsara, está reflejada en el cine, la literatura, y en todo el arte, y acaba siempre en la locura o muerte dela guerrer@. La obra más dramática, más clara respecto a esto es quizá la película One flew over the cuckoo´s nest (Alguien voló sobre el nido del cuco), dirigida por Milos Forman en 1975, acerca de la novela del mismo título de Ken Kesey.
Esta obra, como todas las obras de poder, tuvo gran éxito, ganó 5 Oscar, y narra las desventuras de un psicópata en un hospital psiquiátrico. Un@ psicópata no es más que una persona que no acepta el sacrificio. La diferencia con ela loc@ propiamente dicho es que sobre éla no ha descendido el espíritu y, probablemente, no descenderá, pues tiene fuerza vital suficiente. No es su objetivo cambiar el mundo, simplemente no encuentra sentido al sacrificio y pretende disfrutar de la vida. Y un hospital psiquiátrico es la institución que tiene por cometido cobrar el sacrificio a quien no lo asume espontáneamente, que nadie escape.
Lo más relevante de esta obra es, aparte del magnífico retrato de un hospital psiquiátrico, el reflejo que hace de la relación de Billy, un loco auténtico, con su madre. Se aprecia que la madre no deja ser a su hijo, y el hijo no sabe manejar esta situación. La tragedia de la película se gesta al utilizar la enfermera Ratched, jefa de la sala y pinche tirana, esta circunstancia para dominar a Billy al punto de llevarle a traicionar a sus amigos y a suicidarse a consecuencia de ello.
Y, sin embargo, librarse de la Tiranía es tan sencillo como conseguir autonomía e independencia. Mención especial de l@s niñ@s, que son dependientes. Un@ anfitrin@ deja a sus anfitrionad@s adquirir autonomía e independencia a la vez que las reconoce y las celebra, frente a la traición e ignorancia de la autonomía e independencia que hace la educación.
Ricardo y Lola se acababan de casar e íbamos de excursión a la parcela de mis padres a asar unas chuletas una noche de verano. Estábamos en su casa ultimando los preparativos y Ricardo vestía informal. Lola le dijo, con impaciencia y recriminación, que se vistiera mejor, a lo que Ricardo respondió que íbamos al campo, pero ella ignoró esta circunstancia e insistió en su petición. Ricardo se cambió de ropa.
Ricardo perdió en este suceso la guerra matrimonial de toda su vida. Al dejar que su esposa se entrometiera en su forma de vestir, se quedó sin la autonomía e independencia necesarias para toda relación cordial entre adult@s.
Ricardo debió decirle a su esposa, tranquilamente, sin recriminación ni urgencia ni rencor: Te estás equivocando, Lola, lo que yo vista es asunto exclusivamente mío. Si te gusta, estupendo. Si no te gusta, ahí tienes la puerta. Si te vas, te echaré de menos. En vez de esto, Ricardo sacrificó su autonomía e independencia por salvar el matrimonio, convirtiendo su vida, a partir de ese momento, en un infierno.
Ricardo y Lola probablemente se habrán separado a iniciativa de ella, reconozco su descontento hacia su marido, pero mis padres lo tenían mucho más difícil, pues tuvieron sus hij@s en la dictadura de Franco, y entonces la separación era mucho más dramática e improbable por la fuerte dependencia entre los cónyuges, a parte de la legislación, de modo que arrastran un sacrificio crónico por salvar el matrimonio.
Lo que convierte a una mujer en una repinche tiranita suplente es este sacrificio crónico unido a la miseria del Samsara. La condición de la mujer se hace tan miserable que no puede pensar en ella, tiene que mantenerse ocupada. El modo que encuentra de mantenerse ocupada es obsesionándose con el desafío al Segundo Principio de la Termodinámica de toda la familia. Presta hiperatención a este aspecto convirtiéndolo en sacrificio, es decir, que lo confunde con la Condición del Samsara, realizándolo con esfuerzo y celo.
Una repinche tiranita suplente es una mujer que se siente mal, que cultiva el malestar y, rentabilizando su sacrificio, se siente justificada para hacerle la vida desagradable a tod@ ela que se acerque, atropellando su autonomía e independencia.
