ÍNDICE
  1. El poder de la palabra y el tercer ciclo de la Brujería.
  2. La Verdad, el significado de la muerte.
  3. La luz empañada, el origen de la Tiranía.
  4. La sociedad sin dinero, la ausencia de justicia.
  5. El tercer elemento: La Locura.
  6. La Teoría del Punto de Encaje.
  7. Los caminos del conocimiento.
  8. Conocer al espíritu.
  9. El viaje del punto de encaje.
  10. Jesús de Nazaret y el amor.
  11. Los dos finales del Samsara.
  12. Otro globo es posible. No ser, no hacer.
  13. La transición.
  14. Del tercer al cuarto ciclo de la Brujería.
  15. Yo soy… en este acto.
  16. The answer, my friend, already isn´t blowing in the wind. (La respuesta, amigo, ya no está flotando en el viento).

CARTA DE DESCONSTITUCIÓN UNIVERSAL DE LOS SERES ATENTOS

 
INICIO

Capítulo undécimo:


  Los dos finales
del Samsara.

 

Esto se ha acabado. Aunque quisiéramos continuar en el Samsara, no tenemos poder para hacerlo. 150.000 años atrás caímos en una trampa energética: La fijación del punto de encaje. Desde entonces estamos compitiendo a muerte y estamos incrementando nuestra tecnología. Cualquiera que comprenda estos dos factores puede deducir que, llegado el momento en que nuestra tecnología sea suficiente para matarnos a tod@s, estaremos en gravísimo riesgo de hacerlo. Por otro lado, cuando se lucha a muerte, se desatienden todas las necesidades excepto las que mantienen la lucha. El Samsara no puede atender a las necesidades que marca el Segundo Principio de la Termodinámica, especialmente a las que se refieren a su continuidad en el tiempo. Cuando la tecnología es suficiente para asfixiar a Gaia (la Tierra como ser vivo), Gaia resulta asfixiada sin que el Samsara sea capaz de tomar medidas eficaces. El Samsara está condenado a muerte, y tod@s l@s profetas del fin del mundo son auténtic@s.
Tanto el nacimiento como la muerte del Samsara son centros abstractos en la evolución del Universo. La trampa energética que supone la fijación del punto de encaje es una trampa Universal en la que todos los seres atentos pueden caer. Y puede ser la causa de que no hayamos sido visitad@s por extraterrestres de nuestro propio universo con una tecnología superior porque, al llegar a nuestro nivel tecnológico actual, se habrán auto destruido.
El participante en el Samsara no puede apenas pensar en esto, y por eso lucha. Mientras esté luchando tiene excusa para no pensar en ello. Pero la evidencia salta a la vista y, cuando el participante en el Samsara es herid@ por ella, echa mano de la compasión por sí mism@, y se dice dos cosas:
Primero, que nadie llegará a apretar el botón de la auto aniquilación. Pero los participantes en el Samsara prefieren la muerte, y no ya la suya, sino la de su propio hijo, a la muerte. Así está escrito en la Biblia, cómo Abraham está dispuesto a matar a su propio hijo porque se lo ordena una voz incorpórea antes que dejar de creer en Dios. ¿Por qué no la aniquilación de toda la vida en la Tierra antes que perder la fe?
Segundo, que reaccionaremos a tiempo que, cuando la gente se muera por las calles a causa de la contaminación, cambiaremos nuestros hábitos. Pero la gente lleva ya mucho tiempo muriéndose en las calles a causa de la contaminación, y no hemos cambiado nuestros hábitos. No, el tiempo de reacción está pasando y el cambio climático avanza, las emisiones de dióxido de carbono aumentan y se queman los bosques. Con nuestra maravillosa tecnología somos testigos de la muerte de Gaia paso a paso, y por este camino llegaremos a su colapso sin ser capaces de evitarlo.
Entonces, el Samsara terminará en breve, bien con la aniquilación de toda la vida sobre la Tierra, bien con la llegada al Paraíso. Y lo gracioso del asunto es que no importa si ocurre una cosa u otra; el resultado final es el mismo: La nada. Sin embargo, sería una verdadera lástima que acabase tan tontamente quizá la única línea de organización avanzada de nuestro universo.
Pero lo más dramático de la primera opción, la aniquilación de toda la vida sobre la Tierra, es la desdicha que la precede. Y no me refiero ya a la agonía por radiación nuclear, calor, frío,  hambre o sed, que también, sino a la desdicha de no poder proyectarse al futuro. Desdicha que comenzó 150.000 años atrás, que cada vez es más urgente, y que de ahora en adelante es descarada, evidente, imposible de ignorar.
Un ser atento se proyecta al futuro con su pensamiento. Esto es lo que le convierte en ser atento. Al hacerlo se encuentra con la muerte. Ahora bien, si se da cuenta del avance de su tecnología, del avance de su conocimiento del mundo, del avance de su poder, puede proyectarse al futuro más allá de su muerte a toda la existencia del Universo. No es que vaya a vivir este futuro, pero la proyección da sentido a su búsqueda de tecnología, conocimiento y poder porque, al buscar tecnología, conocimiento y poder está sintiendo el placer y bienestar del Universo en todo el tiempo presente y futuro.
La supuesta salida del Paraíso no es por desobedecer una orden caprichosa de Dios, sino por aferrarse a la idea de la inmortalidad. La idea de la inmortalidad es lo que priva al ser atento de su proyección al futuro, le priva de su natural entusiasmo por la vida derivado del hecho de ser un ser atento, y le priva de su poder, sustituyendo estos elementos por una empañada ilusión. Esta empañada ilusión le lleva a ejecutar actos de destrucción en una búsqueda desesperada de justicia que alivie su tremenda pérdida.
Pero el Samsara no es terrible sólo por los actos periódicos de destrucción que lo caracterizan. Tener la posibilidad de salir del Samsara de una vez por todas abre las puertas a experimentar su tremenda repugnancia. Ya lo dice el Libro Tibetano de l@s Muert@s: “Ahora el Samsara me repugna.”
En el Paraíso tod@s pondremos el mayor cuidado en mostrar y explicar los fenómenos del mundo a l@s niñ@s, y no sólo a l@s niñ@s, sino a todos los seres atentos. En el Samsara la información está secuestrada. Sólo a cambio de dinero se da la información y sólo la que no pone en peligro la continuidad del Samsara. Piense tan sólo en la ocultación y prohibición que se hace del sexo a l@s niñ@s, o el lamentable engaño de los reyes magos.
