ÍNDICE
  1. El poder de la palabra y el tercer ciclo de la Brujería.
  2. La Verdad, el significado de la muerte.
  3. La luz empañada, el origen de la Tiranía.
  4. La sociedad sin dinero, la ausencia de justicia.
  5. El tercer elemento: La Locura.
  6. La Teoría del Punto de Encaje.
  7. Los caminos del conocimiento.
  8. Conocer al espíritu.
  9. El viaje del punto de encaje.
  10. Jesús de Nazaret y el amor.
  11. Los dos finales del Samsara.
  12. Otro globo es posible. No ser, no hacer.
  13. La transición.
  14. Del tercer al cuarto ciclo de la Brujería.
  15. Yo soy… en este acto.
  16. The answer, my friend, already isn´t blowing in the wind. (La respuesta, amigo, ya no está flotando en el viento).

CARTA DE DESCONSTITUCIÓN UNIVERSAL DE LOS SERES ATENTOS

 
INICIO

Capítulo décimo:


 Jesús de Nazaret
y el amor.

 

La postura que adoptan l@s bruj@s del segundo ciclo ante la Tiranía es, fundamentalmente, apartarse de su camino. Por eso son furtiv@s. Sin embargo, l@s bruj@s del segundo ciclo, que no desperdician ninguna oportunidad para adquirir conocimiento, se enfrentan a l@s pinches tiran@s como entrenamiento. Este entrenamiento consiste, desde luego, en mover el punto de encaje.
La arriesgada maniobra de enfrentarse a un@ pinche tiran@ tiene dos posibles resultados: Primero, el éxito, que suele incluir la muerte dela pinche tiran@ y deja ala bruj@ list@ para enfrentarse a lo desconocido o, segundo, el fracaso, que suele tener por consecuencia la muerte dela bruj@.
Jesús de Nazaret fue un brujo especial. Y su especialidad consistió en que no se conformó con pequeñeces, no le bastaban l@s pinches tiran@s, sino que fue a enfrentarse directamente ala Tiran@: El Samsara completo. Y lo suyo no fue un entrenamiento, sino la jugada final.
Jesús de Nazaret fue un loco, pues acabar con ela Tiran@, acabar con el Samsara, es el último propósito, y es el propósito de un@ loc@. Lo que buscaba Jesús de Nazaret era un mundo en el que su nagual pudiera desarrollarse. Esto es el Paraíso.
Si Jesús de Nazaret fue un loco, entonces, la particularidad de su madre no es que fuese virgen, sino que fue una mujer estúpida que se reservó a su hijo para sí. Y su padre no fue un santo ni nada semejante, sino un calzonazos que se dejó dominar por su esposa, le permitió sacrificar a su propio hijo y, para colmo, rechazó a éste, no admitiéndolo en el Samsara.
No hace mucho tiempo grabé un reportaje que emitieron por la 2 de Televisión Española, en el programa La noche temática, que trataba sobre el autismo, la precipitación de la Locura en la infancia.
Precisamente este reportaje es presentado como la prueba de que los padres no son l@s culpables del autismo de sus hij@s, pero no aporta ninguna prueba de esta teoría, sólo defensas compasivas frente a la teoría opuesta que en los años 50 y 60 capitoneó Bruno Bettelheim, acusando descarada y brutalmente a las madres.
El grave error de Bettelheim, y de tod@s l@s que secundaron sus teorías, es el buscar culpables. Buscar culpables es poner a salvo el Samsara expulsando ala culpabilizad@ de él. Así, ela culpabilizador@ puede seguir viviendo.
Bettelheim acusa a las madres de l@s autistas de ser frías en sus relaciones con sus hij@s, de no transmitirles cariño, y las llama madres nevera, cuando el fenómeno es todo lo contrario, como se aprecia en el mismo título del reportaje: Estoy junto a ti.
El reportaje Estoy junto a ti insiste una y otra vez en el sacrificio de estas madres, en su perseverancia de atender a sus hij@s. Y es precisamente esta atención sacrificada la que causa el autismo, o lo que se llama esquizofrenia después, el hecho de que la madre no tiene vida propia y secuestra la de su hij@, no considerándol@ como un ser independiente de ella, sino como una extensión de sí misma, y haciéndose consciente de todos los procesos mentales y físicos dela niñ@. Ela niñ@ no puede hacer o dejar de hacer nada sin que la madre intervenga en ello. Esto provoca el rechazo dela niñ@ a la atención y cariño de la madre.