Lo que convierte a un hombre en una víctima de una repinche tiranita suplente es, como digo, su fracaso en cuanto al desafío al Segundo Principio de la Termodinámica.
 Mi padre no es capaz de echar toda la meada dentro del wáter ni de limpiarlo después, ni de estornudar sobre un pañuelo, sino que llena toda la casa de mocos. Es un guarro e inútil en todo lo que se refiere a higiene y limpieza. Esto, unido a lo dicho anteriormente, y lo que dejo sin decir, le hace perder el respeto y consideración de su esposa que, además de tratarle con desprecio y brusquedad, le toma por objeto de una lucha interminable marcada por un patrón recurrente insidioso: Ella le regaña violentamente exigiéndole, por ejemplo, que se lave las manos y la cara después de estornudar. Él obedece en el momento, quejoso y mal humorado, pero no implementa el comportamiento, no está de acuerdo con la medida, de manera que al siguiente estornudo, ella tiene que volver a recriminarle y ordenarle, empezando de nuevo.
Este patrón recurrente insidioso es resistente a la intervención externa. Por ejemplo, a la hora de la comida, le trae el plato lleno, quejándose de que ella lo hace todo y él nada, y de su cansancio. Le grita que esté atento y le hace estirarse más de lo necesario a través de la mesa con recriminaciones y dificultades, con el consiguiente peligro de derramar el contenido del plato. En una ocasión, cuando ocurría esto por enésima vez, les dije, dirigiéndome a él: Haz sitio en el centro de la mesa, y que ella deje ahí el plato, y tú lo recoges, en vez de pasarlo de mano a mano. Echaron unas risitas tontas y se mostraron de acuerdo tímida y groseramente, pero siguieron representando la misma escena grotesca en las siguientes ocasiones. Es un eterno no solucionar el conflicto porque su vida es el conflicto, es su quehacer diario.
Si esta mujer se reserva un@ hij@ para sí, emplea con éla la misma técnica que con su marido, es decir, entrometerse en su desafío al Segundo Principio de la Termodinámica y traicionarle cada vez. Por ejemplo, yo tiendo ahora la ropa en mi habitación, en un tendedero portátil, teniendo un patio donde hacerlo, después de una larga e insidiosa lucha con el objetivo de que no se ocupara de mi ropa, pues ella insistía en recogerla una y otra vez a pesar de mis quejas y malestar por ello. O he conseguido, después de mucho quejarme con desesperación por no matarla a golpes, que no me habrá la ventana de mi habitación poniéndola en corriente cada vez que yo salgo de ella. No ya porque la enfríe, que también, sino por tener mi habitación tal como a mí me gusta tenerla o dejarla, pues forma parte de mi poder, de mi comodidad. El modo en que lo he conseguido es comiendo en mi habitación en vez de con ell@s en el salón. De este modo no podía abrirme la ventana mientras comía. Entonces ella, que necesita mi presencia y le repugna mi autonomía e independencia, me dijo que no me abriría más la ventana y, por una vez, parece que está cumpliendo su palabra, aunque no suela hacerlo.
Yo he conseguido un pequeño espacio gracias a que me voy sintiendo mejor al escribir este libro, de otro modo la cosa habría acabado en tragedia, pero mi padre no sabe hacerse hueco. Se pone a sus órdenes hasta que explota en un berrinche que ella responde con más berrinche, sin ceder un palmo. Por ejemplo, si a él se le olvida tender la ropa, ella le hace tenderla en el momento de comer, con el plato en la mesa. Él, estúpido, accede, y se toma la comida fría, después de tender.
La subyugación y sufrimiento de mi padre no son imaginaciones mías. En al menos dos ocasiones, en una reunión familiar, al salir el tema, él ha intentado expresar su terrible condición a manos de ella, con desesperación. Ha dicho: Es que me tiene completamente… pero mi hermano Toni le ha interrumpido dejándole fuera de lugar, no admitiendo quejas que pudieran poner en peligro la autoridad y el Samsara. En otras palabras, le interrumpió porque sus palabras y expresión eran delirantes.