Recuerdo aquel chaval que, cuando teníamos 12 ó 13 años de edad, nos contaba, desconsolado, cómo su padre, por fin, le había confesado que los reyes magos no existen. —Pero, tío, ¿cómo no te has dado cuenta antes?— le dijimos. —No, si yo estaba mosqueado, pero me hacía tanta ilusión—. Pero su lamento no era sólo por la pérdida de ilusión, sino más bien porque estaba pensando cómo iba a poder restaurar la confianza en sus familiares después de un engaño tan descarado y prolongado.
Más dramática es la prohibición de pensar en la muerte, algo que, naturalmente, tod@ niñ@ hace. Mi sobrino, teniendo 9 ó 10 años de edad, a una queja de su madre, mi hermana, le dijo que si no le dejaba hacer cierta cosa, se tiraría por la ventana. Ella le respondió con una soberana tunda de azotes y grosera y descarada intimidación verbal. Le dio un tremendo golpe de estado.
Esta situación no se daría en el Paraíso. Primero, en el Paraíso la madre no tiene autoridad sobre su hij@, por lo que no tiene derecho a prohibirle nada. Sólo puede advertirle de peligros u otras circunstancias. Segundo, en el Paraíso nadie chantajea a nadie. Si Andrés chantajeó a su madre fue porque ella le chantajeó antes a él, en la educación son muy frecuentes el chantaje, el soborno y la amenaza, y porque hubo una prohibición previa.
En cualquier caso, mi hermana pudo ayudar a su hijo a considerar la muerte, diciéndole, por ejemplo: Estamos en un segundo piso, así que no te matarías, sino que probablemente te lesionarías quedándote cojo o tonto si te golpeas la cabeza. Por otro lado, todavía eres muy joven y no conoces qué es la vida, espera a ser mayor para pensar en el suicidio. En vez de esto, le prohibió considerar la muerte como una opción y le humilló delante de sus familiares atentando gravemente contra su autonomía e independencia al convertirle en un idiota sin criterio ni capacidad de decisión. Al chaval le costó mucho recuperar la idea de que sus familiares le respetábamos y le considerábamos dueño de sus decisiones. Realmente nunca lo hizo.
Repugnante es la falta de corroboración ordinaria que se produce para salvaguardar el valor del sacrificio. Un ejemplo claro de esto es la contrariedad que sufre un@ estudiante de inglés loc@, sólo un@ loc@ se da cuenta de esto, en España, al comprobar que no se dan explicaciones sobre un asunto que va descubriendo poco a poco: Que el idioma inglés hablado ha llegado a ser una cadena de monosílabos ligera y ambiguamente pronunciados, con varios significados posibles cada uno, que requiere hacer magia para entender qué es dicho, pues es una interpretación que es una adivinación; en contraste con el claro, directo y sencillo entendimiento que se produce en el idioma español.
Toda enseñanza del inglés debe ir precedida de esta explicación, pues un idioma es primero hablado y después escrito, y no al revés. A partir de aquí, la enseñanza del inglés consiste fundamentalmente en poner ejemplos de inglés real y ayudar a entender qué es dicho.
En vez de esto, en el Samsara se mantiene un total mutismo acerca de la dificultad de entender el inglés real, el que hablan los ingleses o estadounidenses, porque ela maestr@ de inglés, o de cualquier otra asignatura, está más interesad@ en cobrar a sus alumn@s el sacrificio que éla pagó para aprender, al hacerlo con un tremendo esfuerzo, que en ayudarles a comprender.
Así, el aprendizaje del inglés se convierte en una farsa en la que se maneja un idioma ficticio, enlatado, en conserva, al inferir cómo se pronunciará lo escrito. Y se dan oscuros sarcasmos cuando ela maestr@ explica la pronunciación correcta de algún aspecto del inglés en vez de mostrarlo, o cuando solicitan ala alumn@ hablar el inglés cuando nunca ha entendido nada dicho en inglés real.
Quien consigue aprender con este absurdo y costoso método guarda silencio a su vez sobre la dificultad de entender el inglés para que su sacrificio valga. Su sacrificio vale cuando tod@s l@s demás también lo pagan.
El hacer valer el sacrificio convierte a los participantes en el Samsara en ignorantes sin criterio para tomar sus decisiones. Así, como idioma mundial que tod@s podríamos manejar para entendernos con cualquiera en cualquier circunstancia, algo que se hace necesario con el avance de las tecnologías, se impone el inglés por ser el idioma de l@s más list@s o fuertes.
Sin embargo, conocida la Verdad y la Ley de Generación de la Conciencia, sabemos que el idioma más adecuado para esta función es el que más organización acumula. No es el que más organización acumula el inglés, pues es un idioma de lo más pobre: No distingue entre los verbos ser y estar, ni entre el tú y el vosotr@s, no conjuga plenamente los verbos, sino que los apaña con partículas auxiliares, si lo hace, porque no tiene presente de subjuntivo, lo dicho no sirve para saber cómo se escribe, y lo escrito no sirve para saber cómo se pronuncia, por lo que hay que aprender cómo se dice y cómo se escribe cada palabra en particular, etc., etc.
El español es un idioma con los verbos plenamente conjugados y totalmente desarrollado; en el que se entiende lo que es dicho, pues deformarlo queda feo, al contrario de lo que ocurre en inglés, que deformarlo queda chulo, lo escrito indica completamente cómo se pronuncia, y lo dicho indica casi completamente cómo se escribe, al segundo intento de mirar en el diccionario se encuentra, algo prácticamente imposible en inglés. En fin, el español, por ser también un idioma que habla muchísima gente, es el idioma más organizado, y el que, sin duda, debe ser el idioma mundial.
En cualquier caso, usted tiene un buen aliciente para aprender el español, que es leer este libro en su versión original. Y su empleo de energía será fructífero, pues este libro está magníficamente escrito. Por muy buena que sea la traducción, nada como el original.
Quede claro que esto no es algo que yo disponga para el Paraíso, sino que sería el planteamiento de una asamblea general que no tendría carácter más que orientativo, pues en el Paraíso cada cual habla o escribe el idioma que le parece oportuno en cada momento.
Lo que quiero hacer notar con estos ejemplos es que nos tratamos un@s a otr@s y a nosotr@s mism@s con una violencia tremenda, bañada de una forzada normalidad. Y es que creerse inmortal es tremendamente violento. Es la violencia primaria, que es debida a que tod@s tenemos que participar de la idea de la inmortalidad para mantener el autoengaño, es decir, la idea de la inmortalidad tiene carácter sectario.