Toda mi vida ha sido y es una lucha contra este fenómeno, como la de tod@ loc@. Nunca he aceptado una proposición de mi madre, salvo contadas ocasiones de las que he salido escaldado. Y he practicado esta técnica con la esperanza de que ella se diese cuenta de su impertinencia y dejara de hacer proposiciones absurdas, como ¿quieres un plátano? Los plátanos estaban a mi vista y alcance, su sugerencia, como todas las intervenciones de este tipo de madres, atenta contra la autonomía e independencia dela niñ@. Pero por más que rechazara el comportamiento de mi madre, ella insistió siempre en él, e insiste hasta el presente.
Hay que decir aquí que todas las madres en el Samsara, con muy pocas excepciones, atentan contra la autonomía e independencia de sus hij@s, pero la diferencia está en la afirmación de una de estas madres en el reportaje: John y yo necesitábamos tener un amor especial en nuestra familia por nuestr@s hij@s. Esta especialidad del amor es lo que asfixia ala niñ@. Cuando la madre ha triunfado en su propósito y se ha quedado con su muñec@, recibe el apoyo de los participantes en el Samsara en base a su sacrificio.
En cuanto a los padres, ninguno de ellos muestra ningún trato hacia su hij@ en este reportaje, a excepción de uno que se ha trazado como objetivo demostrar que los padres de l@s autistas no tienen la culpa de la enfermedad de sus hij@s.
La prueba de que Jesús de Nazaret estaba en este caso es la afirmación de otra de estas madres en el mismo reportaje: Cuando me quedé embarazada de Steve, fue como la segunda venida de Cristo a la Tierra.
Y es que el éxito tremendo de Jesús de Nazaret, por lo que todo el mundo lo reconoce y lo cita, es porque representó impecablemente la Historia Abstracta de la Locura, con sus centros abstractos claramente definidos. Esto es lo que se reconoce: Los centros abstractos de la Locura. Así, esta última madre reconoce el primer centro abstracto de la Locura en su hijo Steve al reservárselo para sí, brindándole un amor especial.
Es por esto también, el hecho de que Jesús de Nazaret estuviera representando la Historia Abstracta de la Locura, que decidió morir en vez de ponerse a salvo cuando supo que le iban a matar. Y representó el último centro abstracto de la Locura en el caso de fracaso en cuanto al propósito de un@ loc@: La muerte dela loc@. De este modo, su anterior proyección al futuro valía, porque todo encajaba como en un plan.
L@s bruj@s del segundo ciclo, al considerarse mortales, pueden comprender la Brujería y enfrentarse a pinches tiran@s. Sin embargo, no alcanzan a entender la Locura. No son capaces de enfrentarse ala Tiran@ al no comprender el concepto de librarse de la Tiranía de una vez por todas porque, como ya he dicho, al creer que hay razón para nuestra existencia, pueden vivir en un mar de Tiranía.
Jesús de Nazaret decidió morir, también, porque sentía que la vida no valía la pena en el fracaso. En el tercer ciclo de la Brujería podemos comprender esto porque conocemos la Verdad y sabemos que, no habiendo razón para nuestra existencia, si la vida no es agradable, no vale la pena ser vivida.
No sólo esto. Desde el tercer ciclo de la Brujería, todo el viaje de Jesús de Nazaret resulta claro, lógico y comprensible porque en el tercer ciclo de la Brujería tod@s nos consideramos mortales y conocemos la Verdad. Estos dos elementos son la clave para comprender el Universo.
Pero para quien se cree inmortal y además cree que hay alguna razón para nuestra existencia, la explicación de la vida de Jesús de Nazaret es otra completamente distinta.
Estas personas son los participantes en el Samsara, son l@s pinches tiran@s y, en su conjunto, ela Tiran@. Y su tiranía consiste en hacer valer su sacrificio.