Ella insiste en sus agresiones hacia su hijo y su marido a pesar de nuestras muestras de desagrado, incluso hastío, porque ella se siente mal y encuentra justo que los que la rodean compartan ese malestar, aparte de que no se imagina que pudiéramos pegarla o matarla, eso no entra en sus cálculos. Son muchos los locos y maridos que matan a sus repinches tiranitas suplentes, sin embargo, esto no suele ser un triunfo, sino la derrota pues, o se suicidan a continuación, o sufren la venganza del Samsara por matar o pegar a una mártir.
Tengo que decir una vez más aquí, aunque no es el lugar, pues esto es sólo una crítica, que en el Paraíso no se pegará ni matará por semejante tontería. No habrá en el Paraíso, ni personas como mi padre o mi madre, ni relaciones sacramentales como el matrimonio que les enganchen en el sacrificio. Cabe destacar que si una madre en el Paraíso se reservase a su hij@ para sí, suceso arto improbable, ela niñ@ mism@ daría por terminada la relación de anfitrionado en cuanto se diese cuenta de ello, a muy corta edad, buscando otra anfitriona o anfitrión. Yo era consciente de que mi madre se me había reservado para sí a los 6 años de edad. Llegados a la actualidad, sólo espero mi autonomía e independencia, no ya para no matar a mi madre, sino para vivir mi propia vida que ella, en complicidad con el Samsara, me niega. Con este propósito estoy escribiendo este libro.
En fin, mi padre es el ser más despreciador que he conocido nunca. Desprecia especialmente el flamenco, el teatro y las películas musicales. La base del desprecio es la ignorancia en una progresión de dos vueltas. Primero se ignora la realidad, ocupando la atención en otras cosas y, después, se ignora la propia ignorancia.
El pitufo contó un chiste que en principio me resulto tonto, pero que ahora que conozco la Verdad resulta muy profundo. Dos amigos suben a casa de uno de ellos y se encuentran con un pájaro extraño. El visitante pregunta: ¿Qué pájaro es éste? El otro responde: Lo ignoro. Y dice el primero: ¡Mira! ¡Qué loignorito tan bonito!
La mayor metedura de pata de mi padre en cuanto a despreciador se refiere, se produjo cuando le anuncié que en televisión ponían un reportaje sobre John Lennon. Él lo despreció terriblemente argumentando que le daban tanta importancia porque le habían matado, ignorando todo lo que significó esta persona como máximo representante del movimiento hyppie. Pero él había pasado el movimiento hyppie leyendo estúpidos libros que no le aportaban nada, y sin enterarse de lo que pasaba a su alrededor. Luego ignoró su ignorancia y se comportó como si supiera todo lo que había que saber acerca de John Lennon.
Mi padre, a consecuencia de esta actitud de despreciarlo todo, a perdido el respeto de tod@s l@s que le tratan, y nadie le escucha ya. Pero él mantiene su ilusión, su orgullo, su dignidad, como si tod@s le respetáramos.
Hablo de mis padres, no por ser un caso especial, sino porque es el caso que conozco y del que puedo poner ejemplos claros, pero todos los participantes en el Samsara disipan el poder de modos semejantes, representando un baile macabro de desatino.
La cuñada de mi hermano Luis Miguel, cuando se casó, al quedarse embarazada, compró los muebles del salón en la tienda de su pueblo, y los tuvo allí de exposición un tiempo para que los vieran tod@s sus familiares y vecin@s antes de traérselos a Madrid. Eran unos muebles estupendos y carísimos, el problema es que le dejaron el salón completamente inutilizable, pues la mesa, en su posición de cerrada, era tan grande que ocupaba todo el espacio sin permitir sentarse a nadie a ella. La casa, ni que decir tiene, era pequeña, y usaban una habitación como cuarto de estar y donde recibir visitas a falta del salón, que sólo servía de exposición de los magníficos muebles. Lo presencie yo mismo en una casual visita.