Y luego nos indignamos porque nos roban, agraden o matan, sobre todo porque nos matan, como si nadie hubiera matado nunca. El asesinato ha sido y es el método preferido para conseguir los objetivos en todos los tiempos y en todos los lugares.
El concepto de dignidad es intrínseco a la idea de la inmortalidad. Un ser atento se indigna cuando le ofrecen una prueba de que es mortal, como el asesinato de un@ semejante. Luego, la izquierda utiliza esta palabra, en un grave error, cuando pide una muerte digna. Sin embargo, a un perro se le ahorra la agonía poniéndole una inyección letal. Esto se hace sencillamente para evitar sufrimientos gratuitos, nunca por la dignidad del perro. Los seres humanos no estamos por encima de los animales en cuanto a la muerte se refiere.
El Samsara es una sociedad neurótica. La neurosis es el estallido de lo que se ha ocultado bajo el baño de normalidad para evitar la psicosis, es decir, para evitar la pérdida de fuerza vital y el consecuente descenso del espíritu, la pérdida de la fe.
Un individuo puede tener una fobia. Para mi madre hay una palabra clave: Cucarachas. Esta palabra, para ella, amenaza con romper el saco del inconsciente, donde ha guardado, sin analizar, todas las pruebas de que su idea del mundo es absurda y, con ellas, las evidencias de que sus actos son tiránicos. Cada vez que la escucha experimenta repugnancia hacia sí misma; sentimiento que entierra bajo una capa de enojo con quien la ha pronunciado.
El Samsara funciona de modo semejante, por ejemplo, en el caso del terrorismo independentista. El asesinato reivindicativo amenaza con sacar a la luz toda la violencia sectaria nacionalista que se ignora a propósito para conservar el dominio sobre el territorio en cuestión. Algo que los participantes en el Samsara no pueden llegar a conocer, y que está en el inconsciente colectivo, sin analizar. Cada vez que se produce un asesinato de este tipo, el participante en el Samsara experimenta repugnancia hacia el Samsara; sentimiento que entierra bajo una capa de enojo e indignación.
Toda la violencia primaria acaba explotando en violencia secundaria, de un modo u otro. La violencia que supone ocultar y prohibir el sexo a l@s niñ@s explota en delitos sexuales. La violencia que supone valorar el esfuerzo explota en robos con agresión. La violencia que supone adquirir compromisos de pareja explota en violencia de género. La violencia que supone el sectarismo de todas las instituciones humanas explota en asesinatos colectivos seguidos de suicidios, como ela adolescente que es suspendid@ en sus estudios y se lía a tiros con sus compañer@s, reservando para sí la última bala. Y todas estas explosiones están bañadas en miseria.
Piense sólo en el pobre infeliz que es abandonado por su esposa. Al adquirir el compromiso con ella, lo perdió todo: Sus amigos, otras mujeres y todos sus sueños de adolescente. Ahora se encuentra con la miseria del Samsara. Esto no justifica nada, porque nada es justificable en el Universo, pero explica muy bien que el sujeto pretenda hacer valer su sacrificio y exija sacrificio a su pareja. Después de todo, se juraron amor eterno. La vida no tiene sentido sin ella. Antes que enfrentarse a la miseria del Samsara, la mata y se suicida a continuación, con mayor o menor éxito.
El Samsara está llenito de desatino: Prácticamente tod@ adult@ tiene una tragedia personal que contar. Tod@s nos sentimos fatal en el Samsara, por lo que nadie está conforme con él. Un@s quieren relajar el orden del Samsara, otr@s quieren ordenarlo más, pero tod@s, por lo general, guardan cierta tolerancia con el desatino del Samsara. El fascismo es lanzarse a solucionar, de una vez por todas, el desatino del Samsara pretendiendo ordenar la Totalidad del Universo.
Recordemos una vez más que el Segundo Principio de la Termodinámica establece que el Universo se está desordenando. El tiempo avanza en el sentido en que el Universo se desordena, no se puede volver atrás en el tiempo: El fascismo está condenado al fracaso, es una imposibilidad, es absurdo.
Se ha dicho que Hitler era un, o estaba loco. No, en absoluto. Sólo con un nuevo significado de la palabra se puede decir esto. Si loc@ significa que actúa en base a una idea del mundo absurda, sí, Hitler estaba loco, pero no era único en esto, todos los participantes en el Samsara están loc@s. Sin embargo, con el significado primero de la palabra, haber quedado fuera del Samsara, Hitler no era un loco, era harto normal. Más bien era súper normal.
Hitler se entregó sin reservas a ideas creadas, originadas y arraigadas en el Samsara, y que se derivan del hecho de estar compitiendo a muerte.
Si estamos compitiendo a muerte, tod@s somos enemig@s de tod@s, cualquiera es una amenaza para cualquiera. Si un@ consigue trabajo, otr@ lo pierde; si una empresa triunfa, otra fracasa, pues la producción está limitada por el dinero. Ésta es la situación de fondo en el Samsara, que se complica más por la estrategia de lucha. Una larga e infructuosa lucha.
Si la lucha es larga, conviene empezar poco a poco. No se empieza por luchar contra todos los demás seres humanos, sino que buscaremos aliad@s, lucharemos en grupo. El modo de hacer grupos donde realmente no los hay es fijarse en semejanzas y diferencias, como el color de la piel, o la religión que se profesa, o la nacionalidad, etc. Así, lucharemos semejantes contra diferentes.
Ni que decir tiene que, cuando la lucha avanza, l@s aliad@s se convierten en enemig@s, dada la tendencia a quedar el individuo solo como ela más list@ del mundo. El grupo exitoso en la lucha se va haciendo cada vez más reducido.
Ejemplo de esto es la liquidación que hizo Hitler de las SA, o camisas pardas, cuando ya no le fueron útiles, después de haberle aupado al poder. Y tod@s estamos hart@s de ver películas de atracos que siempre presentan el mismo esquema argumental: Primero, l@s delincuentes se unen para el golpe particular, lo planean y ejecutan e, invariablemente, tod@s tienen la feliz idea de eliminar a sus compañer@s y quedarse con todo el botín e, invariablemente también, en la lucha tod@s pierden la vida o, al menos, el dinero.
En fin, Hitler no tuvo un comportamiento extraño al Samsara, sino plenamente integrado en él. Por eso, un neonazi entrevistado recientemente afirmaba que ellos eran algo así como el brazo activo y ejecutor de ideas y sentimientos arraigados en la sociedad. Sólo ellos se atrevían a ponerlos de manifiesto. Y no podía estar más acertado.