El tonal es un ser de sacrificio. No importa cómo viva el tonal, cómo se comporte en su vida, qué creencias tenga o deje de tener, sino sólo que esté vivo. Si el tonal está vivo es un pinche tirano porque vive en función de su sacrificio.
Toda teoría del Universo queda revocada en cuanto adquiere una corroboración negativa. Ahora bien, si estamos dispuestos a hacer trampa, podemos excluir esta corroboración negativa del mundo. Así, de nuevo sólo hay corroboraciones positivas de la teoría. Claro, que el mundo resulta cada vez más pequeño y distorsionado.
Ésta es la estrategia del tonal. Lo que él llama el mundo es el Samsara, la parte del mundo que está ordenada. Todo lo demás, que es caótico, queda fuera de su percepción. Y ésta es la estrategia que aplicaron a Jesús de Nazaret: Excluirlo del Samsara. Hoy en día basta con la invalidación del pensamiento dela loc@. En aquellos tiempos había que matarl@.
Pero el tonal no puede quedarse con estos significados, de manera que revisa todo el fenómeno con su diálogo interno, arregla el pasado, da la vuelta a lo sucedido y se hace a la idea de que la razón por la que Jesús de Nazaret estaba fuera del Samsara es por ser el hijo de Dios. Así, de paso, corrobora positivamente su idea de ser inmortal. Entonces, Jesús de Nazaret se habría sacrificado para que tod@s l@s demás podamos vivir, es decir, Jesús de Nazaret se habría sacrificado para que nuestro sacrificio valga.
Esta maniobra extraordinariamente vergonzosa no es nueva para Jesús de Nazaret, sino que es un centro abstracto del Samsara. Es un patrón recurrente e insidioso que está reflejado en lo que queda de algunas culturas precolombinas del continente americano. En estas ruinas se puede averiguar que periódicamente los dioses se hacen seres humanos y se sacrifican para que l@s demás puedan seguir con sus vidas. Esto no es otra cosa que el hecho de que l@s loc@s están intentándolo repetidamente, y repetidamente fracasan y, por esto, los locos de los últimos tiempos deliran que son Jesucristo.
Pero Jesús de Nazaret no se sacrificó. Y no lo hizo porque era un loco y no comprendía el sacrificio. A Jesús de Nazaret lo sacrificaron. Lo sacrificó primero su madre, después su padre, a continuación sus herman@s, si l@s tuvo y, por último, lo sacrificaron casi tod@s l@s que participaron en el suceso.
Pero lo que usted quiere saber es por qué mataron a Jesús de Nazaret en última instancia. Mataron a Jesús de Nazaret por responsabilidad. La responsabilidad de mantener en pie el Samsara. La responsabilidad que justifica, desde regañar a un@ niñ@, hasta invadir un país. La responsabilidad que justifica la aplicación de la violencia por parte de la autoridad para no dejar de ser la autoridad. La responsabilidad que justifica a la razón para mantenerse un paso por delante de la voluntad. Jesús de Nazaret ponía en peligro la continuidad del Samsara y de todas estas justificaciones.
Lo que aplicaron a Jesús de Nazaret fue un golpe de estado, es decir, poner en orden, de una vez por todas, lo que se está desordenando peligrosamente, peligrosamente para la estabilidad del Samsara. Y los golpes de estado se dan por responsabilidad.
Jesús de Nazaret fracasó, pues murió sin conocer el Paraíso. Dado que somos mortales y cuando morimos se acaba todo para nosotr@s, la única prueba que vale para saber si alguien ha alcanzado el éxito en el último propósito es que el Samsara acabe antes de que éla muera, pues su propósito, al fin y al cabo, se ha constituido a partir de la necesidad de desarrollar su nagual. El éxito, por tanto, es desarrollar el nagual. Aunque ésta no es toda la realidad, como veremos más adelante.