Esto me lo contaba Luis Miguel que, orgulloso y risueño de sentir el desatino ajeno, no se daba cuenta de su propio desatino al comprar un coche nuevo cuando no tenía dinero ni para los pañales de su primera hija. Para ello pidió un crédito, pero no le servía el habitual que daba el banco a 4 años, sino que tuvo que ser a 5, con lo que pagó más de intereses que de coche.
Poco tiempo después, Luis Miguel, que vivía de alquiler con su familia en un chollo que había conseguido, se quedó sin piso y sin poder alquilar otro en unas condiciones que pudiera cumplir, así que le fue necesario comprarlo. El problema es que no tenía dinero porque se lo había gastado en el coche. Entonces le pidió a mi madre que hipotecara su casa para pagar la entrada, y mi madre, naturalmente, le dijo que no, que esa era su casa y no la iba a arriesgar, pues no podría vivir tranquila.
Tiempo después, Luis Miguel escribió una carta a su familia con ocasión de una ruptura típica entre miembros. Sencillamente, la mujer de Luis Miguel era y es tan repinche tiranita suplente como mi madre, son iguales, así que no se soportan. La relación fue siempre muy tensa hasta que llegó la ruptura total.
En esta carta, Luis Miguel exponía su absurda idea acerca de su familia: Decía que su padre era un sabio y, sobre todo, decía que su familia no le había dado nada. Precisamente, el fallo de mi madre es que nunca ha tenido vida propia, por eso se entromete en la de l@s demás. De tal modo, ella ha gastado siempre todo el dinero en sus hij@s: Hemos tenido triciclo, bicicleta, moto y coche, cuando nuestr@s amig@s apenas han tenido nada. Lo que acurre es que cuando Luis Miguel se casó, mis padres no tenían dinero por la negligencia de mi padre en la que no quiero entrar.
David, el que siempre decía “ya…”, en el tiempo en que estuvimos hablando de poder, me pidió prestada la impresora, pues no podía comprar una para su ordenador viejo y de segunda mano sin conexión a Internet, al tiempo que no podía, a fin de mes, alquilar una película para su hijo y, al comprarse una baraja de tarot, me mostró su preocupación por lo que podría decir su mujer por gastar dinero en una tontería.
David tenía un estupendo coche comprado nuevo hacía tres años, pero lo cambió por otro nuevo. La explicación que me dio es que el antiguo les había ido muy bien, así que habían comprado otro igual, pero diesel para ahorrar.
Pocos días después vi a su cuñado con un coche nuevo, y comprendí que los miembros de la familia de la esposa de David estaban compitiendo por tener el coche más nuevo y elegante.
Esto ocurrió cuando nuestra relación estaba ya terminando. Le llamé y le pedí que me devolviera los libros de Carlos Castaneda míos que tenía en su poder y, descaradamente, me dijo que no, sin explicaciones. Tal era la miseria de David en su matrimonio que le obligaba a apropiarse de los bienes de l@s demás por imposibilidad de comprarlos por su cuenta. David no era más que un calzonazos.
Para terminar con esta crítica, comentaré los comportamientos desajustados de dos personas que se sinceraron estúpidamente conmigo al saber que me estaba volviendo loco. Chema me dijo, sin venir a cuento, para consolarme de mi locura, que él adquiría costumbres sin importancia, y luego se esforzaba en abandonarlas. Éste era su ejercicio de sacrificio a rentabilizar. Luis Alberto, quien fue mi compañero de piso por dos años, y con el que viví diversas aventuras, como navegar y volar en ala delta, en la misma vena que Chema, me dijo que él tomaba las decisiones poco a poco oscilando entre las opciones, hasta que caía en una.
Luis Alberto me dijo esto cuando ya empezaba a sentir la llamada del sacrificio, y fui víctima de su comportamiento errático. Al principio cumplía con sus planes de diversión pero, poco a poco, fue inclinándose por la opción sacrificada, de manera que hacía grandes planes, como ir a volar, a los que yo me apuntaba, como siempre y, en el momento crítico, estaba muy ocupado con sus obligaciones, dejándome colgado. Expresado de otra forma, Luis Alberto no tenía palabra. Su palabra no valía nada.