Hitler fue un ser humano malísimo, pues causó, a propósito, un sufrimiento terrible. Sin embargo, él, como cualquier pinche tiran@, no lo veía así, sino que se creía el ser humano más bueno del mundo, pues su objetivo era reforzar el Samsara, conseguir un Samsara fuerte, sano, sin contradicciones, sin desatino. El sufrimiento generado era el sacrificio que toda persecución de un objetivo produce. Algo desagradable, pero necesario.
Hitler y sus secuaces fundaron una nueva religión, es decir, un nuevo modo de creerse inmortales. Esta vía, como digo, la abre la compasión. La compasión surge de no saber enfrentarse al fenómeno de la muerte.
La compasión tiene dos caras: Una apacible, que tiende a extenderse a todos los seres humanos, tod@s somos hij@s de Dios; y otra iracunda, que tiende a seleccionar una élite que goza de sus privilegios, l@s elegid@s, mientras el resto queda fuera de ella.
Los nazis eran de derechas, de modo que asumieron la segunda cara de la compasión, la iracunda, y se dispusieron a ordenar el Samsara.
Gottfried Wagner, bisnieto de Richard Wagner, el gran compositor racista idolatrado por Hitler, afirma acerca de una de sus óperas más famosas:
Parsifal proclama, por un lado, y esto es muy importante, proclama la compasión, pero sólo para los arios, para los elegidos.
Lógicamente, cuando alguien pretende ordenar el Samsara, se reserva para sí y l@s suy@s el mejor lugar. Los nazis se dispusieron a remontar en la desordenación del Samsara hasta llegar a la supuesta raza original cuyos integrantes se convertirían en dioses y, entre tanto, creían en la reencarnación.
Pero si remontamos científicamente en el tiempo, es decir, siguiendo la continuidad matemática del Universo, nos encontramos, en el origen de nuestra especie, la especie homo-sapiens, que la abuela de todos los seres humanos actuales, y demás integrantes del grupo del que descendemos tod@s, debían tener la piel y el pelo negros, ya que vivían en la sabana africana, inundada de sol. Las distintas razas se produjeron al surgir organización en la desordenación. La organización que permitió adaptarse al medio a cada linaje que emigró a las distintas partes del mundo. El hecho de ser rubi@ se debe únicamente a que los antepasados en cuestión vivieron en un clima con poco sol, y no al supuesto hecho de ser descendientes de dioses.
La situación actual, y ya lo era en tiempos del nazismo, es la mezcla de estas antiguas razas. Ésta es la desordenación, y es absurdo luchar contra ella. Es más, al luchar contra ella inhibimos la producción de organización. Organización que atestigua mi camello al afirmar que la mezcla de razas está dando lugar a unas tías que están buenísimas. Y razón no le falta.
¿Y a qué el odio? Para luchar por la supremacía de la élite es necesario que haya una razón para ello, de otro modo no se entiende tanto sacrificio. Esta razón para ello es la luz empañada, que justifica la persecución del objetivo.
Buscar una razón donde no la hay lleva a hacer trampa. Así, los nazis veían a l@s judí@s como asqueros@s y repugnantes. Pero el odio era debido a que este sentimiento era una proyección de su propia condición porque, sí, l@s judí@s son asqueros@s y repugnantes, pero también lo son l@s cristian@s, l@s musulman@s, l@s budistas, l@s ate@s y l@s ari@s; así como todo grupo humano identificable.
Como su propia repugnancia era tremenda, su odio hacia l@s diferentes era tremendo. Por otro lado, como su objetivo era brutal, tenían que imponerlo por la fuerza. El nazismo fue la logia más cruel de todos los tiempos. Se dispuso a hacer una limpieza antropológica, aparte de seleccionar los nacimientos. Se dice que su objetivo era absurdo, pero todos los objetivos son absurdos. Después de todo, sólo querían demostrar que eran los más listos.
En sus asesinatos, era el médico quien abría la llave del gas, como es ela médico quien obliga a tomarse la medicación a l@s loc@s en la actualidad. Y esto es así porque ela médico es el brazo ejecutor de la Tiranía, que consiste en juzgar quién está dentro o fuera del Samsara, entendido esto como salud o enfermedad. Mientras a l@s loc@s en la actualidad se les pretende curar, asumiendo su sacrificio correspondiente, a l@s judí@s se l@s mataba como quien poda las ramas débiles de un árbol.
Algun@s supervivientes judí@s relataron que los nazis les habían causado un daño profundo e irreparable, sin saber precisar más. El fenómeno experimentado no era otra cosa que el descenso del espíritu, la pérdida de fuerza vital, el haber llegado al conocimiento de que nada está bien en el Samsara, al contrario de lo que habían creído toda su vida.
Lo que produjo el descenso del espíritu en algún@s judí@s fue el hecho de que, para los nazis, habría sido mejor que no hubieran nacido, al igual que para el padre de un@ loc@ habría sido mejor que su hij@ no hubiera nacido. Este hecho convierte a los sujetos de tal sentimiento en pinches tiranos con prerrogativas ilimitadas. Los nazis no querían a l@s judí@s ni como exclav@s, los padres de l@s loc@s desprecian a sus hij@s del mismo modo. Entonces, vencer al pinche tirano se presenta inaccesible, y la depresión es profunda. La única posibilidad de victoria para ela judí@ es dejar de ser judí@. La única posibilidad de victoria para ela loc@ es descubrir la Verdad y, tanto para un@s como otr@s, la maniobra puede no resultar.
El nazismo, máxima expresión del fascismo, no aportó nada nuevo. Al esforzarse al máximo por generar orden, impidieron en gran medida la producción de organización. Además, su proyección al futuro no funcionaba, de manera que lo que hicieron fue copiar del pasado. Su absurda ideología era un plagio múltiple de todos los elementos de la antigüedad que les satisfacían.
La miseria del nazismo era tal que, aparte de la estúpida y empañada ilusión de su objetivo, no tenían nada más que estéril orden. Por ejemplo, la única función de la mujer era criar niñ@s de pura raza. Por esto he usado únicamente la desinencia de género masculina al hablar de los nazis.