Jesús de Nazaret hizo todo lo que se conoce de él en su primera fase eufórica. No tenía estrategia, salvo la de un@ loc@, y sin saberlo aún, porque no le había dado tiempo a descubrirla. No había tenido tiempo ni oportunidad de investigar. En aquellos tiempos, las piezas del puzle del conocimiento disponibles eran muy pocas, es decir, las obras de poder eran escasas y no estaban a disposición de tod@s. Por ejemplo, el Libro Tibetano de l@s Muert@s ya estaba escrito, pero habría sido muy difícil encontrarlo entre l@s judí@s. En fin, las posibilidades de Jesús de Nazaret de descubrir la Verdad eran mínimas, si bien, no nulas.
Jesús de Nazaret, durante sus tres años de euforia, siguió el hilo del intento sin saber muy bien a dónde o por dónde le llevaba. En su tarea de enfrentarse ala Tiran@ necesitaba un orden superior en el que apoyarse, y eligió el prácticamente único disponible en aquellos tiempos y en aquel lugar: Dios.
No sabemos hasta qué punto estaba confundido Jesús de Nazaret en su propia maniobra. Lo que sí sabemos es que este error resultó fatal, pues la autoridad no aceptó su supuesto carácter divino. En fin, su orden superior no funcionó.
No hay que tomar muy en serio lo que dijo o hizo Jesús de Nazaret, pues él sólo llegó a tener “visiones” sueltas, sin alcanzar a “ver” el conjunto. Realmente no hay que tomar muy en serio lo que haya dicho nadie antes de conocer la Verdad, salvo que lo haya dicho matemáticamente. Sin embargo, algunas de las “visiones” sueltas de Jesús de Nazaret fueron muy acertadas y absolutas, como no juzguéis y no seréis juzgad@s.
Pero el gran acierto de Jesús de Nazaret, y que tiene un enorme mérito a la vista de que no tenía noticia de la Teoría del Punto de Encaje, es el único mandamiento que nos dejó. Dijo: Amaos los unos a los otros como yo os he amado.
Puede definirse el amor como la capacidad, habilidad y placer, es decir, el poder de mover el punto de encaje a la posición que mantiene el prójimo.
l@s bruj@s del segundo ciclo han practicado el amor hasta la saciedad, como entrenamiento y como placer, con otr@s bruj@s compañer@s de viaje, con animales, plantas, hasta insectos; y, en su afán, han llegado a convertirse en animales, plantas e insectos.
En el tercer ciclo de la Brujería, si bien algun@s intrépid@s llegarán a convertirse en animales, plantas e insectos moviendo su punto de encaje en gran medida, la inmensa mayoría nos conformaremos con seguir el camino seguro, que es mover el punto de encaje progresivamente en pequeñas medidas y, para esto, el amor a nuestr@s semejantes es el más eficaz, saludable y placentero ejercicio que se pueda practicar.
En el Samsara, el problema gravísimo para practicar el amor es el egoísmo. El egoísmo no es, contrariamente a lo que se cree, que el “yo” quiera vivir lo mejor posible. Esto es completamente natural y lógico. El egoísmo es la limitación del “yo” a lo que hay dentro de nuestra piel, familia, o patria. Cuando el “yo” abarca todo el Universo, simplemente, la estrategia para vivir lo mejor posible es distinta y mucho más amplia de lo que es en el Samsara.
El egoísmo limita el amor al limitar el número de personas con las que puede ser practicado. Por otro lado, la miseria imperante en el Samsara, dado que mover el punto de encaje a la posición que mantiene otra persona implica “ver” a esa persona, provoca que lo que “vemos” es horrible, miserable. Al ser recíproco el amor, amar implica también ser “vist@” por la otra persona. Dada nuestra propia miseria y desdicha, preferimos no ser “vist@s” en realidad. En consecuencia, en el Samsara no se produce amor realmente, sino sólo un simulacro de amor que, dada, otra vez, la miseria del Samsara, nos parece lo más maravilloso del mundo.
De hecho, el simulacro de amor que se produce en el Samsara es lo único que nos consuela de la desdicha de la que somos protagonistas. De ahí la estúpida, conformista y sumisa, aunque acertada canción que cantaba Luis Aguilé, que dice:

Es una lata
el trabajar:
Todos los días te tienes que levantar.

A parte de esto,
gracias a Dios,
la vida pasa felizmente si hay amor.

 

Jesús de Nazaret, al sacar el amor de los estrechos límites del Samsara, nos puso en la pista del movimiento del punto de encaje.
La única historia de Jesús de Nazaret bien contada, es decir, que se puede ver en ella la realidad de lo que aconteció, es Jesus Christ Superstar que, además de ser acertada, es bellísima.

La belleza principal de esta obra de poder radica en el hecho de dar significado a la vida de Jesús de Nazaret sin necesidad de recurrir a la resurrección.
Efectivamente, la vida de Jesús de Nazaret tiene pleno sentido acabando en la muerte: Es la Historia Abstracta de la Locura. La resurrección es sólo el recurso para dar la vuelta a esta historia y convertirla en el centro abstracto que salva al Samsara de su extinción, dándole supuesto sentido por un tiempo más.
La supuesta resurrección de Jesús de Nazaret revitaliza el Samsara. El Samsara es la logia que tiene por propósito mantener en pie la idea de la inmortalidad. Qué mejor que una resurrección para este propósito.
La película Jesus Christ Superstar, dirigida por Norman Jewison e interpretada por un grupo de hyppies, refleja maravillosamente la incomprensión a la que eran sometidas las afirmaciones de Jesús de Nazaret por parte de sus seguidor@s. Y es que Jesús de Nazaret tenía la ventaja de estar fuera del Samsara, pero no la de conocer la Verdad. Así, no podía empezar a explicar por el principio. En la canción Simón Zealotes, el protagonista ofrece a Jesús de Nazaret el poder y la gloria si añade a su mensaje un poco de odio a Roma, y éste contesta que ningun@ comprende qué es el poder o qué es la gloria. Y termina diciendo, refiriéndose a Jerusalén: “Para vencer a la muerte sólo tienes que morir”.
Jesús de Nazaret estaba tras la pista de la metáfora de muerte y muerte, pero no era capaz de explicarla. Si escribimos muerte sin cursivas, la expresión no tiene sentido, pues no es posible vencer a la muerte: Tod@s moriremos antes o después. Sin embargo, escribiendo muerte en cursiva, la expresión tiene pleno sentido, pues para vencer al colapso de la absurda idea del mundo, basta con abandonar la absurda idea del mundo.
De tal modo, tenemos en la actualidad a israelitas y palestin@s luchando a muerte por más de 60 años sin encontrar solución a su conflicto. Sin embargo, la solución es tan fácil como que l@s israelitas dejen de ser israelitas y l@s palestin@s dejen de ser palestin@s.
Jesus Christ Superstar refleja también, en forma muy abstracta, con unas voces caóticas y urgentes, lo macabro de la crucifixión de Jesús de Nazaret. Pero hay que tener presente que Jesús de Nazaret murió del modo habitual de ejecución en aquellos tiempos y en aquel lugar. Lo macabro es causar la muerte a una persona cualquiera de la manera más dolorosa y lenta. Es la dureza de la Tiranía que ya he intentado reflejar en este libro.
Jesús de Nazaret, y esto es lo más dramático de toda su historia, murió en un hundimiento depresivo. Por un momento, el último de su existencia, se apagó la luz crepuscular que le había acompañado toda su vida, y que se había convertido en un sol en su fase eufórica, y se quedó sin más significados que la imposibilidad de llegar al Paraíso y, sobre todo, el triunfo de quienes le estaban matando, al quedar ell@s como más list@s.
El humor es lo único que puede ahuyentar por un tiempo la tremenda amargura que se produce al “ver” la muerte de Jesús de Nazaret.
La segunda oportunidad que nos dio don Fulgencio de poner a prueba nuestra creatividad, la que no he querido contar antes por no inducir a error, por que pudiera usted pensar que estaba despreciando la figura de Jesús de Nazaret, se produjo uno o dos meses después de las obras de teatro. Don Fulgencio dijo en clase que contáramos chistes, saliendo cada cual a la pizarra.
Otra vez, tomado por sorpresa mi tonal, cesó en su función de guardia y, sin pensar en las consecuencias de lo que decía, anuncié a la clase que sabía una historia. Era una historia que había oído tiempo atrás y había recreado en mi mente incontables veces antes de dormir. Pero no recuerdo quién la contó ni en qué circunstancias.
Cuando me di cuenta de que me había convertido en protagonista, cosa que me horrorizaba por mi condición de loco, ya estaba comprometido, así que pedí tiempo para rememorarla, pues llevaba un tiempo sin hacerlo. Mientras, otros contaron unos cuantos chistes.
Cuando estuve listo, lo anuncié y don Fulgencio me dijo que saliera. Al ir hacia la pizarra, algunos compañeros me animaron diciendo, tímidamente, venga, Estrada. Entonces advertí que no era mía, que a mí me la habían contado. Don Fulgencio me preguntó: Pero, ¿es de risa?, y respondí: Sí, sí, es de risa. Me puse al frente de la clase y comencé. Aviso de que es sacrílega e históricamente inexacta.