Y usted esperaba un dios que viniese a decirle que todo este desatino está bien, y que lo único que importa es su sacrificio, porque en realidad somos inmortales. Un dios que viniese a gobernar el mundo. Y aquí estoy yo, que le digo que todo este desatino es una mierda, que su sacrificio no vale nada, y que somos mortales.
Yo no soy ningún dios, y no quiero gobernar el mundo porque el mundo es ingobernable. Sólo soy un loco que se ha convertido en brujo y ha desenmarañado el significado de la existencia. No soy un héroe. Si hay algún héroe en esta historia es mi camello, que me ha suministrado el cannabis necesario para escribir esta obra, aparte de otras ayudas muy significativas. No, a mí no me ha movido el valor, lo que me ha movido en mi camino del conocimiento ha sido la desesperación. Si usted quiere comprender la Locura, tiene que comprender la desesperación.
Cuando hice oferta al poder, sólo pretendía realizar obras de poder que me proporcionasen mi autonomía e independencia, pero el poder te manda a la vez que te obedece, como dice don Juan. Cuando mi oferta al poder fue correspondida, fui dándome cuenta de que las obras de poder están completas ya, el mundo está listo, y lo que restaba por hacer era una obra de poder definitiva. “El propósito es conseguirlo”, alienta el Libro Tibetano de l@s Muert@s. Esto me permitió recuperar mi objetivo de toda la vida: Cambiar el mundo.
Por qué yo es una pregunta que nunca me he hecho, como se hacía el viruta. Preguntar por qué un@ en particular resulta tiranizad@ o éxitos@ en el camino del conocimiento es como preguntar por qué una molécula de agua en particular está en su vaso y no en el océano pacífico. No hay respuesta a esta pregunta, no hay razón para una cosa u otra.
Sí me he preguntado por qué yo no podía sacrificarme como l@s demás, y ya he respondido a esa pregunta: Porque estaba muerto.
Al adquirir poder he descubierto que de mi vida anterior al conocimiento de la Verdad no vale nada excepto el intento de comprender, que es lo que he contado en este libro. Nadie debe investigar sobre mi vida pasada, ni publicar ninguna fotografía mía, ni molestar a ninguna de las personas citadas aquí, o que hayan podido conocerme. Si lo hiciera por aumentar mi gloria, no encontrará más que miseria; si lo hiciera por desprestigiarme, ya le digo yo que he sido una basura de persona y me avergüenzo terriblemente de mi pasado, pues he copiado sin éxito lo peor de las personas a las que he criticado, ya que ell@s han mostrado conmigo sus peores recursos al estar yo muerto. Una vez que el padre ha rechazado a su hij@, ést@ lo lleva escrito en la frente.
Durante toda la vida, y especialmente en la recapitulación que estoy llevando a cabo al escribir este libro, tengo la tendencia de intentar arreglar mi pasado con la fantasía, es decir, pensar qué debía o podía haber hecho en vez de lo que hice. Esto se extiende a todos los campos de mi actuación, pero en particular ocurre en cuanto a cómo podía haberme defendido de tantas y tantas agresiones de las que en general no me defendí.
Este ejercicio no tiene sentido porque, de haber un acto que hubiera podido acabar con la Tiranía hacia mí, fue sin duda matar a mi madre de una puñalada en el corazón por la espalda a mis 6 años de edad, cuando me di cuenta de que se me había reservado para sí. Pero este acto, como todos los que se me puedan ocurrir para tantas situaciones a lo largo de mi vida, sólo me habría catapultado dentro del Samsara. No, cuando el espíritu se manifiesta, la organización resultante desborda las más locas fantasías. Escribir este libro y llegar al Paraíso es muchísimo mejor que mi resarcimiento.