Al fin y al cabo, los nazis cometieron el error común que comete el tonal para continuar con su vida: Si con esfuerzo no lo consigo, en vez de abandonar el esfuerzo, que sería seguir la Clara Luz, me esforzaré más, que es seguir la luz empañada. Y para hacer esto emplearon los sucios trucos del pasado, como convertir a l@s muert@s en mártires, tal como hacen, por ejemplo, l@s nacionalistas español@s al luchar contra el independentismo vasco. Hacer valer el sacrificio de l@s muert@s justifica la no consideración de la reivindicación original, y la perpetuación de la lucha.
La vida del tonal es una apuesta, y sólo le sirve la victoria. Victoria o muerte es el segundo lema del tonal. Todo por la patria, o hasta la última gota de nuestra sangre, son frases integradas en todo ejército. Ejércitos constituidos por estúpidos tonales que luchan las batallas de un@s desconocid@s, como si fuesen inmortales. A nadie en el Paraíso se le ocurrirá dar su vida por ninguna otra cosa, pues sin vida no hay ninguna otra cosa. Sólo puede darse la vida en el Paraíso por nuestros anfitrionad@s de menor edad en el hipotético y muy improbable caso de que nuestra muerte salve efectivamente su vida.
La apuesta de los nazis fue tremenda y, en consecuencia, la catástrofe que la siguió fue avasalladora. El nazismo quedó completamente aniquilado. No hubo ni una sola consigna para continuar la lucha.
A principios del siglo XXI vivimos en un Samsara viejo, moribundo. Un Samsara que ha atravesado todos los centros abstractos de su evolución excepto su muerte, que ya apunta en el horizonte.
Cuando la segunda guerra mundial terminó con la explosión de dos bombas atómicas, tod@s supimos que la siguiente guerra sería la última. A consecuencia de este conocimiento, el Samsara obtuvo su boleto para ir a la impecabilidad y se situó en su última reencarnación.
Desde entonces se han manifestado dos tendencias en el Samsara, en el Samsara siempre hay dos tendencias. Una, la izquierda, que ha sacado brillo al boleto para ir a la impecabilidad, y su máxima expresión es el movimiento hyppie, y otra, la derecha, que se ha orinado en él.
Ésta es la razón de que el movimiento hyppie sea un especial nuevo surgir del primer ciclo de la brujería, el estar en la última reencarnación, y su especialidad puede resumirse en dos palabras: Buen rollo.
El buen rollo de l@s hyppies, en contraste con la subyugación a la que sometían maestr@s a aprendices en el primer ciclo de la brujería que se dio en el antiguo Méjico, surge de la necesidad de vivir en paz, sin competir, sino cooperando, haciendo el amor y no la guerra, es decir, moviendo el punto de encaje a la posición que mantiene el prójimo. Por esto es brujería, porque se mueve el punto de encaje.
Este especial nuevo surgir de la brujería, el movimiento hyppie, ha dado lugar a un desarrollo del conocimiento como nunca se había dado antes, con proliferación de obras de poder que nos han llevado al mismo borde de descubrir la Verdad, como muestra la canción Two of us, (Dos de nosotr@s), de Supertramp, cuando dice:

…When is man gonna find out?
When are we gonna find out?
What the universe is just waiting to hear…

(…¿Cuándo lo va a encontrar el hombre?
¿Cuándo lo vamos a encontrar?
Lo que el universo está justo esperando oír…)

 

Y es que en estos 150.000 años de Religión, Brujería y Locura, se han recorrido todos los caminos, se han probado todas las fórmulas, se han investigado todas las posibilidades de que haya alguna razón para nuestra existencia, con resultado negativo, y sólo nos queda probar la otra alternativa. En consecuencia, el mundo está listo para conocer la Verdad.
Las derechas, en este tiempo, han ignorado por completo y a propósito la realidad, y se han entregado a la lucha de siempre por el dominio del mundo como si todo siguiese igual que antes de la segunda guerra mundial y, como macarras de patio de instituto, han sembrado el odio, sin importarles ser odiad@s, apostando por la subyugación de l@s odiador@s como método defensivo.
No es que l@s polític@s se comporten como macarras de patio de instituto, sino que l@s adolescentes imitan el comportamiento de l@s polític@s. Al fin y al cabo, la tarea de l@s polític@s consiste en gestionar el esfuerzo y pelearse con otr@s polític@s, arrastrando a todos los individuos a guerras absurdas. No tienen más funciones.
Hemos atravesado 40 años de guerra fría. Alguien puede pensar que ésta ha sido la típica lucha entre derecha e izquierda, pero se equivoca. La guerra fría ha sido una lucha entre dos derechas, dos órdenes, dos ideologías, dos ideas del mundo absurdas.
El comunismo autoritario es la consecuencia de una muerte/renacimiento del Samsara. El orden establecido se derrumba e, inmediatamente, se desarrolla otro orden a mantener e incrementar con esfuerzo y sacrificio. Y esto no es otra cosa que la derecha. En fin, se ha dado la vuelta al Samsara y ha vuelto a quedar al revés.
Durante 40 años hemos vivido bajo la amenaza de guerra nuclear, y sólo nos ha salvado la cruda realidad de que nadie vencería en esa guerra, sino que destruiríamos la Tierra con nosotr@s en ella.
Entre tanto, las dos superpotencias han desviado la guerra a terceros países y, como les pasó a los nazis, mientras hacían propaganda de lo maravilloso de unirse a ell@s, trataban a sus publicitad@s con bombas y torturas, incrementando el odio.
En 1989 cayó el muro de Berlín y quedó una sola potencia mundial. Cuando había dos, cada cual justificaba su tiranía en la defensa respecto a la tiranía de la otra pero, al quedar sólo una, ésta no cesó en ella, sino que incluso la incrementó. Estados Unidos se ha comportado en estos últimos 20 años como un guardia iracundo buscando enemigo para justificar su lucha por mantener el orden. Y lo ha encontrado. El odio sembrado ha explotado en terrorismo islamista.
El terrorismo es la guerra de l@s pobres y minorías ante los aplastantes ejércitos. No tienen realmente capacidad para hacer mucho daño, sin embargo, la respuesta de Estados Unidos de entrar en guerra a consecuencia de los atentados del 11-S convirtió a éstos en el principio del Apocalipsis, porque las apuestas de ambos bandos, que son de órdago, están perdidas.
El conocimiento, cuando ha adquirido la calidad de poder, no puede cancelarse. Al fin y al cabo, al sacar brillo al boleto para ir a la impecabilidad en la última reencarnación, hemos adquirido, a pesar del esfuerzo en contra de la derecha, una cierta cantidad de poder. El Samsara se ha desordenado y ha surgido organización, que se ha traducido en bienestar. Este bienestar no es otra cosa que el desarrollo de los derechos y libertades que se han conquistado en distintas batallas, la más famosa el mayo del 68 y, ahora, casi las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres, casi tenemos derecho a morir dignamente, casi tenemos derecho a abortar, etc.