Estaba Jesús en el huelto de los olivos, y digo huelto porque estaba huelto de espaldas, cuando llegaron Poncio Pilatos y sus secuaces, y le dijeron:
—¿Eres tú Jesús el zacareno?
—Sí, yo soy, ¿qué pasa?
—Pues ven con nosotros. Vamos a crucificarte y a lapidarte.
—¿Lapidarme a mí? A mí no me echa un lapo ni mi padre.
—Bueno, deja de decir tonterías y ven con nosotros.
—No. Yo no me rindo así como así. Os espero mañana a las doce, en el bar de la esquina, con la banda  ´el  moco.
Perdida la batalla le fueron a crucificar, y le dijeron:
—Cuando vayas subiendo al monte del clavario, debes caerte tres veces. Pero atento, ni dos ni cuatro, sino tres veces.
Comenzó a subir con la cruz a cuestas y se cayó una vez, y todos —Bien, la cosa va bien—. Se cayó otra vez, y todos —Bien, bien, la cosa va bien—. Se cayó la tercera vez, y todos —Bien, estupendo, ha comprendido—. En esto se cae una cuarta vez, y se acerca uno y le dice —te dijimos tres veces, ¿por qué te has caído una vez más?—. —Es que una peseta no se encuentra todos los días—. Responde él.

Y cuando está en la cruz, dice:
—María, ¿estás ahí?
—Sí, Jesús, estoy aquí.
—Pedro, ¿estás ahí?
—Sí, Jesús, estoy aquí.
—Juan, ¿estás ahí?
—Sí, Jesús, estoy aquí.
—Pues apartaos que voy a mear.


En seguida todos pidieron que lo repitiese, y tuve que hacerlo 6 u 8 veces hasta que quedaron satisfechos. Entonces, don Fulgencio me dijo que no era Poncio Pilatos quien le había detenido. Aunque realmente no lo sabía, le dije que ya…, que es que la historia era así, como disculpándome por ello. Él insistió y dijo que lapidar no era escupir, y mi respuesta fue la misma, que ya lo sabía y que la historia era así.
Contaron algunos chistes más sin conseguir mucha atención y, cuando se acabó la clase, todos se abalanzaron sobre mí. Los dos últimos chistes los conocían, pues habían circulado por el colegio, pero comentaron cada uno de los otros. Por ejemplo, Espinosa dijo: La primera vez dice “en el huelto de los olivos”, y yo, “nada”. Y luego “huelto de espaldas”, y yo, “tampoco”. Y Camino, escandalizado, dijo: “A mí no me echa un lapo ni mi padre”, y su padre es Dios.
Después de desdramatizar el asunto con este Jesucristo pasota, su fracaso, como digo, no es toda la realidad, sino que la batalla de Jesús de Nazaret aún no termina.

 

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