Sólo hay un suceso que me gustaría arreglar, y es porque en él se manifestó el espíritu en gran medida. El arreglo consiste en imaginar que el espíritu se hubiera manifestado plenamente. Me refiero a la obra de teatro que hicimos con don Fulgencio. Fantaseo que yo hubiera actuado bien, metiéndome en el papel de líder. Que después de la primera representación me hubiera sentado en mi pupitre, entre el público, empezando la obra sin mí, y levantándome después de que hubieran dicho ¡¡no será una farmacia!!, para decir con entusiasmo, según llegaba, ¡vamos a atracar una farmacia! Que hubiera propuesto el chiste del flúor en la pasta de dientes que nos repartiríamos en lugar del dinero y, en fin, que todo hubiera salido bien. Entonces, la obra se habría titulado Atraco en el Paraíso, y habría sido una auténtica obra de poder.
Y hay que tener presente que el no saber manejar la situación también dio lugar a la manifestación del espíritu. Aunque yo sabía que Serrano y body tenían que proponer establecimientos a atracar mientras el viruta sugería atracar una farmacia, no lo dije, sino que conté la esencia del chiste diciendo sólo que tenían que hablar. Serrano me preguntó: Claro, estamos diciendo sitios… Pero yo me encogí de hombros dándome la vuelta, como diciendo: No sé, tío. Es vuestro problema. Realmente, en ese momento no sabía responder. Esto dio lugar a dos cosas. Primero, Serrano comprendió que la decisión era suya y que era buena y, segundo, dio opción a que dijeran algo más que simplemente proponer establecimientos, lo que proporcionó más juego a la obra.
Hay un antes y un después en las vidas de quienes tenemos la oportunidad de comenzar el Paraíso: Antes de conocer la Verdad y después de conocerla. Antes de conocer la Verdad, en nuestro pasado en el Samsara, se produce una condición de inaplicabilidad: Si hemos nacido y crecido en un medio distorsionado y hostil, nuestro comportamiento ha sido distorsionado y hostil. Si tuviésemos que seguir viviendo en un medio distorsionado y hostil, valdría la pena analizar nuestro comportamiento distorsionado y hostil, pero si vamos a llegar al Paraíso, y vamos a comportarnos agradable y cordialmente durante el resto de nuestra vida, no tiene sentido ningún análisis que pueda llevar a ningunas conclusiones acerca de la culpabilidad de alguien. Por esto, el Paraíso es para tod@s. Así hayamos matado, violado o torturado, nadie queda fuera del Paraíso.
A tod@s l@s que hemos conocido el Samsara nos perseguirán sus ecos: Ese no responder preguntas más que a l@s jef@s; ese repetir lo dicho o hecho por alguien con burla; ese preguntar, sin esperar respuesta, por qué haces eso; en fin, ese sacar ventaja en toda relación, ventaja en cuanto a ser ela más list@, que está reflejado en la expresión quien ríe el último ríe mejor. Pero tanto quien ríe primero como ela últim@ están riendo de ser más list@s, y esto no es auténtica risa. Conozca usted la risa dela bruj@ y comprenderá la miseria de la risa dela list@.
Pero, sobre todo, nos perseguirá la vergüenza. Vergüenza, no por haber pasado por el aro, pues pasar por el aro ha sido condición indispensable para vivir, so pena de hacerlo en la cárcel o volverse loc@, sino vergüenza por haber exigido que l@s demás pasaran también por el aro. Exigir que tod@s pasemos por el aro ha sido apostar a que este libro jamás sería escrito; apuesta nefasta y que constituye la segunda parte de la trampa energética. Ejemplo más dramático el de mi último psiquiatra, a quien le dije, ya terminando nuestra relación, que pretendía llevar a la humanidad al Paraíso. Él respondió, sarcástico: ¿Y cómo lo vas a hacer?, en vez de desearme suerte en mi empresa.
Bien que una persona pueda casarse, bien que se disponga a mantener su compromiso por toda la vida a pesar de malestares y sufrimientos, pero oponerse a la ley del divorcio como si le fuesen a obligar a divorciarse, pretender obligar a tod@s l@s ciudadan@s a mantener su compromiso, sólo se hace por que no se ponga en evidencia la estupidez y miseria del compromiso matrimonial y de tod@s l@s que lo suscriben. Se hace por no quedar como tont@.