La apuesta islamista está perdida porque, por mucho que nos conquisten militarmente, en occidente jamás podremos lapidar a una mujer por ser adúltera, por ejemplo. No podremos volver a la edad media, que es donde están anclados los islamistas con su sumisión a Dios. La conquista islamista encontraría siempre una muy fuerte resistencia.
Y el caso es que la mayoría de los terribles problemas que afronta el Samsara en la actualidad tienen soluciones sencillas si se aplica una lógica correcta y clara, como la que aplicaría un@ niñ@ de unos 8 años de edad. Por ejemplo, el cambio climático, tomado aisladamente, se solucionaría con un simple acuerdo, el acuerdo de desarrollar tod@s a la vez las energías limpias y renovables. La tecnología necesaria está disponible, y si lo hacemos tod@s a la vez se salva el problema de la competencia, pues tod@s partiríamos con las mismas posibilidades. Sin embargo, en esta opción nadie quedaría como más list@. De tal modo, bien que hay intentos de establecer tal acuerdo, como el tímido e insuficiente protocolo de Kyoto, la cosa no cuaja, y se enreda en complejas negociaciones, cuando el asunto era bien sencillo.
En el caso del terrorismo islamista se presentan razonamientos semejantes en cuanto a sencillos se refiere. En principio, el terrorismo islamista es lo que hemos llamado violencia secundaria, que no es otra cosa que la respuesta a la violencia primaria que ha estado ejerciendo Estados Unidos durante los últimos tiempos. Para el cese de la violencia secundaria basta con el cese de la violencia primaria.
Poco después de los atentados del 11-S, los terroristas islamistas presentaron un paquete de tres reivindicaciones muy claras como condiciones para cesar su violencia. Estas tres reivindicaciones sólo sonaron una vez en los medios de comunicación. Nadie, ni occidental ni islamista, ha vuelto a mencionarlas, siquiera recordarlas. Tanto es así que no soy capaz de citarlas salvo una que recuerdo, pues no las he encontrado en Internet. Seguro que están, pero habría que emplear mucho tiempo, energía y habilidad. Al buscar por reivindicaciones islamistas, todas las páginas se refieren a las auto atribuciones de los distintos atentados, nunca a las reivindicaciones en cuestión.
La reivindicación que recuerdo era permitir la creación de un estado palestino frente a la ocupación israelí. Las otras dos que no recuerdo eran igualmente lógicas, justas y realizables, y las tres juntas no suponían más que el cese de las violencias primaria y terciaria de Estados Unidos.
Naturalmente, los terroristas islamistas sabían que los Estados Unidos no iban a acceder a su petición, y los Estados Unidos sabían que los terroristas islamistas no iban a parar en esas simples reivindicaciones. Ambos bandos son de derechas y luchan hasta la muerte por imponer su propio orden, su propia violencia primaria. Sin embargo, si Estados Unidos hubiera accedido a las reivindicaciones de los terroristas islamistas, aunque sólo fuera estratégicamente, serían los últimos los que habrían quedado como pinches tiranos, y no ell@s. En consecuencia, los islamistas no habrían encontrado argumentos para hacerse terroristas y engrosar las filas subversivas, y los atentados del 11-S no habrían supuesto el comienzo del Apocalipsis. A partir de aquí se podía haber luchado contra el terrorismo islamista legalmente.
En vez de esto, los Estados Unidos se han entregado a su ira y han estallado en violencia terciaria. Han invadido un país, Afganistán, sólo por perseguir a una persona, el jefe de los terroristas, y han invadido otro, Irak, sin ninguna razón en absoluto. Para ello, se han saltado la legalidad, han mentido y han torturado como si en tiempos de la Inquisición estuviéramos. En fin, los Estados Unidos, con George Bush al frente, se están comportando como un@s pinches tiran@s de lo más descarados y brutales.
Con esta estúpida estrategia, los islamistas encuentran sobradas razones para engrosar las filas de los terroristas, por lo que la situación es cada vez más peligrosa. El grave peligro es que los terroristas islamistas se hagan con la bomba atómica. Y no ya porque ellos la tengan y la lancen, sino porque Estados Unidos la tiene y la lanzaría. Estados Unidos destruirá la Tierra antes que perder la lucha. Y su lucha está perdida. Nunca podrá subyugar a todos los islamistas.
Estar en la última reencarnación supone que todo se hace por última vez. Por última vez se invaden países, por última vez se tortura a l@s prisioner@s, por última vez se apoya a l@s pinches tiran@s. Y esto hace que, o esto sucede porque, al realizar estos actos tiránicos, se aprecia lo absurdo de las posiciones tomadas, que son más absurdas que de costumbre al conducirnos a la aniquilación inminente.
Así tenemos que la permanencia del ejército estadounidense en Irak, en mayo del 2008, cuando escribo estas líneas, responde únicamente a la simple cabezonería por orgullo, por evitar el hecho de ser expulsados. El dictador ha muerto, la única tarea que se encomiendan es mantener el orden, cuando es su presencia la que lo altera. L@s iraquíes sólo quieren que se vayan.
Pero ¿en qué circunstancias se están dando estos absurdos acontecimientos? Desde que fracasó el comunismo autoritario en el 89, la derecha se ha envalentonado como si esto hubiese demostrado de una vez por todas que la izquierda es irrealizable, imposible, que ya se ha probado todo y que no nos queda más opción que competir a muerte. Lo gracioso del asunto es que la derecha se siente orgullosa de este conocimiento, en vez de deprimida y asqueada, como corresponde a tan nefasta situación.
No sólo pretende parar aquí la desordenación, sino que algunos sectores, como los llamados creacionistas, pretenden que todos los seres humanos ignoremos voluntariamente o, en su defecto, a base de técnicas inquisitoriales, como la censura y la tortura, todo el conocimiento que nos ha traído el Renacimiento, y volvamos a las absurdas ideas bíblicas sobre el origen y naturaleza del mundo y el ser humano.
Estos fundamentalismos religiosos, de un signo y de otro, están siendo alimentados por un clima de suicidio colectivo. Avanzamos inexorablemente hacia nuestra aniquilación como corderos al matadero, sin ser capaces de reaccionar, sino sólo concienciarnos.
Y mientras nos concienciamos, nuestras cadenas, que son el dinero, nos obligan a incrementar la competición, a incrementar el esfuerzo por unidad de alimentos y bienes. Con lo que nos esperan hambrunas en el tercer mundo, y más estrés, ansiedad y depresión en el primero, hasta la catástrofe final.
Estrés porque cada vez son mayores los requerimientos del Samsara, cada vez se trabaja más. Ansiedad porque nos enfrentamos a nuestra aniquilación inminente, al colapso de los sistemas económico, biológico y social. Y depresión porque el estrés y ansiedad acaban provocando el descenso del espíritu, es decir, la insuficiencia de la fuerza vital necesaria para mantener la idea de que todo está bien ante la evidencia de que todo está mal.
Para el estrés y la ansiedad se emplean métodos tan absurdos como poner piedras en la espalda, en vez de disminuir la cantidad de trabajo o afrontar el cambio climático y dejar de luchar. En cuanto a la depresión, si se emplea compasión, considerando enferm@ ala paciente y dándole la baja laboral, la cosa no llega a más. El sujeto experimentará la miseria del Samsara sin buscar más información, sin emprender el camino del conocimiento. Si se emplea Tiranía, considerando al paciente como un@ esquirol, es decir, si se le aplica la Condición del Samsara y no se le da la baja laboral o no tenía trabajo previo, se producirá la Locura propiamente dicha. El sujeto estará embarcado en el camino del conocimiento aunque no lo sepa y se resista a ello.
En lo que más se nota el intento de retroceso en conocimientos al que asistimos es en el tratamiento de la Locura. Después de los grandes avances en su comprensión que se realizaron enmarcados en el movimiento hyppie, l@s psiquiatras actuales convierten la Locura en una tontería y pretenden explicarla como un simple desequilibrio químico en el cerebro, defendiendo así la normalidad de los ataques de lo desconocido a base de ignorancia.
Es más, se está reeditando el fascismo en una nueva y más sutil versión. Hoy en día se está haciendo un esfuerzo tremendo en busca de la perfección con la excusa de evitar muertes. Así, se marca a l@s fumador@s con carteles estúpidos en los paquetes de tabaco, tal como los nazis marcaron con estrellas cosidas a las ropas a l@s judí@s como medida previa a su eliminación. O se exige un estricto cumplimiento de las normas de circulación con penas tan grandes como la cárcel.
En la serie de televisión Cuéntame cómo pasó, que relata de forma novelada los acontecimientos que tuvieron lugar en los últimos años del franquismo, versión española del fascismo, un personaje comentaba, cuando la muerte de Franco estaba próxima, que sólo deseaba que las cosas cambiasen para que la policía dejara de ser una amenaza. 40 años después, en España, ya en democracia, la policía vuelve a ser una grave amenaza. Por algo tan inocente como conducir después de una copiosa cena con vino, sin haber robado nada, sin haber agredido a nadie, se puede dar con los huesos en la cárcel.
La explicación que se da es que de este modo se pone en peligro a sí mism@ y otras personas, pues un cierto porcentaje X de los accidentes de tráfico se producen con la presencia de alcohol. El dato que se les olvida dar es qué porcentaje Y de conductores lo hacen bajo los efectos del alcohol porque, si X es mayor que Y, entonces sí, efectivamente, conducir bajo los efectos del alcohol es peligroso, pero si Y es mayor que X, es decir, si l@s conductor@s alcoholizad@s son más que l@s accidentad@s en presencia de alcohol, medido en porcentajes, entonces el alcohol incrementa la seguridad al volante. Esto no es absurdo. Es muy común que quien conduce bebid@, lo haga más despacio y con mayor prudencia. Lo mismo suele ocurrir con otras drogas, especialmente el cannabis.
Estas medidas represivas, coercitivas, autoritarias, están consiguiendo una leve disminución de los accidentes con un precio altísimo: Incrementar enormemente el carácter despreciador y persecutor de la sociedad. Esto se justifica con la absurda teoría de que salvar una vida merece cualquier esfuerzo. Esto es cierto a posteriori. Por ejemplo, si una persona ha quedado sepultada viva en un terremoto, merece todo el esfuerzo del mundo excavar para rescatarla. Pero no a priori, es decir, si el terremoto o accidente no se ha producido todavía, no merece ningún esfuerzo perseguir a esta persona con medidas cautelares que atentan contra su comodidad, autonomía e independencia porque, entonces, hay que realizar más esfuerzos para curar la ansiedad que produce el peligro de ser parad@ por la policía. Sólo un ser que se cree inmortal cae en esta simple trampa.
Después de todo, los numerosos accidentes de tráfico en el Samsara los produce la negligencia de creerse inmortal. En el Paraíso se conducirá con prudencia, y es de suponer que se construirán circuitos donde tod@ ela que quiera podrá probar su habilidad al volante con riesgos mínimos y calculados.
Lo macabro del asunto es que este fascismo lo está desarrollando también la izquierda relativa, por ejemplo, en España. Y se está llevando a cabo sin ninguna oposición, sin ninguna voz en contra, sino con una pavorosa sumisión.
Esta izquierda relativa que se entrega al fascismo ha perdido completamente el rumbo y sólo se atreve a suavizar las posiciones de la derecha. Habiendo renunciado a la revolución, no se le ocurren argumentos en contra de la ordenación que proponen sus adversarios políticos. No se les ocurre gobernar para el bienestar de l@s ciudadan@s, no se les ocurre decirle a la Iglesia que pueden practicar todos los sacrificios que quieran, y pueden recomendar a todos los seres humanos que les imiten en sus sacrificios, pero que no pueden obligar a nadie a practicarlos, mucho menos establecerlos o mantenerlos como normas del estado, pues la libertad religiosa incluye la libertad de no practicar ninguna religión.
El caso es que el movimiento libertario sigue en marcha: Se pueden encontrar en Internet, bajo este epígrafe, magníficas críticas del Samsara. Digamos que el conocimiento de los males del Samsara es amplio, vasto, y las soluciones evidentes, sencillas. Sin embargo, ningun@ libertari@, excepto yo, encuentra la fórmula para cambiar el mundo de manera rápida y radical. Por otro lado, l@s libertari@s no ganan adept@s para cambiar el mundo poco a poco porque la mayoría está anclada en el pensamiento de que la economía debe ser libre y debe dejarse a la iniciativa privada. Y esto es totalmente cierto. En lo que no caen es en que, al tener por intermediario el dinero, el sistema está falseado, distorsionado, desviado, porque no se hace lo que más nos beneficiaría, sino lo que más dinero produce.