La segunda parte de la trampa energética consiste en la negativa a conocer que hemos sido un@s tont@s por 150.000 años, y hemos hecho un ridículo espantoso. Ésta es la barrera fundamental, la barrera de la derecha. Por esto no quieren llegar al Paraíso.
Las personas de derechas, que no quieren la libertad, sino la salvación, de lo que quieren salvarse es de darse cuenta de su nefasto error. Un error que han cometido a propósito, que ha sido una apuesta por lo imposible apoyada sólo por la ilusión colectiva y sectaria.
La primera parte de la trampa energética, la barrera de la izquierda, ha sido el no saber cómo hacerlo, cómo llegar al Paraíso. La izquierda ha intentado salir del Samsara una y otra vez, pero siempre ha vuelto a caer dentro. Quienes más se han aproximado han sido l@s anarquistas de la revolución española del 36 pero, como digo, para ell@s el trabajo era obligatorio, luego estaban dentro del Samsara.
No saber y no querer llegar al Paraíso están intrincadamente relacionados. Por eso la derecha y la izquierda son relativas. Lo que ocurre es que al no saber, el individuo se inclina por el no querer, así se imagina muy list@, es la luz empañada.
En fin, nadie está a salvo de la vergüenza de haber atravesado el Samsara. Si usted lo pretendiese, le ocurriría como a mi hermano Luis Miguel que, después de apresurarse a aclarar que él respondía todas las preguntas sexuales de su hija al quejarme yo de la ocultación del sexo a l@s niñ@s, puso cadenas y candados a los armarios de la cocina por indicación del psiquiatra cuando éste intervino ante el desmayo de la niña por no comer, en vez de decirle a su esposa, madre de la niña, que la dejase comer a su aire, sin presionarla. El padre, con el apoyo e instrucciones del psiquiatra, encadenó y humilló a su hija para mantener la autoridad de la madre, para mantener en pie el Samsara.
No. El camino del conocimiento, como advierte el Libro Tibetano de l@s Muert@s, consiste en ir analizando con intención todas las doctrinas de quienes han dicho o hecho algo referente al conocimiento, éstas son las deidades tutelares, para ir dándose cuenta de que ninguna de estas personas estaba en lo cierto, esto es dejar que la deidad tutelar se funda o disuelva de los extremos al centro. Nadie tenía razón. Tod@s, después de su excursión, vuelven al rebaño. A veces de modos extraordinariamente vergonzosos.
Por poner un ejemplo, Fernando Sánchez Dragó, después de muchos años de establecer y mantener un clima de libertad de expresión en su programa de divulgación literaria, en el que se ha podido hablar de todo, de política, de Brujería, de drogas psicodélicas…, quien ha defendido a ultranza el libre uso de drogas, aunque sólo para los que cumplen con la Condición del Samsara… Una persona en la que yo había pensado, al empezar a escribir este libro, que podría ser quien me entrevistase para presentarlo, en el caso de darse tal entrevista, cosa que he descartado. Pues bien, Fernando Sánchez Dragó ha participado en la lucha sucia de la derecha española por derrocar al gobierno a base de sabotearlo, despreciando la decisión de las urnas, y aliándose con aquell@s a quienes les habría gustado censurar su programa, con quienes se habrían desecho de él de haber llegado al poder como quien tira unos calzoncillos sucios.
Sólo hay una prueba válida de que alguien, por fin, está en lo cierto, y es llegar efectivamente al Paraíso a consecuencia directa de su obra. Si este libro nos lleva al Paraíso, entonces, yo estoy en lo cierto. Si no, tendría que venir alguien a corregir mis supuestos errores realizando la obra de poder definitiva, quedando ésta como una obra más de poder. La lástima es que no tenemos tiempo para tal posibilidad, el Samsara se acaba. Ésta es nuestra última oportunidad.
Ya no podemos seguir defendiendo nuestra absurda idea del mundo, no podemos defender nuestros ideales, no podemos continuar la lucha por la supervivencia. Ya se ha acabado la fuerza vital que nos animaba a superar la adversidad, la evidencia de que nuestra idea del mundo es absurda, por todos los medios a nuestro alcance. Ya no podemos mantener la idea de que todo está bien cuando todo está mal.
Ha llegado el momento de abandonar la lucha sin victoria ni derrota, sin vencedor@s ni vencid@s. Tod@s sabemos lo que ha pasado, estamos desenmascarad@s, y no es pertinente ni juzgarlo ni analizarlo. Ha llegado el momento de saber que si nuestra idea del mundo es susceptible de defensa, entonces es falsa seguro. En otras palabras, si usted tiene que erigirse en guardia de su idea del mundo, entonces, su idea del mundo es absurda, no hay duda.
Insisto en que lo que cuenta ahora es comprender. La comprensión es algo que nunca termina, sino que se va agudizando indefinidamente. A continuación presento la Carta de Desconstitución Universal de los Seres Atentos, que le ayudará a comprender, pues es la esencia de esta doctrina. Además, esta carta es lo que se presentará a votación y lo que se aprobará en su caso. Tenga presente que usted no votará este libro o a mi persona, sino sólo la carta.
Llegar al Paraíso es un salto al vacío y, yo mismo, que he diseñado este salto, siento cierto vértigo. Me preocupa que en algún momento me puedan faltar bienes de primera necesidad, pero luego pienso que es ahora, en el Samsara, cuando están faltando estos bienes, es ahora cuando tenemos la mayor incertidumbre acerca de nuestro futuro. La posibilidad de llegar al Paraíso es clara y está ensayada. Nuestras bazas son el entusiasmo y la rapidez. Si brota en nosotr@s el entusiasmo por la vida propio del nagual, y este libro se divulga rápidamente, tenemos la partida ganada, y el Paraíso no será una utopía, sino un hecho cierto.
Tengo que pedirle perdón por tratarl@ de tont@ y de podrid@ pero, créame, no había otra posibilidad. En caso contrario ésta no sería la obra definitiva, porque la realidad es que tod@s hemos sido un@s tont@s y hemos estado podrid@s, incluido yo, desde luego, y sólo la absoluta falta de compasión nos puede llevar al Paraíso.
Usted no debe verme como el hijo de puta que le ha reventado su absurda idea del mundo, su ilusión, sino como el nagual que le proporciona la oportunidad de ser libre y feliz por el resto de su vida. Después de experimentar la vergüenza de haber atravesado el Samsara, piense que 150.000 años son muy poco en el tiempo del Universo, que no tiene ningún compromiso con ese pasado, y que es momento de afrontar el futuro sabiendo que somos el Universo en su Totalidad y, comprendiendo esta grandiosa realidad, dejar que el entusiasmo le inunde.
Ahora apelo ala bruj@ que hay en usted. Por muy de derechas que usted haya sido, seguro ha habido algún momento de duda, algún instante en que ha pensado que quizás su idea del mundo no fuera correcta. Hasta el Papa ha dudado de la existencia de Dios. Estos pensamientos fueron eliminados porque únicamente ofrecían oscuridad. Por ejemplo, se quedaba usted sol@ en oposición al resto del mundo. Con la publicación de este libro, tiene usted todo lo necesario para su viaje hacia la comprensión, y lo que antes era oscuridad ahora puede abrirse en abanico como la luz blanca se divide en los colores que la componen al pasar por un prisma. En otras palabras, ahora puede experimentar usted la Clara Luz.
En la década de los 60 del siglo pasado, Bob Dylan, en pleno auge del movimiento hyppie, escribió y cantó las siguientes palabras:
 

How many years can a mountain exist
before it´s washed to the see?
How many years can some people exist
before they´re allowed to be free?
How many times can a man turn his head
pretending he just doesn´t see?
The answer, my friend, is blowing in the wind,
the answer is blowing in the wind.

(¿Cuántos años puede una montaña existir
antes de ser erosionada al mar?
¿Cuántos años puede alguna gente existir
antes de permitirse ser libres?
¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza
pretendiendo que no ve?
La respuesta, amigo, está flotando en el viento,
la respuesta está flotando en el viento).

 

Han pasado 40 años desde entonces y, ahora, la respuesta ya no está flotando en el viento. La respuesta la tiene usted.

 

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