El movimiento general que se está dando en la actualidad no es en absoluto el de salir del Samsara, sino el de ingresar en él, es decir, que se pretende ampliar el Samsara para que incluya a todos los seres humanos. Así, hay distintos colectivos luchando por ser aceptados en el Samsara.
El caso más dramático es el de las mujeres. Ojalá hubiera sido una mujer la autora de este libro, pero era harto improbable, pues la mujer se siente impulsada, antes que a cambiar el mundo, a ocuparse de su lucha ancestral contra la discriminación que sufre.
Cuando el Samsara está acabando, en su última reencarnación, la mujer está consiguiendo por fin ingresar en el Samsara como miembro de pleno derecho. Claro que está pagando un precio altísimo porque, sí, está accediendo al mercado de trabajo, pero no se está librando, por el momento, del trabajo que hacía antes en la casa, de manera que ahora trabaja el doble. Para colmo, antes la familia se mantenía con un sueldo, el del marido, ahora son necesarios dos sueldos para casi el mismo nivel de vida.
Pero el caso más llamativo, por la contradicción que implica, es el de l@s loc@s. L@s loc@s, que lo son precisamente porque quedan fuera del Samsara, actualmente, en la última reencarnación, también pretenden ingresar en el Samsara. Para ello se toman la medicación, asumiendo el sacrificio, y adquieren un cuerpo degradado: Quien era estudiante de psicología, ahora es jardinera.
Desde hace 17 ó 18 años, l@s loc@s se expresan en programas de radio que empezaron con radio colifata, en Argentina, y se han extendido a otros países. Esto es maravilloso, bellísimo, que l@s loc@s puedan hablar de todo lo que se les ocurra después de haber sido invalidado su pensamiento. Así, el nagual se cuela constantemente en la emisión, y se dicen cosas verdaderamente interesantes, como la siguiente expresión:

“Yo tengo la gran intriga de mi vida, que es si debo curarme o debo hacer en mí mismo la revolución justificando mi propia locura”.

No es justificar la locura propia lo que hay que hacer, sino explicar la Locura como fenómeno general. Por lo demás, la expresión es magnífica, es el dilema de tod@ loc@.  
Pero derribar muros, es decir, eliminar discriminaciones como éstas, las más arraigadas, la de las mujeres y l@s loc@s, es el camino a la impecabilidad, y este camino es muy largo, no tenemos tiempo para realizarlo.
Si bien el camino de derribar muros se experimenta con gran euforia y placer cuando se tienen éxitos, ahora necesitamos algo más rápido y eficaz, así como definitivo y acertado.
En fin, no voy a seguir criticando el Samsara, al menos por el momento. No voy a hacer un análisis profundo de la situación actual. Sólo quiero hacer notar que las noticias son muy malas y cada vez peores. La tensión aumenta y estamos totalmente perdid@s. Los tonales ya no tienen más ideas que les permitan su supervivencia y, o llegamos al Paraíso, o el tonal arrastrará en su muerte al nagual y moriremos tod@s, completamente.
Es cierto que ya se ha probado todo. Tan cierto es que se ha probado hasta la anarquía. En España, en el verano de 1936, triunfó la revolución libertaria y funcionó maravillosamente. Sin embargo, se le hizo la lucha por unas partes y otras hasta acabar con ella. No sólo esto, sino que la lucha continuó y continúa para borrar la experiencia de la historia. Nadie quiere saber que podría vivir mejor si abandonase sus absurdas creencias.
En el reportaje Vivir la utopía, dirigido por Juan Gamero en 1996, con motivo del sexagésimo aniversario, Concha Liaño, mujer que participó en esta revolución, dice, cuando expresa su pesar por la derrota: …Pero luego pienso: En realidad nosotr@s le dimos una lección al mundo. Por más que sea, pudimos dar un ejemplo de que es posible vivir sin gobierno. Porque no había gobierno y marchaban las colectividades, marchaba todo, todo funcionaba, así, de mutuo acuerdo.  
Efectivamente, los hombres y mujeres que participaron en la revolución española del 36 le dieron al mundo la valiosísima y quizá única lección de que es posible vivir en el caos, en el nagual pero, además, la lección es tremendamente significativa por el simple hecho de que estas personas no conocían la Verdad. Lo que demuestra que vivir en el caos es lo más fácil del mundo. Basta con actuar en pro del bienestar en vez de sacrificarlo por un objetivo, algo instintivo y natural, y que en el Samsara esquivamos, en última instancia, por pensar que la solución no puede ser tan sencilla.
Pero sí es tan sencilla. Para llegar al Paraíso basta con comprender este libro y eliminar el dinero. La Tiranía queda completamente desarmada al eliminar el dinero porque la Tiranía funciona gestionando el esfuerzo y el sacrificio, y el dinero representa y mide estos elementos.
Si el Samsara está en pie y el dinero vale, no importa lo que haya usted aprendido, o cuánto se haya usted concienciado acerca del cambio climático durante el fin de semana. El lunes tendrá usted que realizar su trabajo, por ejemplo, fabricando automóviles que emiten dióxido de carbono, o participando en una central térmica a base de petróleo, que presenta el mismo problema. Pero si el Samsara ha terminado y el dinero no vale nada, usted puede, el lunes o cualquier otro día, irse a trabajar a una empresa que fabrique automóviles de hidrógeno, a una empresa de energía renovable, o puede convocar una asamblea proponiendo transformar su empresa en una de estas últimas.
En cuanto a la violencia, el asunto no ofrece ninguna duda. Cesemos por completo la violencia primaria, es decir, eliminemos por completo el sectarismo, y sólo quedará una mínima violencia residual sin ninguna importancia.
El error de todo ser humano hasta ahora ha sido pensar que el Paraíso está en el pasado. Y esto es debido a que la proyección al futuro falla. Hasta l@s bruj@s del segundo ciclo están inmers@s en este error al pensar que en su viaje están regresando a Ixtlán, y por eso no llegan nunca. No, el Paraíso está en el futuro, en el sentido en el que se desordena el Universo y surge organización, pues el Paraíso es organización.
Para llegar al Paraíso tenemos que darnos cuenta, sobre todo, de que la atención es un fenómeno emergente del Universo, y es libre. Es libre en el sentido de que no tiene ningún compromiso con el pasado. Así el pasado haya sido depredador, cruel, tirano, en el presente y futuro podemos cooperar por sentirnos mejor.

 

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